Conozco a una mujer que colecciona cosas, algunas insólitas, otras cotidianas, pero todas en sus manos se vuelven extraordinarias. Colecciona caracolas, postales y hasta puntos, ¿puntos? Si has leído bien, puntos: suspensivos, de interrogación, de admiración...desde el punto G al punto inglés. “Desde todos los puntos”, “Cuaderno de olas” y “Tesoros en el buzón” son tres exposiciones, tres muestras maravillosas de la curiosidad y la capacidad creativa de una mujer que es capaz de convertir cualquier objeto o tema en exposición, libro, poema o espectáculo. Proyectos poco convencionales que saca adelante con esmero, hilando muy fino, creando discursos narrativos que siempre despiertan la curiosidad y provocan efectos secundarios como empezar a escribir postales o recolectar puntos.

También colecciona varitas, mágicas por supuesto, nada extraño para alguien que es medio bruja o bruja entera, omito la aclaración de buena, que eso de que las brujas son malas es un cuento trasnochado, demodé. No hablamos de una bruja cualquiera, conocidísima por generaciones enteras de niños y niñas que llegaban a la Biblioteca del Palacio del Infantado para embelesarse con sus cuentos. Incluso se dice de ella que tiene una calle en su ciudad, la calle Rotundifolia, que además, por casualidades de la vida o del callejero, es perpendicular a la calle Estrella. Cosas mágicas, de brujas.


Cuentan que de pequeña jugaba a ser directora de orquesta, de mayor sigue haciéndolo. Desde finales de 2015 dirige un Coro Poético y Peripatético, en lugar de batuta lo hace con una “baruta”, mitad batuta y mitad varita. Cosas de bruja y poeta, cosas de teatrera, porque también ha sido actriz, cofundadora de Fuegos Fatuos para más señas, la que fue la primera compañía de teatro profesional de Castilla-La Mancha. Allí estaba ella, montando espectáculos infantiles basados en obras de autores como Michael Ende o Gianni Rodari. Algo seguro novedoso en el momento, el público infantil no es un público menor, no le sirve cualquier cosa, la mujer de la que os hablo siempre ha sido muy rigurosa en su trabajo con las niñas y niños, por eso cada sesión de cuentos está pensada y trabajada, cuidada, para alimentar mentes inquietas, curiosas, esponjosas. Siempre me ha maravillado ese respeto al público infantil, creo que es la niña que habita la mujer adulta que cuenta cuentos, que se alegra tanto con una sorpresa de cumpleaños que es capaz de tirarse al suelo de felicidad, como si en lugar de sesenta se cumplieran seis. Que fortuna hacerse mayor y elegir seguir jugando, entregarse a las emociones de la vida.

Como buena directora de un coro, que además de poético es peripatético, colecciona versos, y se empeña en esparcirlos por el mundo, por calles y plazas. Aunque se toma esto de la poesía muy en serio no para de jugar con ella e invita a pequeños y mayores a seguirla en esos juegos poéticos. Sacar los versos de los libros, aprenderlos, recitarlos, corearlos, apropiarse de ellos y saborearlos una y mil veces, actos casi subversivos en los tiempos que vivimos.

Colecciona cuentos, que por algo es cuentista. El año pasado celebró los cuarenta años de profesión, cuatro décadas contando historias, engatusando oídos, abriendo bocas (que es por donde dice que entran las historias, cuando llega el embelesamiento) y haciendo oficio. Pionera y referente, sus libros “Contar con los Cuentos (2002)” y “Contar con la Poesía (2014)” son dos ensayos imprescindibles que recogen teoría y oficio. Un oficio que ha cambiado mucho en estos cuarenta años, que se ha profesionalizado, extendido y donde algunos nombres propios, como el que nos ocupa, han abierto caminos y han dado muchas pistas. Teorizar sobre el oficio y ser una figura de referencia se puede hacer de muchas maneras, la que aquí repasamos es desde la generosidad. Contar puede ser un oficio muy solitario, cada sesión en un sitio, cada día un público, una nueva plaza en la que triunfar, frente a esto la mujer que colecciona cosas es especialista en gestar proyectos con otras cabezas y manos, hacer pandilla para montar una exposición, espectáculos para bebés o preparar la Oda al caldillo de congrio. Abierta a trabajar con gente diversa, que pueden ser profesionales o amateur, a dedicar tiempo a lo colectivo, con una idea profundamente democrática de la cultura, donde las personas podemos ser espectadoras y también creadoras. Durante varios años en el Maratón de Cuentos se estrenaba un espectáculo para bebés donde participábamos personas con recorridos muy diferentes, las Globiturutadas. No éramos profesionales pero bajo la dirección de la maestra triunfábamos, y disfrutábamos muchísimo de ser parte de un espectáculo coral, donde el proceso de montar cada canción, cada cuento, permitía probar, aportar y trabajar con alguien que sabe mucho y que comparte tan generosa y pacientemente sus saberes.

