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Cuando se trabaja con personas que han tenido que dejarlo todo, a menudo lo único que han podido llevar consigo cruzando fronteras geográficas, son las historias y su profundo arraigo en la tradición oral. Esto no es tan solo una metáfora. Es la base, la realidad de las vidas de los migrantes. ¿Cómo se traslada toda una vida a 30 kilos de equipaje facturado? Y esta es la situación de los migrantes más privilegiados... En una precaria lancha neumática sin un centímetro de más entre los apretados viajeros tendrás suerte si el chaleco salvavidas que rodea tu cuello no te ahoga durante el trayecto. 

En estas circunstancias las historias se convierten en muchas cosas: recuerdos, lanchas salvavidas, entretenimiento, canciones de cuna, hogares... 

Pero, en el presente clima hostil hacia los refugiados, las historias se han vuelto moneda de cambio para muchos de ellos. La relación entre las historias y su valor como instrumento de cambio y transacción no es nueva. En los cuentos tradicionales se pueden observar a narradores ejerciendo su arte por dinero. Sherezade contaba cuentos para salvar las vidas de las mujeres del harem de su esposo y la suya propia pero también por orden de su rey: “Cuéntame una historia”. Los cuentos los elegía ella y aquello cambió la historia de todos en aquel reino. El narrar historias hoy en día tampoco se ha divorciado de ganarse la vida o salvarla. 

En el clima actual, que otorga una gran importancia a los relatos “personales” y “culturales” en casi cualquier momento de nuestras vidas, las historias se convierten en mercancías comercializadas, y la vida y la muerte son las apuestas en juego. Los medios conservadores y su discurso político utilizan “historias” sobre la naturaleza parásita de los migrantes y por otro lado, el discurso favorable hacia los refugiados se nutre a su vez de “historias” que resaltan la fuerza y la vitalidad de la su presencia y su contribución social. 

A todos los refugiados del mundo
A Buschra, Dhanun, Sayf y Yusuf
 

Mi primer contacto con el mundo de los cuentos palestinos de tradición oral fue allá por el año 1992 a través de una recopilación que, mi profesora, Carmen Ruiz Bravo-Villasante, me prestó y, cuya traducción y análisis, me propuso como proyecto de tesis doctoral. Después la vida y sus misterios me llevaron a México en donde tuve la suerte de conocer al que se convertiría en mi mentor y “maestro de maestros” en materia de tradición oral: Aurelio González, experto en Romancero y teatro cervantino. Con él aprendí la aproximación científica y académica a la tradición oral: metodologías, grandes teóricos y folcloristas, pero, sobre todo, me enseñó a comprender y amar esta área del saber más ancestral y auténtico de los pueblos. 

En 1994 hice mi primer trabajo de campo en Yarmuk, un campo de refugiados palestinos ubicado a ocho kilómetros del centro de Damasco. Joven e inexperta, y con tan solo un mes para realizar tamaña proeza, me di de bruces con la cruda e hiriente realidad; la de los refugiados palestinos, la de la gente refugiada, esa que se ha visto obligada a abandonar su casa, su pueblo, su país, su vida, para emprender el camino a la incertidumbre, a la miseria y a las penalidades, al olvido. 

Los refugiados palestinos se establecieron en Yarmuk 1948 tras verse forzados a abandonar su país por el entonces recién reconocido estado de Israel. En la época que yo lo visité, el campo parecía un barrio más de la ciudad, puesto que las tiendas de campaña con los años se habían convertido en casas y edificios no muy diferentes a los del resto de Damasco. Sin embargo, a pesar de la aparente normalidad del barrio y sus habitantes -completamente integrados, la mayoría educados y profesionales- a la hora de las entrevistas, puede comprobar que las heridas y penalidades que cargaron en su viaje como refugiados seguían ahí. Cada vez que les pedía que me contaran algún cuento de su tradición, respondían con otro tipo de historias, casi siempre relacionadas con sus traumáticas experiencias de persecución, balas, cárcel, hambre, frío, muerte. Y por esas heridas tan profundas que afloraban en casi todas las entrevistas, la sesión cuentística acababa truncada y convertida en llanto y abrazos colectivos. En muchas ocasiones, dichas sesiones cuentísticas ni si quiera llegaban a empezar, porque, en más de una ocasión, la desconfianza hacia una extranjera que venía a recolectar cuentos de su tradición oral, se tornaba en sospecha real de que la supuesta investigadora más bien podría ser una espía del régimen sirio al que ya entonces tanto temían. 

