He tenido la suerte de que la provincia de Huesca haya sido el escenario de las dos últimas Escuelas de verano de AEDA y de las Jornadas sobre narración oral y lectura. Y digo suerte porque, sin que supusiera un gran desplazamiento para mí, durante esos días pude compartir aprendizajes, experiencias y momentos con mucha gente del oficio con la que probablemente si no, no coincidiría.

El oficio de narrar es muy solitario, y más en una provincia como la mía en la que no somos muchos. Sí que tenemos la suerte de tener bastantes espacios donde narrar, pero pocas ocasiones en las que juntarnos con narradores. El poder compartir durante una semana horas y horas con narradores venidos de orígenes tan diversos, hace que nos sintamos más unidos, compartamos puntos de vista, reflexionemos sobre nuestro trabajo, su estado y qué seguir haciendo para mejorarlo. Las formaciones, talleres, charlas y debates que se pueden dar durante esta semana creo que nos sirven de alimento durante los meses en que seguimos trabajando en soledad. 

Por otro lado, es interesante el impacto local que la Jornada y la Escuela dejaron tanto en Graus como en Huesca. La Jornada, en los dos lugares, tuvo bastante afluencia, acudieron la mayoría de las bibliotecarias de la provincia de Huesca y algunas de Zaragoza. Cuando después he regresado a sus bibliotecas todas me han comentado el ambiente de compañerismo que encontraron en la Jornada y la profesionalización que vieron en ella. Creo que para los narradores fue un acierto que los dos años la Diputación de Huesca las invitara, pues fue un gran escaparate en el que ellas pudieron conocer gente y ampliar contactos, ya que a menudo ocurre que desconocen dónde buscar nuevos narradores. 

A la Jornada también acudieron maestras y participantes en clubs de lectura de la ciudad. Después he podido coincidir con gente que participó en ella y la crítica ha sido muy positiva. 

Para mí, quizás, sí que faltó más difusión de las sesiones abiertas, puesto que mucha gente con la que hablé en las semanas posteriores creyeron que eran sesiones cerradas para los participantes de la Escuela. Quizás también el tiempo que hizo en Huesca durante esa semana no ayudó, pues muchos prefirieron quedarse en pueblos, piscinas y ríos para huir del excesivo calor. 

En mi opinión, creo que es una experiencia muy positiva para el lugar que acoge la Escuela de verano, sin olvidarnos del impacto económico que deja en la ciudad. Alojar durante una semana a unas 50 personas, no es nada despreciable. Dos hostales completos, un restaurante con el comedor lleno durante toda la semana, restaurantes para las cenas, tiendas, bares, actuaciones y fiesta. No estoy dentro de la organización, no sé qué presupuestos se manejan para organizar algo así, pero seguro que habrá habido más de un negocio en la ciudad al que no le importaría que se realizara aquí en más ocasiones. 

Creo que una ciudad como Huesca es un lugar perfecto para un evento de estas características. Los participantes pudieron encontrar una ciudad accesible, tranquila, paseable y segura, con todos los servicios que necesitaron y un buen ambiente. 

Para mí en el recuerdo queda, entre otros momentos, la noche en la plaza del mercado con una cerveza en la mano y una larguísima mesa llena de narradores contentos venidos hasta mi tierra. 

 

Sandra Araguás

 

Artículo publicado en el Boletín n.º 76 – Jornada y Escuela AEDA. Un proyecto formativo en torno a la Narración Oral 


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