Por último es imprescindible hablar de la colección que más cuida la mujer que colecciona cosas: las amistades, que atiende con el mismo esmero que riega las plantas del jardín o reordena los libros del cobertizo, su lugar pensativo. En un mundo acelerado, ruidoso y lleno de notificaciones la mujer que colecciona cosas hace silenciosos, pausas, teje colchas de múltiples colores, aprende bordado tradicional japonesas, lee sesudos ensayos y escribe, en prosa, en verso, para grandes y pequeños, conferencias, cuentos o retahílas. Su sabiduría es discreta, no hace alarde de ella, pero es luminosa como su nombre e impregna todo lo que hace, cada una de sus sesiones, de sus proyectos, de sus conversaciones y de sus libros. No hablamos de una mujer cualquiera, es una creadora, una genia, de nombre Estrella y de apellido Ortiz.

 

Este artículo ha sido escrito por Susana Martínez Martínez.

Este artículo forma parte del Boletín 108_ Estrella Ortiz, a mi modo de ver.

La magia


Hace muchos años, en la Biblioteca Pública del Palacio del Infantado, por marzo, y en un improvisado camerino, Estrella se preparaba para recibir a los niños y niñas de los colegios de Guadalajara. Escondida, aguardaba la palabra mágica que a coro pronunciaban: ¡Ro-tun-di-fo-liaaa! Tras la invocación, ella aparecía. Atentas las orejas y con ojos expectantes, se sumergían de inmediato en el embrujo de los cuentos, la poesía y las canciones que habían atrapado a Rotundifolia en su “Lugar Pensativo”. Sonaban sus crótalos y comenzaba el viaje. El tiempo y el espacio evaporados por arte de su palabra. El encantamiento estaba servido.


Así conocí a Estrella. Yo, entre libros antiguos, catalogando en latín portadas misteriosas que hablaban de tiempos lejanos, cuando el conocimiento era un privilegio que solo unos pocos podían permitirse. Sin embargo, en la BIBLIOTECA DE TODO PUEDE SUCEDER que dirigía Blanca Calvo, descubrí que la cultura debe ser accesible a todos y que, si no es así, estamos hablando de otra cosa. ¡Qué bendición trabajar en una biblioteca en la que los cuentos ocupaban un lugar preferente! Entre otras razones de cuento, Estrella dice: «Los cuentos nos invitan a amar la belleza del mundo, despiertan la pasión por la vida. Nos ayudan a estar alerta frente a la variedad de juegos y aventuras que nos esperan a cada recodo del camino». Ella tiene el don de tocarnos con su varita y transformarnos, nos invita a subirnos en su escoba y volar lejos, porque cuando cuenta, te mira, te ve, está a tu lado, el escenario se difumina y sus palabras van directas a tu corazón. Doy fe de que la magia existe a su lado. Si le das permiso, puede ser tu hada madrina.


El Maratón de los Cuentos de Guadalajara no existiría sin ella. Vigila, atenta y cuidadosa, que todo marche bien, de principio a fin. Como el viento, sigilosa, acude, como Mary Poppins, cuando más se la necesita. Con las luces del amanecer y el canto de los pájaros te rescata del sueño y mantiene encendida la llama de la palabra; y el Colorín Colorado solo llega con el cuento final que prepara cada año, fragmentado en hojas de colores que reparte entre seminaristas y público asistente, justo antes del cierre de la Banda Provincial. Y sí, ha vuelto a suceder. El prodigio ha sido posible a causa de la varita del entusiasmo que nos ha contagiado sin remedio.


