Siendo objetivos, la narración oral en México como actividad artística está en el peor de sus momentos.

Sí, existen narradores que están comprometidos con la profesión. Son gente que está en una constante búsqueda por mejorar su trabajo y por aprender de otras disciplinas; que exige condiciones dignas para realizar su trabajo y busca un pago justo; que es sincera consigo misma al momento de narrar; y que dedica buena parte de su tiempo a leer, no sólo para buscar repertorio, sino también para enriquecerse de todas las lecturas posibles.

Sin embargo, son más las personas que "cuentan un cuentito" por hobby o por terapia, que piensan que la narración oral consiste en aprenderse de memoria un relato y decirlo sin omitir ningún signo de puntuación y que aseguran que contar un relato es algo muy fácil. Hoy en día, cualquiera es cuenta cuentos; basta con disfrazarse para aparecer en escena dándoles igual si es un colegio, una fiesta de cumpleaños o una plaza al aire libre. Y no faltan los intrépidos que venden proyectos pedagógicos o enfocados a los niños especiales sin tener la formación necesaria o un mínimo de experiencia en la materia.

Hablar de los festivales de narración tomaría varias páginas pero, en resumen: la mayor parte de ellos son proyectos en donde no se dedica un esfuerzo importante a gestionar los recursos (económicos, materiales y humanos) para realizar un verdadero festival; donde se reacciona de manera improvisada ante cualquier situación; donde no se cuida la calidad de las propuestas de sus participantes; y donde el apelativo de "Internacional" depende del paso coincidente y conveniente de narradores extranjeros por México; donde se explota a los artistas para desquitar el último centavo de lo que cuesta alojarlos y darles de comer; donde se programan actividades en cualquier espacio sin consideraciones.

Parte del problema tiene que ver con una mala interpretación del contar. Es cierto que todos tenemos algo que contar y que para hacerlo sólo necesitamos un par de orejas dispuestas a escuchar. Efectivamente esto es cierto, pero cuando estamos hablando de una actividad artística las reglas cambian... y los que estamos involucrados con nuestra profesión tenemos que luchar para que estas reglas se cumplan.

Otra parte importante de la problemática actual viene de los talleres de formación. Los maestros se preocupan mucho en que sus alumnos sean una copia fiel de ellos mismos. Dejan de lado cuestiones tan básicas como el uso del micrófono o más fundamentales como la parte moral al ejercer esta profesión. No hacen hincapié en que la narración conlleva una gran responsabilidad empezando por el narrador mismo, que debería buscarse en el camino de la narración para aprender a compartirse a sí mismo con el público a través de sus relatos.

Tampoco hay autocrítica. El ego se va comiendo poco a poco a los que sólo buscan triunfar en cada función.

Finalmente, a pesar de aquellas personas que claman tener muchos años de labor en la narración oral, lo cierto es que hoy las instituciones públicas encargadas de la cultura siguen viendo a los narradores como "actores desempleados" y a la Narración como una actividad menor que no es digna de incluirse al resto de las expresiones artísticas. En México, en el mejor de los casos, los apoyos públicos para los narradores orales son las migas del presupuesto para las artes escénicas; programas como Iberescena no contemplan a la narración oral en México dentro de su convocatoria.

Hoy le toca a las nuevas generaciones de narradores hacer el trabajo que no hicieron las personas que en su momento dieron inicio de manera formal a esta actividad, herederas de las cátedras de Garzón Céspedes: andar el largo camino para posicionar a la narración oral como una verdadera expresión artística, ejercer esta actividad con conciencia y con profesionalismo y exigir que se le dé lugar en espacios dignos y con sueldo justos. Ojalá no tengan que pasar otros 30 años para recuperar el tiempo perdido.

Aunque la situación de la narración oral está muy deteriorada, por fortuna existen profesionales enamorados de esta actividad y que están dispuestos a buscar espacios, seguir creciendo como artistas, e invitar a otros a que se sumen a los proyectos hechos con conciencia.

En 2003, junto con Ángel del Pilar, fundamos la agrupación "Cuentos Grandes para Calcetines Pequeños". En 2008, tras constatar que la narración oral en la Ciudad de México estaba perdida en un círculo vicioso (al menos con las instituciones públicas), buscamos crear nuevos espacios por cuenta propia, en colaboración con los amigos y, principalmente, en el Estado de Oaxaca donde iniciamos con pie derecho y establecimos condiciones muy claras y no permitimos que el "regateo" nos hiciera retroceder un paso en el camino andado.

A lo largo de estos años han surgido varios proyectos: el espacio de narración para público infantil que tiene funciones de cuentos todos los domingos del año en el Jardín del Arte de Sullivan desde 2004; los talleres de narración oral en la Biblioteca de México; el Festival de Cuentos para Niños que se realiza en la Ciudad de Oaxaca a finales del mes de abril con motivo del Día del Niño; y la casa editorial que desde 2013 ha publicado libros como el libro-álbum para niños "Ciudad sin Colores" del escritor Aldo Méndez de Cuba y "Buenos días Doña Muerte" escrito por Pascal Teulade e ilustrado por Jean-Charles Sarrazin, ambos franceses.

Casi diez años después de haber iniciado labores en Oaxaca, aún es temprano para cantar victoria, pero sabemos que vamos por buen camino y esperamos motivar a que otros hagan lo propio.

Víctor Arjona

Ciudad de México, 1976
Narrador desde julio de 2001. Ha participado en festivales internacionales realizados en México, Sudamérica y Europa; en varios de ellos se ha homenajeado su trabajo en el ámbito de la narración. Fundador de "Cuentos Grandes para Calcetines Pequeños"
A lo largo de estos años, ha estado en constante formación para experimentar con otras formas de contar y ha tenido acceso a diferentes textos de teoría sobre la narración oral. La mayor parte de su repertorio se integra por historias de tradición oral y, aunque normalmente las cuenta utilizando sólo su voz y su gestualidad, a veces utiliza apoyos visuales como pañuelos, el teatro Kamshibaï y libros bordados en tela. La propuesta de libros bordados fue presentada en enero de 2015 en el MAAOA de Marsella, Francia para la clausura de la exposición "Visions Huichol un Art Amérindien".

 


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