¿Quién Vive en Casa del Libro?, así se titulaba el proyecto que presenté hace 7 años en la librería Casa del Libro ubicada en la Gran Vía de Madrid. Un proyecto que buscaba generar un espacio de identificación con futuros lectores a través de sesiones de cuentacuentos estables cada fin de semana en la sala de actividades de la librería.

En mi propuesta consideraba la importancia de crear una figura de referencia para los más pequeños. Algo que sucede en las bibliotecas, cuando los niños identifican a la bibliotecaria que está en la sala infantil; y en las pequeñas librerías con cariñosos libreros que llaman por su nombre a los niños que se acercan con frecuencia, pero que no suele suceder en grandes librerías como ésta donde todo se vuelve un poco más impersonal. Casa del libro de Gran Vía es una librería que tiene cuatro plantas y una rotación posible de 50 libreros para atender público. Así resulta muy difícil identificar a los niños y futuros lectores que se acercan seguido y crear una relación cercana y de confianza.

En mi proyecto este rol sería cumplido por Lili Cuentacuentos, personaje interpretado por mí, que cada fin de semana les estaría esperando “en su casa” a fin de compartir uno o más cuentos a partir de libros encontrados en la propia librería. De esta manera se buscaba crear un espacio para los futuros lectores donde la narración de cuentos ocuparía un lugar primordial, pero donde también se podrían recibir visitas de un autor, de un personaje o de un ilustrador. Con o sin visitas sería siempre Lili cuentacuentos la anfitriona, el nexo estable con el espacio, otorgando seguridad, referencia, además de ir conociendo sus individualidades e intereses, todo esto para, finalmente, despertar en ellos la capacidad de escucha así como el amor por los cuentos y los libros.

LA NARRACIÓN ORAL EN LIBRERIAS

En nuestra librería Robafaves de Mataró nos dimos cuenta de que explicando de qué iba el libro, un resumen de su argumento, interesábamos al posible lector-comprador.

Aquellos libros que habíamos leído, nos habían gustado y conseguíamos resumir contando qué pasaba en su argumento, eran los más vendidos.

Publicábamos boletines de novedades presentando los libros por escrito, pero cuando teníamos ocasión de responder a las preguntas de los lectores de viva voz, oralmente, indicando aquellos libros que les podían interesar, contando la historia como un cuento, se vendían más.

Me especialicé en álbumes ilustrados, abriéndolos y contando la historia a través de sus imágenes.

Me di cuenta de que los maestros necesitaban libros para sus alumnos, para su labor pedagógica, para formar bibliotecas en las aulas. Decidí transportar los álbumes que me gustaban en maletas y contarlos en las aulas de los centros pedagógicos. Era un servicio que hacíamos a las escuelas en los tiempos en que las librerías no eran muy visitadas.

Escogía los libros adecuados a las edades, aquellos que conocía y me gustaban, llenaba una maleta con ellos, añadía objetos sugerentes relacionados con las historias y sus protagonistas, y de acuerdo con el profesor correspondiente me presentaba en el aula a la hora convenida.

Era una actuación de casi una hora en la que enlazaba cuentos y libros con objetos, cajas de recuerdos, personajes, sonidos, etc., y al despedirme dejaba aquellos libros escogidos en la maleta cerrada, para que ellos los descubriesen en el aula y escogiesen aquellos que querían adquirir para su biblioteca.

El proyecto de Las Librerías Contadas (cuentacuentos al abrigo de librerías y editoriales) comenzó a gestarse en 2015 cuando Alicia Bululú, Jesús Buiza y Carlos Arribas "Carloco" compartimos charla en un coche de regreso de un Encuentro de Narradores. Rememorando lo tratado en el mismo, coincidimos en la necesidad de crear un circuito que ayudara a dignificar la profesión de la narración en esos espacios mágicos que resultan ser las librerías. Llevábamos muchos años trabajando en ellas con sesiones propias, pero sintiendo un déficit si comparábamos nuestro trabajo allí con otros espacios relacionados con la Literatura Infantil.

Uno de nuestros objetivos con este proyecto fue y es dignificar nuestro oficio de narrador, fortaleciendo los vínculos entre tres gremios que tienen al libro como nexo de unión: editores, libreros y narradores profesionales. Planteamos que nuestro caché para cada sesión fuera compartido a partes iguales entre librería y editorial, asegurándonos además un mínimo de sesiones al año que debía ser cerrado a principio de curso. Asimismo, quisimos conseguir que el público asistente se concienciara y reconociese el trabajo que hay detrás de la edición de un libro, desde que surge la idea en la cabeza de los autores, hasta que el narrador lo cuenta en una librería, en este caso.

Al conocer la experiencia que había puesto en marcha la Fundación Germán Sánchez Ruipérez de "los fundamentales" me pareció una buena iniciativa para implantar en la biblioteca, además teníamos un espacio en la columna central que podía darnos mucho juego...

La adaptación de la idea de "los fundamentales" a la biblioteca de Morata de Jalón consistió en escribir a los escritores y Narradores que alguna vez habían estado en la biblioteca y hacerles una pregunta, "¿te gustaría participar?". Ellos nos tenían que mandar una lista de entre 8 y 12 libros que ellos consideraban como sus "fundamentales" (novela, cómic, ensayo... todo vale), y debían de acompañarla con un pequeño texto justificando el por qué de su selección. La idea es que los usuarios de la biblioteca, al ver la exposición de "fundamentales" tuvieran una recomendación de lecturas de escritores de una manera cercana, directa y ampliada con material multimedia.

La respuesta fue inmediata y abrumadora, ya que en una semana habíamos recibido multitud de "fundamentales"...

Más artículos...