La poesía


Inventora de artilugios, de artilibros, de varitas, de cuentos, de poemas, de postales, de palabras…Un día, inventó un coro: el Coro Poético y Peripatético, con la intención de transmitir su amor por la poesía. Como una niña cuando abre el regalo más esperado, desenvuelve el poema, lo hace crecer, lo interpreta y lo exprime, hasta sacarle toda su esencia, para después compartirlo y expandir su aroma hasta atravesarnos y, desde ese momento, ya no puedes vivir sin poesía.


«La poesía regala sus dones al que se detiene a mirarla. La poesía regala sus dones a quien se detiene a decírsela a sí mismo y a quien se para, respira, y se la dice a otros». Quienes formamos parte de este coro, hemos experimentado el escalofrío que recorre tu piel al recitar; la emoción que supone unir distintas voces al servicio del poema; la alegría de compartir la cadencia del ritmo de los versos al compás de su batuta y su mirada, bajo su chistera roja. Una vez más, el entusiasmo hace maravillas.


Los libros, la lectura y las conferencias ilustradas


Apasionada lectora, buscadora de libros y autora de muchos, se le ocurrió que una conferencia debía convertirse en algo más que una exposición oral formal y enriquecerse con la cualidad de ilustrada, porque, evidentemente, para una bruja no hay lugar para el aburrimiento. He podido presenciar algunas de ellas y mi sensación es de haber asistido a un momento único. Mientras lo estás viviendo, permaneces hipnotizada y cuando se acaba, te sientes conmovida. El destino quiso que una de ellas, que tuvo lugar un Día del Libro en la biblioteca municipal de nuestra ciudad, se encarnase en El libro abierto. Un libro de libros. Para quienes tuvimos la suerte de estar allí, en seguida nos dimos cuenta de que todo el conocimiento vertido en ella no podía volatilizarse. Había que conservarlo para después expandirlo y hacer feliz a la extensa comunidad amante de los libros. Un tesoro sobre tesoros que Estrella comparte una vez más para insuflarnos su maravillosa locura, como sucedió también en aquella otra que tituló No al invierno sin cigarras. La necesidad de la palabra en tiempos de crisis, ante un aforo de diez personas (el permitido en el año 2020, cuando el mundo enmudeció).


Como autora, te invita a cantar la tradición oral, como en El libro de los arrullos; puedes subirte al barco de sus Sueños navegables; dejarte acunar por sus Olas vienen olas van; presenciar el espectáculo de El circo de las nubes o degustar la delicatessen Bella dama. Son muchas las obras que ha publicado en distintos géneros literarios, pero hay uno en particular que ella domina como nadie: el género de la conversación. Si has tenido la oportunidad de experimentarlo junto a ella, sabrás que es un arte efímero que solo sucede en ese instante, pero que queda en el recuerdo para siempre.


La amistad


La fortuna quiso que nos conociéramos en un palacio de cuento que también era biblioteca. Pasaron los años, y un vínculo fue construyéndose junto a otras mujeres que son imprescindibles en mi vida. Somos cómplices en la confidencia, en la pasión por los libros, por la poesía; cómplices en las risas, en la locura de vivir, en hacernos niñas; y nos valemos de la alegría como fórmula mágica para afrontar los males que acechan. Sorpresas, postales, cartas, paseos, infusiones, exposiciones, cine, quedadas de lectura en voz alta… ¡Qué suerte la mía! Adivina: un amor incondicional y de admiración hasta la luna y vuelta.

 

Este artículo ha sido escrito por Concha Carlavilla. 

 Este artículo forma parte del Boletín 108_ Estrella Ortiz, a mi modo de ver. 

Este texto va en forma de carta para ti, Estrella.


Querida amiga:


Cómplice de misivas que se tocan, que se huelen y que anidan en nuestros buzones cual pajaritos desamparados que saben que ese será un nido seguro. Manos amables reciben de manera fortuita ese vuelo que no para, como los vencejos, heraldos que siempre vuelven...como decía Unamuno.