Un refugiado (según define la Convención relativa al Estatuto de los Refugiados) es una persona que se encuentra fuera del país de donde es originario debido a un temor fundamentado de persecución por diversas razones, y que no puede o no quiere reclamar la protección de su país para poder volver.

En el caso de la población saharaui refugiada en los territorios argelinos de Tinduf no pueden volver a su territorio porque su país está invadido por Marruecos que defiende su soberanía sobre el Sáhara Occidental, que hasta 1975 fue la provincia 53 española. En noviembre de ese año, el Rey de Marruecos lanza la “Marcha verde” sobre el Sáhara Occidental en la que 350.000 marroquíes cruzan la frontera y se produce, con el beneplácito de la comunidad internacional, la invasión militar y comienza el éxodo de la población civil saharaui, bajo bombardeos con fósforo y napalm. Si todas las huidas obligadas son inmorales, con esta nos une un lazo quizá mayor, pues no podemos olvidar que los saharauis llevaban en sus bolsillos el Documento Nacional de Identidad español.

Desde hace más de 40 años los saharauis refugiados (se calcula un número aproximado de 180.000 personas) viven en el exilio y ya han nacido dos generaciones que no han visto nunca su país de origen. Allí nos dijeron que se encontraban en la cárcel más grande del mundo, con una desesperanza creciente ante las sucesivas decepciones derivadas de la indiferencia de la comunidad internacional.

Sé poca cosa sobre Efteling: que es un parque de atracciones temático en la zona sur del centro de los Países Bajos, dedicado exclusivamente a los cuentos de hadas. Uno de los más antiguos del mundo.
Es una mañana lluviosa de principios de febrero, hace frío, y aun así, Efteling consigue templarme por dentro.
Me recibe el Gato con Botas y, desde el primer momento, me cautiva.
Siento incluso miedo cuando, al pasar por la tienda de golosinas, me doy cuenta de que me he puesto a saltar y de que he entrado corriendo como una niña, recorriendo con mi mirada las filas de dulces de colores. Soy como Pippi, pero también como Gretel… ¡Ay, si he entrado en la casa de caramelo!...
A partir de ahora voy a dejar miguitas de pan durante todo el día, porque me preocupa no encontrar la salida.

Hay atracciones para auténticos aventureros: la montaña rusa Barón, the Flying Dutchman (una montaña rusa que incluye un chapuzón en el agua) o el Vogel Rock (en el que tras entrar a la cueva que vigila el pájaro gigante, montas en una montaña rusa oscura como la muerte, en la que sólo sientes los giros y la velocidad, porque no ves).

Pero también para auténticos soñadores, como el viaje en la Fata Morgana, donde plácidamente puedes pasear entre los cuentos de Las mil y una noches desde tu barca, el Droomvlucht (“vuelo soñado”) en el que vas descendiendo en espiral plácidamente sentada por un bosque lleno de hadas, elfos, trolls y otros seres maravillosos, o Symbolica, en el que eliges entre el camino de la música, el del héroe o el del tesoro y simplemente dejas que las cosas sucedan.

Catalán

“Informe Carter” somos un grupo de mujeres que nos dedicamos profesionalmente a la Narración Oral. Nos unimos a la convocatoria de huelga feminista convocada el 8 de marzo, cada una de acuerdo con sus compromisos.

Nuestras razones para apoyar la huelga son, en general, las mismas que convocan a la huelga a todas las mujeres del planeta.

