Texto de la conferencia inaugural de la III Escuela de verano de AEDA a cargo de de Juan José Prat Ferrer, profesor del IE University.

 

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1. El oficio de contar

La Real Academia define oficio como “ocupación habitual” y también como “profesión de algún arte mecánica”; profesión es el “empleo, facultad u oficio que alguien ejerce y por el que recibe una retribución. El arte de contar, que no es una arte mecánica, es, pues, un oficio, pero aún más, es una profesión cuando el narrador oral vive de su arte. Porque la narración oral es un arte; volviendo a la Real Academia, vemos que define arte como “manifestación de la actividad humana mediante la cual se interpreta lo real o se plasma lo imaginado con recursos plásticos, lingüísticos o sonoros” y también “conjunto de preceptos y reglas necesarios para hacer algo”. 

La Real Academia no define lo que es arte escénica, con lo que es una cuestión que se debe decidir y después defender la decisión. Por lo general, las artes escénicas se cataloga en dos grandes grupos: teatro y circo, por un lado, y música y danza, por otro. La página web del ayuntamiento de Valladolid , por ejemplo, coloca las pestañas de esta manera: cultura > artes escénicas > narración oral.

 

2. La narración oral: un arte en encrucijadas 

Todos los que tratan este tema están de acuerdo en señalar que la narración oral es un arte de venerable antigüedad, de hecho, está unida a la aparición del lenguaje y antecede cualquier documento escrito que pueda haber llegado hasta nosotros. Sin embargo lo que hoy denominamos narración oral contemporánea es una actividad artística que empezó a desarrollarse a inicios del siglo XX, pero que en España surge medio siglo después. Es por tanto un arte nuevo y en plena formación. Esta doble característica lo convierte en un interesante fenómeno y los narradores orales contemporáneos no dejan de lanzar curiosas miradas al arte que se ejecutaba en el pasado.

El arte de contar es, por otra parte, un acto social que forma parte de la conversación y cuyo dominio da grandes ventajas en cuanto aprecio social. De hecho en las cortes del viejo régimen se escribieron varios tratados para cortesanos en el que recomendaban cultivar este arte y daban consejos para ello. Pero también es y ha sido un arte especializada, cultivada por profesionales desde tiempos antiquísimos, tenemos así por dar solo algunos ejemplos, los aedos, los bardos y druidas y los juglares.

La tercera encrucijada en que podemos colocar la narración oral es la dicotomía popular/culto, que también aparece a lo largo de la historia, pues tanto los oradores del mundo clásico como los predicadores del medieval usaban desde sus cátedras las narraciones como parte de su estrategia de comunicación, y lo mismo hacían las ancianas humildes cuando cuidaban a los niños.

Esta posición en medio de varias encrucijadas le da una enorme riqueza, pues los opuestos no se excluyen mutuamente, sino que hay y ha habido un constante intercambio entre ellos.

 

3. ¿Necesidad de colegiatura?, ¿de regulación?

El ser una profesión hace que tarde o temprano lleguemos a cuestionarnos si debe haber un proceso de unión entre sus miembros, pues otras profesiones tienen sus organismos. Médicos y arquitectos tienen cada uno su colegio que desempeñan varias funciones que van desde el apoyo, la ayuda y la sanción hasta el control, la certificación y la regulación. Deben ser los narradores orales quienes se enfrenten al dilema de si regular o no su profesión, creando una Academia o un Colegio y delimitando sus funciones.

Las más importantes sin duda caerían dentro del ámbito de apoyar, sancionar, recomendar u oficializar escuelas y talleres, aprobar diplomas, certificados y títulos. También podría funcionar como sindicato que establecería y defendería honorarios y tarifas.

Todo esto sin duda conllevaría sus conflictos, sobre todo con otros organismos e instituciones que se podrían creer perjudicados, o con los que se podrían sentir excluidos.

 

4. Aprender un oficio

Todo buen artista es un investigador, indaga en lo que pueda arrojar luz, resolver conflictos y abrir nuevos caminos; aunque tenga mucha experiencia, siempre está dispuesto a aprender.

La profesionalización de la narración oral conlleva el establecimiento de criterios de aprendizaje e incorporación de las reglas, conocimientos, capacidades y competencias necesarios para dominar este arte. Cómo aprender es una pregunta a la que todos los que se inician en una profesión y tienen un mínimo de curiosidad se hacen.

La transmisión del conocimiento y la incorporación de competencias se realizaba en las sociedades tradicionales por tres grados: se comenzaba como aprendiz y, tras un periodo de tiempo necesario para incorporar y practicar bajo la tutela de su tutor, se pasaba al de oficial por medio de alguna ceremonia de iniciación; finalmente, unos pocos, tras haber realizado una “obra maestra” accedían al grado de maestro que era el reconocimiento más alto que la comunidad otorgaba. Esta estructura que se desarrolló en los gremios es la que, curiosamente, heredó la universidad.