"eres la esperanza de mi buzón" leí una vez en una de tus postales... (grabadito se quedó en mi mente).
Palabras y dibujos que han viajado entre nosotras como palomas mensajeras que hacen un paréntesis en la vida del día a día, llena de ruidos e injusticias. En una época dominada por las prisas, la inmediatez y el mensaje efímero que se borra de la pantalla en un parpadeo, nuestra correspondencia es un acto de resistencia poética.


Y quería contarte cosas...


Sé que te estás convirtiendo en una estupenda aprendiz domadora de pájaros, ¿a quién no le gustaría ser ave que visita tu jardín a diario?,¿o poder observar el vuelo suave de plumas y confianza iluminado por el sol de la mañana rodeada de las flores de tu patio?, ¿disfrutar del canto del mirlo que te observa mientras lees, desde su rama preferida, mientras las mariquitas vestidas de fiesta, trepan por tu rosal?. Es bonito compartir también ese disfrutar de las pequeñas cosas que casi sin movernos del sitio, nos ofrece la naturaleza. Por eso ambas, admiramos tanto a Mary Oliver.


El eco de una voz que narra no se apaga cuando termina el espectáculo, se queda a vivir en los corazones de cada persona que escucha, pensar en ti es pensar en esa voz. Una voz que no solo cuenta historias hacia fuera sobre un escenario, sino que late unida a la vida cotidiana, a la tierra compartida del amor por la palabra, de la creación y de esa complicidad juguetona que nos acompaña como niñas que somos (para siempre).


Hay personas que caminan por la vida de puntillas, sin hacer ruido, y hay otras que, como tú, entra en los días con la fuerza del manifiesto poético cuando comienza una de nuestras intervenciones corales repletas de preciosa poesía, no porque busques el estruendo, sino porque posees el don de mejorar las almas que te rodean. Eres, por encima de todo, una tejedora de palabras y de vínculos.


Admiro esa capacidad asombrosa que tienes para ordenar el desorden. Como inventora loca de ese coro poético que conduces, haces que la poesía resuene como una verdad colectiva, un cuerpo vivo, vibrante y comunitario que respira al mismo son. La poesía se filtra a través de nuestros sentidos y llueve sobre el mundo dejando un olor a petricor que nos hace sonreír de manera espontánea. ¡Cuántos descubrimientos poéticos a tu lado, qué suerte de maestra, qué bonito corear de tu mano!.


Trabajar y crear junto a ti ha sido y es, una de las experiencias más chulas de mi vida, pincel y palabra se hacen una y navegan en ese mar de sueños que muchas veces compartimos, qué divertido juego ese de intercambiar dibujos por palabras y viceversa.


Tus manos dibujan en el aire mundos posibles e imposibles, con tu cuerda de colores, tus artilibros y tu voz, tienes la capacidad de devolvernos a la infancia, ese territorio donde todo es asombro y donde las verdades más complejas se entienden a través de un bosque, de un trino, de un gesto o una canción. Personas grandes y pequeñas abren los ojos y sueñan con tus historias, con tus anécdotas, con tus curiosidades... solo son necesarias un par de orejas dispuestas a escuchar y dejarse llevar.


Tu generosidad como creadora es inmensa, no te guardas los secretos del oficio, los regalas, los pones sobre la mesa para que otros puedan nutrirse de ellos y hacerlos propios. Y lo bonito es que lo haces sin darte cuenta, de manera espontánea, y ¡cuánto vale eso hoy en día, vaya tesorito!.


En este viaje de ser madre, encontrarte en el camino ha sido uno de los mayores faros que he tenido la fortuna de avistar, y tus cuentos, tus cantos siempre me han acompañado, también tus recomendaciones, haciendo que en ese camino, mis hijos sean más sensibles, valorando la belleza y arrullados con la mejor literatura, moldeada a su medida con el paso de los años. Cuántos descubrimientos encontrados en pequeños y casuales rinconcitos nos has dado a conocer...y qué chulo que nos sigas teniendo presentes en esa cabecica loca.


