En México muchos de los fenómenos artísticos y culturales dependen de las instituciones gubernamentales: teatros, foros, festivales, producciones, programas culturales, becas, etc. Esta relación no está del todo mal si consideramos que son nuestros impuestos los que nos permiten tener estos “beneficios”, los cuales, dicho sea de paso, cada vez son menos debido a que año tras año los recortes presupuestales para la educación y la cultura son más recurrentes, severos y contundentes.

De alguna manera la narración oral se ha visto beneficiada de esta relación entre la cultura-arte e instituciones gubernamentales. La constancia y el esfuerzo de numerosos narradores como Armando Trejo, Vivianne Thirion, Beatriz Falero, Marilú Carrasco, Moisés Mendelewicz, entre muchos otros, han contribuido a que las instituciones consideren la narración oral como un arte escénico y una disciplina independiente de la literatura o del teatro. Asimismo, han logrado que la narración oral gane terreno en espacios culturales, programación en diversos foros, teatros, ferias, festivales o programas de estímulo para la creación.

De todos los programas que actualmente existen me gustaría resaltar uno de los que goza de mejor salud y solidez. Me refiero a “Regaladores de Palabras” coordinado por Benjamín Briseño y Edna Rivera. Su éxito radica, quizá, en el ejercicio de democratizar los espacios de expresión artística con la finalidad de albergar todas las propuestas de narración oral, nacionales e internacionales, sin importar la corriente, el maestro, la asociación o grupo al que pertenezcan. Todos tenemos cabida en alguno de los tres espacios de la UNAM donde opera el programa.

En este matrimonio de la narración oral y las instituciones gubernamentales no todo es miel sobre hojuelas, ya que toda codependencia siempre conlleva un lado obscuro. Por ejemplo, podríamos hablar de lo bajo que se cotiza una función en la Secretaría de Cultura, el tiempo que tarda en pagar el gobierno o del desinterés por mencionar nuestros nombres en algunos programas de mano de ferias o festivales.

Los programas institucionales han formado públicos que asisten a espectáculos de narración oral. Desafortunadamente estos públicos no están acostumbrados a pagar por un boleto, ya que toda la oferta cultural institucional es de entrada libre. Por eso los pequeños esfuerzos de rentar teatros para presentar espectáculos de cuentos son tan arriesgados que pocos se animan a esta titánica aventura.

La narración oral en la mayoría de los programas institucionales tienen un enfoque infantil, ya que muchas veces se pone la narración al servicio de la promoción lectora o la difusión de fondos editoriales. Por un lado esto nos permite a los narradores tener un mayor campo laboral; por otro lado esto ha provocado que las propuestas de narración para adultos encuentren poco apoyo en las instituciones o que sean escasos los foros independientes que albergan espectáculos para otro tipo de público que no sea el infantil. Así, muchos de estos espacios independientes ya no están vigentes; otros sólo aparecen temporalmente en festivales, quedando sólo unos cuantos que podrían contarse con los dedos de una mano.

Tenemos que sanar la unión de la narración y las instituciones gubernamentales. Para ello es necesario enfatizar en que los espectáculos de cuentos pueden ser para todo público, incluidos los adultos. Es necesario insistir a los entes gubernamentales en el incremento de los sueldos, que nos paguen a tiempo, que seamos considerados como artistas. Recalquemos que la narración no tiene la obligación de fomentar la lectura. Como comunidad de narradores, busquemos mejorar la calidad de nuestros espectáculos y colocarlos en muestras de artes escénicas nacionales e internacionales.

Dejemos que la narración oral tenga algunos amantes fuera del gobierno que le permitan encontrar nuevos espacios escénicos independientes, donde los narradores tendremos que ser los primeros en llenarlos. Tenemos que generar estrategias para la creación de nuevos públicos que estén dispuestos a pagar por un espectáculo de narración oral; públicos que vean todas las propuestas, tantas, que cada vez se vuelvan más receptivos y exijan a los narradores mayor calidad artística.

Norma Torres
Ciudad de México, 1982
Es actriz egresada de la Escuela Nacional de Arte Teatral. Cuenta con un diplomado en LIJ por la Universidad Iberoamericana. Es narradora oral desde el año 2000, disciplina con la que ha obtenido estímulos para la creación por parte del Fondo Nacional para la Cultura y las Artes, Fundación BBVA Bancomer, entre otras. Desde 2005 forma parte el equipo de narradores orales de “Alas y Raíces”, programa de la Secretaría de Cultura (antes CONACULTA). Ha participado en diversos foros, ferias y festivales nacionales e internacionales como en Argentina, Colombia, Cuba, Chile, Ecuador, EEUU, España, Panamá, República Dominicana y Uruguay. Ha sido conductora de televisión, docente y promotora de LIJ. Forma parte del elenco de la obra de teatro “El pájaro Dziú”, donde musicaliza en vivo. Colaboró como narradora y guionista en la app “ilana’s notebook” y en algunos cortometrajes animados con No Budget Animation. Recientemente lanzó una producción discográfica de canciones y cuentos infantiles, titulado “¿Lo soñé o me lo contaron?”.


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