Imparto un taller en la Escuela de Escritura del Ateneu Barcelonés en el que hablo precisamente de esto: "Contar para darme cuenta".

 Y... ¿de qué me doy cuenta?

De que todo está en mí. De que me cuento a través de los cuentos que selecciono para mi repertorio.

De que, cuando menos pretendo hacerlo bien, mejor comunico con el público.

De que cuando suelto todo y no comparo ni juzgo, los cuentos que cuento tienen un efecto que me sorprende al recibir los afectos del público.

De que los cuentos de mi repertorio son siempre los mismos, con algunas incorporaciones nuevas, pero en cada actuación conforman una frecuencia distinta.

De que al contar me doy cuenta que las historias que cuento son como hilos conductores de algo (¿será la conciencia del vacío que es el dueño de todo?) que despierta en quien escucha espacios interiores propios. Yo como narrador desconozco estos espacios, pero el receptor los enlaza con los cuentos que ha escuchado.

Me atrevo a decir que los cuentos no son lo importante. Lo importante es desde dónde se cuentan. Me refiero a que sólo se pueden contar desde la verdad de uno, para que conecten con la verdad del que escucha. Por esto las "mentiras" de los cuentos, contadas desde la verdad del narrador, despiertan sorpresa al receptor que percibe su propia verdad.

En este sentido todos podemos contar cuentos, nuestros cuentos, nuestras vivencias, nuestras experiencias, nuestra vida, y tendrán interés genuino si conecto con mi verdad al contar. Si no pretendo nada más que estar presente y mostrarme, con lo real, con lo que soy. El interés no estará en lo que cuento de mí, sino en lo que el receptor percibe de sí.

Si cuando cuento me entrego al vacío sin interponer mi ego, mi importancia, mi identidad, este vacío se manifiesta en el que escucha, despertando en él expansión y sensación de felicidad.

Yo no hago nada, lo hace el vacío; para mí es un descanso, no tengo que hacer nada. Sólo hacer lo que sé hacer y me gusta: contar cuentos. Contarme a través de los cuentos. Comprender mi vida al verla a través de las metáforas de los cuentos.

 

Pep Durán

Trajinante de cuentos y terapeuta Gestalt


Comentarios   

#4 Pep Duran 02-07-2016 19:06
Acabo de leer los "peros" una vez termino de preparar la conferencia que daré el lunes 4 de julio en Alcalá de Henares como clausura de las Jornadas de animación lectora.
Me encuentro con este "pero" -como no tengo que hacer nada? Y el trabajo de preparación, el gión, la actuación,......?"
Claro, claro, claro, teneis razón. Todo lo que nombras y mas, Pep, es necesario. Es cierto Ivet, el cuento no surge de forma innata dentro de ti.
Me pongo como ejemplo de mi hacer nada al que me refiero en el artículo.
Para la actuación de lunes hace varios dias que trabajo escribiendo el guión, consultando y escogiendo los cuentos y el material que utilizaré. Sueño con la actuación, tengo miedo de no estar adecuado, recorro mas de 600 km cargado con dos maletas y una mochila.
#3 Pep Bruno 11-01-2016 07:41
Ivet, desde mi punto de vista, cualquier oficio artístico implica mucho hacer (mucho estudiar, mucho reflexionar, mucho equivocarse, mucho trabajar...) aun cuando haya algo innato que te facilite o te oriente en el camino.
#2 Ivet Vilar 11-01-2016 07:38
Ese no hacer nada significa que el cuento surge de dentro de ti como algo innato?
#1 Pep Bruno 10-01-2016 19:12
Muy interesante el artículo del querido y admirado Pep Durán. Sólo hay un "pero" que yo pondría: cuando al final dices "para contar yo no hago nada, no tengo que hacer nada" esto, sin duda, resulta confuso y, sobre todo, puede dar la idea de que no hace falta hacer nada para contar cuentos. Y esto no es así: ya sea de modo profesional o amateur, ya sea en casa o en un escenario, antes de contar siempre hay que hacer algo; es más, en muchas ocasiones (como es el caso de quienes cobramos por contar) es mucho el trabajo previo: buscar los cuentos, prepararlos, organizar los repertorios, disponer de los recursos, etc. Es más, una vez está ya todo preparado y el público dispuesto, el narrador cuenta (y eso tampoco es no hacer nada, también es hacer algo, y en muchas ocasiones, no poco). Saludos

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