Mirar hacia atrás y ver el camino recorrido provoca una gratitud difícil de condensar en un solo texto. Has estado ahí en las etapas clave, cuando los peques eran enanos, cuando los proyectos artísticos eran solo un borrador lleno de bocetos, y cuando la necesidad de una palabra amiga se volvía urgente. Amiga que escucha, que devuelve la magia cuando en ocasiones, la realidad es demasiado gris.
Gracias por tus cuentos, por las cartas que se tocan, por las locuras compartidas y por hacerme recordar siempre que la vida, si se mira con poesía, se convierte en la mejor de las historias.


Un abrazo de colores de tu amiga que te quiere.


Belén.


P.D. No se te ocurra jamás, dejar de ser niña (sé que eso es fácil para tí, pero por siaca)

 

Este artículo ha sido escrito por Belén Morata. 

Cuenta de Instagram: @belen.morata2019

Web: www.belenmorata.com 

 

 Este artículo forma parte del Boletín_ 108_ Estrella Ortiz, a mi modo de ver.  

Imaginemos una escena anterior a la escritura, incluso anterior a la primera escuela. Una mujer descubre en la fragilidad de su hijo la evidencia de un destino común: no podrá estar siempre junto a él. De esa conciencia de finitud nace un gesto que funda no solo la educación, sino la ética de la oralidad. Por eso comienza a contar: para que la muerte no interrumpa la transmisión de aquello que hace posible vivir y convivir. Antes del grafo y de la piedra, la palabra dicha fue cuidado, amparo y hospitalidad; una forma de acoger la otredad en su fragilidad y de legarle el mundo antes de desaparecer. La oralidad comparece como responsabilidad, vínculo y salvaguarda de lo común.

La UNESCO ha capitulado reconociendo lo que cualquier abuela supo: que las tradiciones orales son la alfombra voladora del patrimonio cultural inmaterial de la humanidad, el espacio donde una comunidad transmite sus valores, su memoria y su saber del mundo de generación en generación. Es la forma universal, democrática y tenue de preservar lo que una cultura considera digno de ser recordado; tenue porque depende, siempre, de que alguien decida seguir diciéndolo en voz alta.

El ser humano es un homo narrans; narrar convierte la experiencia en memoria, sentido y relato, y rescata al tiempo de su propia oscuridad. La oralidad es la forma originaria en que los seres humanos se han dado un mundo en el que vivir juntos; leer forma la interioridad, contar inventa el arte de convivir en paz. Homero fue voz antes de ser texto; los rapsodas lo portaban en la memoria y lo reconstruían ante audiencias distintas, añadiendo, ajustando, respondiendo a lo que el auditorio ansiaba escuchar. La escritura llegó después para fijarlo, y en esa fijación ganamos la permanencia y perdimos la presencia. Una historia no existe del todo hasta que alguien la dice ante quien la escucha.

Me pregunto por esa demanda humana tan temprana: ¿por qué necesitaban los humanos, en el principio de todo, que alguien contara historias? Y me pregunto también por la misma demanda en pleno siglo XXI: ¿por qué se necesitan todavía? Me gustaría aventurarme en los caminos de una respuesta, que pueda dar luces sobre el rol de los narradores orales en el mundo de hoy.

Es tentador decir que los narradores existieron y siguen existiendo porque transmiten la memoria y la identidad del pueblo. Aunque tenga algo de lugar común, esto no deja de ser cierto. Sin embargo, es bastante probable que esa transmisión haya ocurrido casi siempre de forma natural, sin premeditación de quien contaba la historia ni conciencia de quien la escuchaba. Es decir, que no estoy tan seguro de que se haya contado porque todos sabían que esos cuentos, mitos o leyendas debían mantenerse vivos en la memoria de la comunidad, y por eso esta necesitaba de los narradores. Dudo de la conciencia de ese rol en el pasado y dudo que la gente vaya hoy a escuchar cuentos pensando en estas cuestiones. Al contar, sin embargo, la memoria, la identidad o el sentido de comunidad se transmiten igual. Pienso en esos pececitos que se acoplan a la ballena y la usan como medio de transporte. A la ballena (al narrador) puede importarle o no, puede notarlo o no: los peces viajarán igual, la ballena no tiene forma de sacudírselos. La memoria y la identidad son los polizontes de los cuentos. Pero en cualquier caso, no estoy seguro de que la transmisión de la memoria y la identidad sea lo que la comunidad le pedía a su narrador en el pasado. Tampoco creo que sea lo que pide ahora.

