El boletín n.º 56 de AEDA está dedicado al trabajo que hacemos los cuentistas fuera de escena, para ello pedimos a unos cuantos narradores que nos contaran cómo era su día a día en tres frentes distintos de nuestro trabajo en casa: la búsqueda de los cuentos, la preparación de los cuentos y las funciones y otras tareas. En este artículo nos centramos en el segundo bloque:

 

EL TRABAJO CON LOS CUENTOS

 

y cuenta con tres apartados: una breve introducción (realizada por el firmante del artículo) y dos epígrafes más: Dónde trabajamos los cuentos y Cómo trabajamos los cuentos, que recogen y resumen las respuestas obtenidas en los cuestionarios enviados a varios cuentistas profesionales.

 

Una breve introducción

En este segundo artículo dedicado a la cocina del cuentista nos vamos a fijar en cómo trabajan los narradores con los cuentos elegidos para incorporar a su repertorio. Quizás pueda parecer que aquí hay menos homogeneidad que en el punto anterior (la búsqueda), pero si observamos bien las respuestas recibidas nos daremos cuenta de que todos realizan un proceso similar (aunque sea siguiendo caminos diferentes), todos buscan apropiarse del cuento, hacerlo suyo, porque sólo así, una vez hecho suyo el cuento, pueden contarlo.

Esta apropiación tiene muchos momentos: comprensión del cuento, fijación de su estructura en nuestra memoria, acomodo a nuestra mirada y nuestra voz narradora... y es un proceso que, en realidad, no termina nunca pues el texto oral no deja de rehacerse y reajustarse. 

El tipo de memoria en el que se quedan los cuentos que preparamos es la memoria autobiográfica, la misma en la que almacenamos nuestros recuerdos (nuestra historia, lo que somos), por eso es tan importante apropiarse del cuento y hacerlo nuestro, pues de alguna manera vamos a habitar en él. 

Las consecuencias de todo esto son muy interesantes, aquí van unos cuantos ejemplos. Uno: al guardar los cuentos en la memoria autobiográfica los cuentos son parte de lo que somos (como nuestros recuerdos), y por eso de una forma consciente o inconsciente tratamos de contar cuentos que "piensan" como nosotros, que tienen una forma de entender el mundo como la tenemos nosotros (¿no os ha pasado que alguna vez os gustaría contar un cuento que chirría algo y no sabéis por qué?, posiblemente sea porque ese cuento, en el fondo, no piensa como vosotros). Dos: al compartir estancia con los recuerdos los cuentos actúan de manera similar, es decir, se van adaptando y cambiando (igual que cambian los recuerdos vividos para adaptarse a la imagen que vamos teniendo de nosotros mismos) y utilizan también recursos similares para "llenarse de sentido", me explico con un ejemplo: si tenemos un recuerdo pero hay algo importante de ese recuerdo que hemos olvidado tendemos a inventar, a rellenar ese hueco con algo que sea coherente con el resto del recuerdo y le dé sentido, exactamente hacemos igual con los cuentos, con las lagunas que puedan quedar o con las cosas que no comprendemos, las inventamos o modificados para que el cuento mantenga su unidad de sentido (y todo esto, generalmente, de manera inconsciente). Tres: este tipo de memoria trabaja con imágenes, así pues el proceso de apropiación de un cuento incluye la elaboración de una especie de storyboard, de una especie de película del cuento en nuestra cabeza, película que vemos siempre que contarmos (esto hace que el trabajo del narrador tenga mucho que ver con el de un director de cine). Cuatro: un cuarto y último ejemplo que podemos deducir de todo esto: se podría llegar a la conclusión de que para los narradores contar es una forma de recordar (algo vivido).

Todo este trabajo de apropiación se realiza, como podemos ver en las respuestas que nos han mandado los cuentistas consultados, en completa soledad (salvo en el caso obvio de personas que cuentan en grupo, como son Manuel y Carmen de Légolas CE). Una vez el narrador se ha apropiado del texto es el momento de contarlo, de articularlo con la propia voz narradora y desde una propuesta escénica. Y ahora, sí, en este momento, puede ocurrir que el narrador se sirva de miradas (y orejas) externas a él.