Pero, en nuestro caso, en la narración oral se ha producido una brecha insalvable entre la transmisión de saber y saber hacer tradicional dentro de una comunidad y el mundo contemporáneo. En un momento dado fue preciso reinventar el arte y esto fue tarea sobre todo de maestros, sobre todo de maestras, y de  bibliotecarios. Las publicaciones de estas personas, sobre todo en inglés desde principios del siglo XX no son pocas. Y muchos se formaron de manera privada: leyendo.

Luego la cosa se fue institucionalizando de manera más o menos precaria y empezaron a  aparecer escuelas y talleres, con resultados diversos, como todos los narradores orales conocen. Sin duda lo que mejor ha servido para el aprendizaje del narrador oral contemporáneo es aprender de sus compañeros por medio de la observación atenta y del debate generoso.

Cuando cualquiera se enfrenta a la idea de aprendizaje, debe tener claro que hay dos cosas que aprender: el conocimiento del oficio y de todo lo que lo rodea (saber) y la competencia (saber hacer).

 

5. Aprender de las artes escénicas 

Además del cómo aprender debemos también conocer y en su caso  integrar elementos interesantes de las demás artes escénicas. También este conocimiento servirá para aprender a diferenciarse, como gremio pero también como individuo, cultivando, dado el amplio abanico de posibilidades que se ofrece a cada narrador, un estilo propio.

Sin duda se puede aprender mucho del arte dramático, de la danza, de la pantomima, del teatro de títeres, de la Commedia del Arte, de los payasos, de los que practican los monólogos, y del canto. Cada una de estas artes puede enseñar a usar los órganos de la respiración o de al fonación, a usar el cuerpo de forma artística, a controlar el espacio, a crear y dirigir un espectáculo, a controlar diversas situaciones, o a improvisar echando mano de una serie de recursos. Cada una de estas artes ha desarrollado modos de hacer que los que se dedican a la narración oral pueden integrar o desechar, pero que sin duda será de gran utilidad conocer.

 

6. Aprender de las artes liberales

Si las artes escénicas pueden enseñar mucho, las más antiguas artes liberales también pueden dar una excelente formación. La música, por ejemplo, que es el arte de combinar sonido y tiempo nos puede dar modelos en cuanto a trato de armonías y disonancias, al fraseo melódico y al uso eficaz de silencios y pausas, así como a dominar los ritmos.

Pero hay otras artes liberales más cercanas, como lo es poesía, que es el arte de crear por medio de la palabra. Y recordemos que el inicio de la poesía es oral.

La oratoria, otra de las artes liberales, es quizá la disciplina que primero trató el arte de narrar en público y estableció categorías y modos eficaces, en su caso, para convencer. Cicerón y Quintiliano hablaron de ello. Y los predicadores medievales continuaron esta tradición llegando a producir excelentes colecciones de relatos cortos, los exempla, listos para usarse en los sermones. Pero no solo en el pasado la oratoria nos puede enseñar. Podemos aprender muchísimo del arte de predicar de los afro-anglo-norteamericanos, en especial en cuanto a la relación con un público activo y el juego de intensidades y el ritmo de la palabra.

 

7. Conocimiento teórico y enciclopédico

El conocimiento teórico es también importante pues nos sitúa en el qué, el cómo y el cuándo de una disciplina. Hay varios puntos importantes en los que se debe hacer hincapié.

La diferencias entre las dos formas de expresión verbal, la oralidad y la escritura, y las dos artes que de ellas nacen la literatura y la oratura. La literatura se ha impuesto en los países de tradición europea y ha ejercido una hegemonía que hace que sea preciso enfatizar la oratura, arte que ha quedado como algo subordinado y de alguna manera inferior por igualarse al analfabetismo o a las culturas subalternas, es decir, de los países colonizados. Bien es cierto que la oralidad que vivimos es, según la catalogó Ong, secundaria, es decir que la oralidad y la escritura se mezclan en nuestro entorno, y así ha sido durante todo el desarrollo de las culturas occidentales, pero aún así es necesario tener claro las características y recursos que ambas modalidades tienen, para no hacer en conceptos tales como los de literatura oral, que muestra claramente la supeditación de lo oral a lo literario. Es preciso salir de la idea de texto (que hace referencia a la escritura) y ahondar en la idea de discurso (que hace referencia a lo oral). El conocimiento de las diferencias y recursos que hay entre literatura y oratura sin duda redundará en una mejor conciencia del narrador oral al moverse entre uno y otro ámbito y también le dará instrumentos para comprender los nuevos a los que se enfrenta con la revolución que estamos viviendo en el mundo de la comunicación electrónica y cibernética.