Podríamos pensar en la diversión: en la tribu, en la familia, en el pueblo querían pasarlo bien, y a falta de discotecas, cines, bares o estadios, el contador de historias cumplía esa misión. Esto parece mucho más lógico: nos aburrimos, pero si hubiera alguien contándonos algo, ya no nos aburriríamos tanto. Sin embargo, este rol también lo desempeñaban (y tal vez mucho mejor) los que sabían hacer música, y los que bailaban, y luego los bufones, saltimbanquis, actores, titiriteros, comediantes y artistas del humor. Si la tarea de los narradores hubiera sido divertir, no creo que soportaran la fuerza de la competencia. Hoy sería, sin duda, un arte desaparecido. Pero lo que vemos es que cada vez hay más narradores, festivales y espacios de cuento.

Estoy convencido de que las personas que nos dedicamos profesionalmente a narrar oralmente historias solemos preguntarnos acerca del sentido de lo que hacemos, de su trascendencia, de su alcance, del significado personal, social, emotivo y simbólico. ¿Por qué?

Puede llegar a ser difícil preguntarse por ello, cuando antes hay que resolver otras cuestiones: lo administrativo, lo económico, lo logístico, lo técnico, etc. Es indudable que nuestra “romántica” labor sobrepasa y sobrevive a todas esas cuestiones para su realización. En ocasiones resistimos a complicaciones en la conciliación familiar, programaciones y personas programadoras, públicos peculiares, encargos específicos, demandas y necesidades del mercado, burocracias, requerimientos fiscales, multas, compensaciones, modas, postureos de redes sociales, tendencias literarias y rocambolescas solicitudes.

Puede ser complicado sobrevivir a esa hecatombe y a la vez preguntarte por el sentido profundo y ontológico de lo que hacemos. Y sobre todo aún más difícil, ponderar por encima de la cotidianidad del oficio, esa motivación, esa razón de ser y actuar conforme a ella.

Mi deseo en estas líneas es compartir mi personal reflexión-opinión acerca de ello. Una reflexión aderezada por mi experiencia personal y laboral, mi contexto de origen, mi ser migrante trasnacional y mi forma de habitar el mundo. Una reflexión que intenta responder-me a una pregunta: ¿Cuál es nuestro papel como personas narradoras de historias frente a los nuevos discursos y narrativas contemporáneas? ¿Cuál es o debería ser nuestra disposición, posición, compromiso o contribución a la justicia social? ¿Deberíamos? ¿O es algo que no tiene que ver con nosotros y nosotras?

Ventana Diego

«Los peces muertos del mercado siempre parecen sorprendidos. ¿Sorprendidos de estar muertos? ¿Sorprendidos de ser capturados?». Perdón, no era así como quería empezar, pero estaba leyendo «The house at the edge of magic», de Amy Sparkes, y me capturó esa frase. Bueno, ella no la dice exactamente así, claro: ella habla de su personaje protagonista, el libro está en inglés… Pero a grandes rasgos, supongo que este inicio te puede haber sorprendido tanto como a mí o como a los peces (aunque tal vez por otros motivos).

Dicho esto, te doy la bienvenida a este extraño lugar. Mi nombre es Diego, y espero llevarte de la mano (o del ojo, o de la oreja, no sé qué tipo de lectura sueles hacer) a través de esta pequeña locura. Estamos aquí para hablar de la narración, del juego, y de lo que sucede entre las personas que se encuentran en ese espacio mágico que se crea en medio (tal vez por eso estaba leyendo el libro de la casa al filo de la magia) y, como dice el título, habrá múltiples escritos, habrá un juego… y una advertencia: es posible que te pierdas por el camino, retrocede, encuentra el hilo, toma mi mano, concéntrate… tal vez encuentres la salida.

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