Y si en el proceso de internalización del cuento cada maestrillo tenía su librillo, en el de trabajo para la propuesta escénica los caminos son variados incluso para cada narrador, pues hay narradores que tienen propuestas escénicas bien diferenciadas en función de públicos, repertorios, proceso artístico, etc.

 

Dónde trabajamos los cuentos

Todos los narradores disponen de, al menos, un espacio propio para trabajar, ya sea un despacho, una sala de ensayo o un salón transformado. Algunos utilizan espejos, otros se graban, otros se cuentan y cuentan mientras hacen otras tareas, otros incluso escapan del despacho y salen al balcón, al patio o a pasear por el campo: "Normalmente preparo los cuentos en mi casa, en el cuarto donde tengo el material con el que trabajo, utilizo un espejo para practicar gestos, cómo sostener el libro, cómo funcionan las imágenes con respecto a lo que voy diciendo etc." Demetrio Aldeguer); "Es en casa donde preparo los cuentos, tengo un pequeño despacho con el ordenador, aunque también trabajo en el salón, con los libros más a mano y más espacio para extenderme, hablar, etc. De hecho cuando me encuentro en un proceso de creación de una sesión de bebés, por ejemplo, el salón se convierte, se reestructura y todo se llena de instrumentos, libros, objetos y demás cosas que pululan por la casa hasta que la sesión queda lista y todo vuelve a la normalidad." (Laura Escuela); "Mayormente en casa" (Estrella Escriña); "En un estudio en casa. También en un local de ensayo" (Carlos Alba); "Esta fase suele ser dura, sobre todo si lo hago en casa. Suelo ensayar en el salón de casa, retiro todos los muebles y lo cuento, lo cuento... A veces tengo la oportunidad de ensayar en un centro cultural, también sola, pero en un espacio escénico. Y otro lugar donde ensayo a veces es en el pueblo, en el recibidor de la casa de mi madre, que es muy grande; allí estoy muy tranquila y me puedo concentrar muy bien." (Elia Tralará); "Al trabajar con Carmen solemos hacerlo en nuestro local de ensayo." (Manuel Légolas)

 

Cómo trabajamos los cuentos 

Poneos cómodos y disfrutad ahora leyendo los distintos modos de hacer y trabajar que han compartido algunos de nuestros compañeros con nosotros:

"El trabajo de preparación de mis cuentos es siempre solitario. Lectura, escritura, pulido... todo eso lo hago solo. Cuando ya sé con qué versión voy a trabajar, me gusta aprehenderla mientras camino. A veces por casa, muy a menudo por la calle. Andar me ayuda a pensar. Una vez que tengo elaborada la versión y fijada la estructura del relato puede que lo cuente a alguien de máxima confianza, pero ni siquiera ocurre siempre. Lo más normal es que tras el trabajo de preparación el cuento vaya directamente a una sesión y que, a partir de ahí, siga trabajando con él añadiendo o quitando cosas, enfrentándolo al público. En mi caso esa también es una parte de enorme importancia. Las versiones definitivas de los cuentos que utilizo siempre se terminan de hacer en el escenario. En mi proceso de trabajo tiene tanto peso la labor "de mesa" como la información que saco de las  reacciones del público, y siempre es con eso con lo que el cuento acaba  fijándose, teniendo en cuenta que en mi caso un cuento nunca es algo estático y fijo, sino que es más algo vivo y dinámico." (Alberto Sebastián)

"Normalmente los leo y releo varias veces, los pienso mentalmente,  los escribo en papel, los digo en voz alta, a veces los grabo y escucho y me paseo por la casa contándolos… muchas veces añadiendo, diciendo o haciendo “tonterías” (por ejemplo, como si fuera un rapero, un macarra, poniendo acentos extranjeros etc., o diciendo cosas no aptas para público infantil), esto me relaja, y me hace encontrar otras cosas en los cuentos. Normalmente siempre hago esto solo. Alguna vez, en algunos espacios en los que tengo confianza he contado y mostrado cuentos que apenas he preparado o que me gustan pero no veo cómo contar, para que sea el público quien me guíe." (Demetrio Aldeguer)