Necesario será también el conocimiento de los géneros narrativos tradicionales, ya que cada género exige un estilo y una estructura diferente: el cuento (en sus modalidades: maravilloso, de hadas, exempla, de animales, de humor, etc.), el mito (de la creación o etiológico, heroico, de la destrucción), leyenda (la histórica, la local, la mal llamada urbana). También los géneros más modernos, como el caso, la anécdota, el chiste y las categorías que la folclorística nórdica y anglosajona ha visto la necesidad de crear, como la memorata o la fabulata. El conocimiento de las características de cada género, sobre todo en cuanto a estilo y estructura, pero también en cuanto a modo de creación y transmisión, enriquece al narrador oral, pues le da recursos e instrumentos. El conocimiento de otros géneros no narrativos pero que han sido objeto de estudios folclorísticos es también importante, por la riqueza que dan: los dichos y refranes, las adivinanzas, los brindis, las comparaciones proverbiales y, finalmente, la lírica (coplas) y la narrativa en verso (romances y corridos).

La historia del cuento, sobre todo del tradicional, es también un elemento importante en el conocimiento enciclopédico. Por lo general se descuida este saber para enfatizar el conocimiento del cuento literario*. 

La historia de la folclorística, sobre todo la que se ha aplicado a la narrativa es sin duda importante, las grandes colecciones de cuentos y de otros relatos de muchas culturas se han realizado de acuerdo a los parámetros de diversas escuelas folclorísticas, que dictaminaban qué y cuánto se incluía (y qué se dejaba de lado), de quién se tomaba el material, el modo de transcribir el relato y convertirlo en texto, la información contextual y la crítica histórica, estilística, estructural, etc.

La historia y geografía de la narración oral es una tarea a la cual nos tenemos que dedicar, pues el cultivo de un arte sin conocer de dónde procede y en qué ámbito se mueve es siempre incompleto. Habría que distinguir dos grande ámbitos históricos: la narración oral de la Antigüedad al siglo XX, incluyendo a aedos, bardos, juglares, ciegos, etc., y el desarrollo de la narración oral contemporánea. En cuanto a geografía, deberíamos conocer cuanto podamos de la narración oral española, la hispanoamericana, la europea, pero también la musulmana en sus diversos aspectos, la africana, la oriental, de la India al Japón y la indoamericana.

Un conocimiento teórico sólido nos lleva a tener una idea clara de los diversos tipos de narración oral

  • según el público
  • según el contenido
  • según el contexto
  • según el narrador

Otros conocimientos que vienen muy bien al narrador es el de los estudios sobre narratología, en especial de aquellos que parten de los estudios de Vladimir Propp. Pero también se debe saber algo de la teoría de la comunicación humana y sobre la psicología de la recepción.

 

8. Saber hacer

El conocimiento de un arte no puede ser completo sin la competencia. Esta es la aplicación del saber a la acción: el saber hacer. He aquí una lista sin duda no completa de competencias relacionadas con la narración oral:

  • Creación y recreación: preparación del discurso 
    • El nuevo
    • Adaptación del repertorio a la sesión
  • La memorización
    • formas de memorizar: lo textual y la imagen
    • Ejercicio de la memoria creativa
  • Cómo tratar el material
    • Lo oral y la oratura textualizada
    • La oralización de lo literario
  • El arte de la improvisación. 
  • Conocimiento de recursos; saber usarlos.
  • La formación de un repertorio.
    • Trabajar con diversos tipos: permanente, inactivo, intermitente, latente.
    • Fosilización y olvido.
  • El público. 
    • Tipos y características 
    • Historia del público en las artes escénicas
    • Pedagogía contra la pasividad.
  • Los contextos. 
    • Los lugares: bibliotecas, escuelas, hospitales, cárceles, teatros, cafés, plazas, escenarios
    • los tiempos (duración del los relatos, de las sesiones, colocación de relatos de diversa duración); (la época, el momento) uso del tiempo circular y ritual
    • las situaciones (dadas, surgidas)
    • culturas, países: saber conectar, saber comunicar desde al diferencia.

 

9. Cuestiones empresariales

Finalmente, cierta formación empresarial le vendrá bien  todo narrador oral, dado que es también un emprendedor. He aquí una lista de temas que se deberían tratar:

  • Relaciones con establecimientos: figuras legales, contratos.
  • Relación con la SGAE, con otros autores: idea de propiedad.
  • Relación con el Estado, con Hacienda.
  • Relación con otros miembros: ayuda mutua, solución de conflictos y cuestiones éticas.

 

Juan José Prat Ferrer
IE University

 

*N. del Ed.: En este sentido recomendamos el imprescindible Historia del cuento tradicional del mismo autor de esta conferencia.


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