LA NARRACIÓN ORAL EN LIBRERIAS

En nuestra librería Robafaves de Mataró nos dimos cuenta de que explicando de qué iba el libro, un resumen de su argumento, interesábamos al posible lector-comprador.

Aquellos libros que habíamos leído, nos habían gustado y conseguíamos resumir contando qué pasaba en su argumento, eran los más vendidos.

Publicábamos boletines de novedades presentando los libros por escrito, pero cuando teníamos ocasión de responder a las preguntas de los lectores de viva voz, oralmente, indicando aquellos libros que les podían interesar, contando la historia como un cuento, se vendían más.

Me especialicé en álbumes ilustrados, abriéndolos y contando la historia a través de sus imágenes.

Me di cuenta de que los maestros necesitaban libros para sus alumnos, para su labor pedagógica, para formar bibliotecas en las aulas. Decidí transportar los álbumes que me gustaban en maletas y contarlos en las aulas de los centros pedagógicos. Era un servicio que hacíamos a las escuelas en los tiempos en que las librerías no eran muy visitadas.

Escogía los libros adecuados a las edades, aquellos que conocía y me gustaban, llenaba una maleta con ellos, añadía objetos sugerentes relacionados con las historias y sus protagonistas, y de acuerdo con el profesor correspondiente me presentaba en el aula a la hora convenida.

Era una actuación de casi una hora en la que enlazaba cuentos y libros con objetos, cajas de recuerdos, personajes, sonidos, etc., y al despedirme dejaba aquellos libros escogidos en la maleta cerrada, para que ellos los descubriesen en el aula y escogiesen aquellos que querían adquirir para su biblioteca.

De esta manera me hice contador de historias y fui encontrando distintos espacios para narrar con libros: la escuela, el mercado, la biblioteca, la calle, las ferias, la familia, los aniversarios, las fiestas, las ceremonias sociales como bodas o entierros, los congresos profesionales, las firmas de acuerdos económicos y políticos, las presentaciones de libros, las entregas de premios, la apertura de nuevos locales de negocio…

Los libros me servían para comunicar a través de la oralidad, contaba cuentos que se referían al tema tratado en los distintos escenarios, pero siempre partía y volvía de nuevo al espacio de la librería, y en ella la hora del cuento cada semana. La lectura en voz alta en las presentaciones de novedades, la lectura en voz alta en el escaparate de la librería, la presentación y lectura de libros en la radio y en la televisión local.

Siempre tuve claro que era comerciante y a la vez difusor cultural. La única manera que tenia de difundir la cultura escrita era vendiendo libros, por lo tanto generando mercado lector. De esta manera era independiente de cualquier tendencia ideológica y de cualquier presión comercial exterior a mi criterio. Era auto-referente, por lo que me obligaba a ser coherente con mi pensamiento y mi ética personal. Tuve ofertas de empresas editoriales para primar sus productos, pero no las acepté, de esta manera me responsabilizaba personalmente según mi propio criterio, de la elección de los libros que contaba, aceptando los errores que pudiera tener mi elección.

 

CONTAR CON LIBRO ÁLBUM

Los álbumes ilustrados son muy atractivos por la propuesta que hacen de las imágenes y el texto breve pero conciso. Son muy adecuados para ser contados si su historia responde constantemente a la pregunta que se hace el lector (¿Y luego qué pasó?), a lo largo de todas sus páginas.

Narrar con los álbumes en la mano significa contar la historia abriendo cada página y sosteniéndola ante el público tal como si estuviera en un atril, con el brazo extendido para poder posar los ojos en él y seguidamente trasladar la mirada hacia los ojos de todos los que escuchan. Este paseo de la mirada actúa como una conexión visual a través de las formas y colores de la ilustración mostrada, mientras con la música de la palabra y su contenido despierta y hace brotar en el interior de cada persona del público sus propias imágenes.

Tanto la imagen como la historia que contiene el libro álbum sirven como hilos conectores entre cada persona del público y el narrador. Por esto es tan importante que el narrador cuente desde su vacío, desde el punto de verdad que está en él. El narrador utiliza los cuentos para contarse a través de ellos porque sabe que los cuentos son historias envueltas en emociones que nos impulsan a actuar para transformarnos.

Los cuentos transforman la percepción de la realidad cuando conectan con el propio vacío. La oralidad que utiliza el narrador para comunicar se sustenta en el oxígeno de su respiración y la voz que emite para dar forma a las palabras que cuentan la historia. El cuento puede tener siempre la misma historia pero el momento de la respiración es siempre distinto, ocupa un nuevo espacio en cada instante.

Por ello los cuentos que funcionan comunicando pueden ser simples o complicados, pero siempre se sustentan en los cinco elementos básicos de la existencia: El Fuego, la Tierra, el Agua, el Aire y el Espacio.

El Fuego es la pasión que tiene el narrador para contar la historia, la Tierra es el argumento que viven sus protagonistas paso a paso, el Agua es el conflicto que se viven en la historia que los balancea de un lado a otro y en un momento dado del conflicto surge una inspiración, es el Aire que entra en los pulmones y oxigena el cerebro, amplía el espacio de percepción del conflicto y surge una nueva mirada, se transforma en un Espacio nuevo.

 

CONTAR PARA EXPANDIR CONCIENCIA

Los cuentos transforman la percepción de la realidad, sitúan al oyente en un darse cuenta de situaciones y miradas desde distintos ángulos, rompen la linealidad de la existencia, pasado, presente y futuro, y permiten observar desde fuera del tiempo y el espacio. Todo a través de la historia de los personajes que permiten al oyente identificarse con ellos sin ser ellos. Permiten un desdoblamiento del oyente para observarse en aquello que siente y darse cuenta que es otro y él al mismo tiempo.

Los cuentos se pueden utilizar para aprender, y muchos los han utilizado para ello, pero su fuerza principal está en comprender, en darse cuenta, en conectar con  lo más profundo de uno mismo y dejar que este vacío interno, tras soltar mi propia percepción, me ofrezca una nueva versión de la realidad, de mi mirada a la realidad.

Los cuentos pueden producir una expansión de conciencia que amplíe mi percepción de la realidad.

Empecé contando las historias para vender los libros que las contenían, vendía productos, pero quedé enamorado de sus contenidos y me transformé en narrador. Ahora cuento para contarme a mí mismo, ya que en los cuentos me encuentro.

Es como la historia de" El pirata que quiso capturar la Luna"* y quedó capturado por ella, su luz lo enamoró.

Pep Durán

Librero trajinante de cuentos, Mataró 2017.  

 

*El pirata que quiso capturar la luna, Denis Haseley / Sue Truesdell. Ediciones Altea, 1984.

Este artículo pertenece al Boletín n.º 54 de AEDA – Contar en librerías


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