El cuento es una criatura de la noche. En el principio fue solo la oralidad, hecha de vaho como los fantasmas, luego descubrimos que la literatura, el cine y las series precisan de luz oscura para brillar mejor. Galeano dejó dicho que, si los cuentos se contasen durante el día, las cosas suspenderían su devenir para escuchar. Millás, en su estilo, opina que si leemos por la noche es porque empezar a hacerlo por la mañana es como empezar a beber desde por la mañana. Sea como fuere, los cuentos siempre se acompañaron de oscuridad. Hay una diferencia esencial entre el teatro y la narración oral: el teatro ocurre en las tablas, el universo está ahí, y el espectador es una especie de voyeur, mientras en el arte oral el narrador se lleva con él a los espectadores, como si desplegara una inmensa tela estrellada y los envolviera a todos para que viajen juntos, como cuando los niños para contarse cuentos se esconden debajo de una manta, crean la noche, los límites del cuento, y, así, el cuento es la noche y la noche brota del cuento. Criatura de la noche es también Sheherezade que, armada de historias y un evidente plan B, insinúa Burton, por si falla la ternura, envuelve cada noche en historias al sultán Shariar en ese fascinante no-libro oriental entretejido de infinidad de hilos anónimos que componen Las mil y una noches. Y es que las noches árabes son, si no encarnada oralidad, al menos su reflejo especular. Como cualquier cuento oral, Las mil y una noches son y no son, tienen una forma reconocible pero el contenido es voluble, se escapa, da sensación de infinitos pliegues, de profundidad fractal, de historia tan real que siempre se puede rascar más hondo. Las mil y una noches proyectan hacia el misterio ya desde su mismo título, que encierra todas las historias. Alf layla ua layla, literalmente las mil noches y una noche, es el título árabe original, donde layla se traduce como noche. Layla tiene raíz semita y se relaciona con el hebreo layil, que es noche también, y layil es un derivado de la voz Lilith, primera compañera de Adán y prototipo de mujer indomable, sensual y decidida. Quiere esto decir que las mil y una noches son las mil y una mujeres, y ciertamente cuando uno se aventura en esa soledad inabarcable encuentra mil y un tipos de mujer, frente a unos pocos arquetipos masculinos. Así, cuento es noche y noche es mujer, Sheherezade narradora, que se despliega nocturna y confiada, dice Burton, con maravilla en la voz y una navaja en la liga.

 

Héctor Urién