"Cuando preparo las sesiones de bebés o familiares me las canto o cuento a mí misma, a veces grabo las canciones o pequeños poemas inventados en archivo de sonido y las comparto con algunos amigos que sé que pueden apoyarme. También cuento con gente de confianza para que me ayuden en las partes visuales/escenográficas y creativas a ese nivel. Es un trabajo solitario pero suelo apoyarme en gente. Los cuentos para adultos los preparo normalmente primero en el ordenador, cambiándolos, haciéndolos míos por escrito (escrito oral, no literario) y luego oralmente, contándolos varias veces. Suelo revisar y reestructurar lo escrito. Mi lugar preferido para practicar los cuentos para adultos es  contándoselos a las piedras de la orilla del mar en mi pueblo. Con el tiempo lo primero que se había escrito no sirve para nada y el cuento ha cogido otra forma, otro rumbo." (Laura Escuela)

"Cada vez me lleva más tiempo incorporar cuentos nuevos, paso mucho tiempo madurándolos en la cabeza, imaginándolos... Cuando empiezo a contarlos en voz alta me gusta hacer otra cosa a la vez: en general recoger la casa. Después sí que ensayo sola y en el proceso final los comparto con algún compañero. Los últimos años antes de poner a rodar un espectáculo nuevo he hecho unos ensayos con otros narradores como José Campanari o Magda Labarga." (Estrella Escriña)

"Cuando trabajo un nuevo cuento lo escribo, lo cuento, a veces me lo grabo, lo ensayo, lo cuento a mi hijo... Para el caso de espectáculos en los que se cuenta una sola historia, la reescribo continuamente hasta dar con el texto de partida. Normalmente trabajo solo para propuestas de narración y con compañeros para propuestas teatrales." (Carlos Alba)

"Yo trabajo los cuentos en varias fases. La primera, normalmente, y sobre todo en cuentos literarios, consiste en leerlo, comprenderlo, intentar tener clara la estructura y reescribirlo tratando de trasponerlo al ámbito de la oralidad. En una segunda fase me pongo a contar el cuento, normalmente a mí misma. Y mientras lo cuento voy fijando la estructura en la memoria, fijando algunas palabras, gestos, acciones, probando modos de contar, puntos de vista... Esta fase suele ser dura. Una vez tengo la estructura bien clara y el cuento memorizado, lo cuento. En principio lo cuento a grupos pequeños y gente de confianza, por ejemplo a mis sobrinos (cuando es para público infantil) o a un grupo de amigos de confianza, gente casi toda del ámbito escénico, (cuando es para público adulto). En todo caso me interesa mucho su mirada, sus aportaciones, y lo que, objetivamente, les parece el cuento tal como lo he contado (qué falla, qué está bien...)." (Elia Tralará)

"Nosotros tenemos toda una dinámica muy concreta. Al ser dos, antes de nada, tenemos que hablar de la historia, llegar a acuerdos, señalar el recorrido del cuento, hacer el collar de perlas y, sólo después, escribimos por dónde queremos ir con ese cuento. Luego nos lo contamos, lo oralizamos y ensayamos." (Manuel Légolas)

 

Esta es sólo una muestra, en este proceso solitario cada narrador tiene sus formas de trabajo, aunque, como señalábamos en la introducción al artículo, todos buscan unos mismos objetivos. Y aquí algunas fotos de algunos de los lugares citados en el artículo.

 

 

Artículo elaborado por Pep Bruno 
con las respuestas de: Demetrio Aldeguer, Laura Escuela,
Estrella Escriña, Carlos Alba, Alberto Sebastián, Elia Tralará y Manuel Légolas

 

Este artículo pertenece al Boletín n.º 56 de octubre de 2017 – Fuera de escena


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