Como narradoras son las mismas razones por las que nos constituimos como grupo de reflexión y que ahora resumimos:

  • Porque las mujeres en el oficio de la narración somos mayoría y aun así, el camino hacia la visibilización está siendo lento.
  • Porque como narradoras necesitamos figuras de recopiladoras e investigadoras que traigan a nuestros días todos los cuentos tradicionales. Imaginamos con los cuentos que tenemos a mano y el público necesita todos los modelos.
  • Porque nuestros currículums están llenos de saltos en el tiempo, no reconocidos, por la necesidad de cuidar de nuestra prole y de nuestros mayores.
  • Porque se nos presupone la excelencia en ciertos trabajos relacionados con la primera infancia, pero no es así cuando se trata de contar para público adulto.
  • Porque queremos que se nos contrate porque se valora nuestro trabajo.
  • Porque queremos contar cuentos de princesas, de hadas, de heroínas, de superheroínas, de supervillanas… Porque queremos que todas las maneras de ser gente puedan estar representadas en el imaginario colectivo.
  • Porque sabemos que hay muchos mundos posibles y que sólo con la presencia, el reconocimiento y la igualdad entre hombres y mujeres construiremos un futuro diferente.

 

Informe Carter somos:

Almudena Francés, Cristina Verbena, Estrella Escriña, Eugenia Manzanera, Paula Carbonell, Sherezade Bardají, Tània Muñoz y Virginia Imaz.

Mon distingit i benvolgut mestre, 

He tingut una conversa amb una criada de casa que m’ha interessat bastant perquè m’ha dit, amb gran sinceritat, que creu amb el temps de les encantades. Com la mamà pensa despatxar-la li escric per si vostè creu convenient fer-li alguna pregunta que a mi no se m’hagi ocorregut.

Con estas palabras, se dirigía Adelaida Ferré Gomis (1881-1955) a su maestro, el también folklorista Rossend Serra Pagès el 31 de julio de 1904. Adelaida, había sido alumna de Serra en la Escuela de Institutrices y otras Carreras para Mujeres de Barcelona, convirtiéndose poco después y gracias en gran medida a sus clases, en una destacada discípula y recopiladora de folklore en Cataluña. Tal y como explica Laura Villalba en su tesis doctoral (2014), Adelaida no fue la primera folklorista y tampoco un caso aislado. A principios del siglo XX, un importante grupo de discípulas de Serra, se convirtieron en estudiosas del folklore: Sara Llorens, Joana Vidal, Manuela Fina o Mercè Ventosa, por citar algunos ejemplos.

Serra, un intelectual y folklorista que se desarrolló en el marco de La Renaixença, estuvo siempre convencido de la importancia de la educación de las mujeres. De hecho, su tarea como docente, fue capital para contagiar a sus alumnas del entusiasmo por la cultura popular catalana y la inquietud por el estudio y recolección de materiales folklóricos. Así, las recopiladoras desarrollaron su tarea con gran entusiasmo. Tal y como muestra el fragmento de la carta de Adelaida Ferré que reproducía al principio, estas recopiladoras podían acceder fácilmente a las mujeres de su servicio doméstico o a las trabajadoras del campo que vivían en sus pueblos. Por el hecho de ser mujeres, les era mucho más fácil entablar conversación con ellas, siendo el caso que a veces ya tenían una relación de confianza previa. Así, unas se convirtieron en las que cuentan, las informantes, y las otras en las que escuchan, las recopiladoras.

Cuentos noruegos 2

Parece tarea casi imposible publicar en tierra propia algo novedoso sobre los cuentos populares de otras latitudes. Sin embargo, esto lo ha conseguido la editorial Malas Compañías, dirigida por nuestra compañera Ana Cristina Herreros (Ana Griott, en adelante A.G.), con la publicación, a finales de 2016, de Cuentos Noruegos.

Para hablar de este libro, de la experiencia de su edición y de sus peculiaridades como literatura nórdica, he tenido la suerte de pasar toda una mañana con ella. Todas las personas que la conocen saben que quien habla con Ana no se va de vacío porque escuchándola siempre se aprende algo, o muchos algos.

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