Como sinónimo de planteamiento es la introducción del cuento, en él aparecen los datos del lugar, del tiempo, la acción. Además en el principio se perfilan y presentan los personajes principales, aunque también pueden aparecer los secundarios. Ha de ser más breve que el desarrollo y debe ser preciso, claro y conciso. No puede dar lugar a interpretaciones erróneas, ni confundir al oyente. En la oralidad el principio del cuento ha de captar al oyente y atrapar su atención. El principio es el origen de la historia, así como el punto en el que se ha de captar la atención del que escucha y así llevarlo hacia el conflicto que plantea el cuento.

Una segunda acepción de principio sería una suerte o compendio de reglas o normas por las que se rige toda expresión artística. La narración oral, como todas las artes escénicas, ha de cimentarse en una serie de normas asumidas por el narrador o emisor del texto que ayuden a configurar el hecho artístico como un producto sólido y reglamentado. Cuanto más se dominen los principios básicos, más certero será el producto. La construcción de un mensaje oral ha de estar reglamentada de la misma forma que lo está el mensaje literario escrito. El narrador oral ha de saber construirse y construir su mundo, además de conectar con la consciencia colectiva que ha de descodificar su mensaje, por esta razón los principios están relacionados con una época y con una sociedad determinadas.

Se podría tener en consideración una tercera acepción como todo código ético que ha de tener en cuenta el artista y que conlleva el respeto al texto, al público y al mismo hecho narrativo. Así, hemos de tener en cuenta la autoría de las textos, la fidelidad a las recopilaciones, la mención de las fuentes, las variantes textuales y todo lo que proteja tanto al texto como al público y al narrador.

 

Ernesto Rodríguez Abad