Todos nos hemos visto intimidados en un ascensor por la mirada de un bebé ¿o no?

Te mira sin parar de chupar su chupete o sin dejar de mover su pie dando golpes rítmicos sobre la sillita de paseo, o te mira con esa cara de “nada” que te hace dudar de todo. Es una sensación extraña, es como si te estuvieran desnudando el alma, como si adivinaran algo oculto de nuestro ser.

Los bebés son los reyes de la sabiduría. Según dicen, nuestra especie en cada generación mejora, así que los bebés son mejores que nosotros. Nosotros, pobres mortales que nacimos más sabios genéticamente que nuestros padres, pero somos menos sabios que nuestros hijos o sobrinos o ese niño del ascensor, compartimos el mismo mundo pero ¿el mismo universo?. Partiendo de este punto, desde esta mirada, podemos plantearnos trabajar, crear, contar…para bebés. Porque los bebés sí que se enteran, los bebés saben de poesía, saben de ritmo, saben lo que hay más allá de las formas, su universo no tiene fronteras, es después, cuando no paramos de ponerles trabas, normas, muros, culpas…es después, cuando el ser humano pierde la espiritualidad por aprender dogmas de fe y no nos enteramos de las cosas…

Para contar a bebés hay que ser sincero con uno mismo, respirar tranquilo, no sentirse con ganas de huir si algún llanto inunda la sala…( ese llanto puede ser : por un gassssssssss, la dentición, un mal dormir, que el bebé se sienta melancólico, que le asuste ese gentío, que no le guste el espacio…, no te sientas un contador -monstruoso). Para contar a bebés hay que entrar en su tempo de caracol, sin prisa pero sin pausa, aceptando que llueva o haga sol, que sea lunes o domingo…no pasa nada y pasa todo.

 

Sorprenderse con el auditorio, divertirse, jugar y porque no, también llorar. Aunque tengo que decir que sentir la carcajada de un bebé cuando estas contando, para mí es un regalo de los dioses, un maná…que digo maná, es un manamaná tuturuturuuu. Para contar a bebés hay que desempolvar la intuición y poner la empatía a máxima potencia.

 

Como siempre, tenemos que tener de cómplices a los padres o a los educadores, según sea el caso. Son su referente, si un niño ve a su madre,padre,abuela,educador… mirar tranquilo al cuentista, él estará tranquilo. Si un padre entra en la sala diciendo “bueh, éste no sé yo”, pues “malament” empezamos. Por eso es importante una pequeña charla, pequeña, antes de entrar al espacio donde se va a contar, y dar confianza a los acompañantes, decirles que respiren, que no quieran que su hijo sea el que mejor se porte y que tampoco pretendan obligarle si no tiene el día (porque un niño que se levanta y corre por la sala es un movilizador de masas que ya quisieran los que organizan manifestaciones…). Decirles que enciendan el sentido común y si ven que su hijo molesta que se lo lleve fuera (sí es un horror, a veces se piensa: vaya no pude contagiarle con mi estupenda contada…pero no os lo toméis a pecho, tal vez quiera pecho, o es más interesante disfrutar de unos pasos, ahora que ya ha conseguido mantenerse en pie, que estar en un sitio cerrado…)

Es importante el ritmo, la musicalidad, los silencios, las miradas, contar con todo tu ser… pero yo me pregunto ¿acaso estas cosas no son importantes siempre?, ¿acaso no es así como se cuenta a todo tipo de público? Independientemente de la edad, hay públicos que son un “en-canto” y otros que son un poco “en-canto-piedra” ya lo sabemos. Es mejor no sobrepasar los 30 minutos, es más, mejor no llegar a ellos…y yo me pregunto de nuevo ¿ acaso no está estudiado que el “homo-a” adulto-a tiene unos 20 minutos de atención plena?. No son tantas las diferencias como a priori podíamos pensar, las hay, claro, igual que las hay entre contar para adultos y para niños. Lo que sucede con los bebés es que la energía es diferente y que te ven por dentro. También hay públicos bebés buenos y no tan buenos, bebés demasiados motivados, muy nerviosos…pero si mantienes la confianza todo irá mejor, ¿y no es así siempre, cuentes a quien le cuentes?...

Y sobre todo y ante todo… no caigáis en lo ñoño. Ser ñoño… ¡¡¡AAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAHHHH!!! No por favor. Naturalidad, sinceridad, veracidad….y me vuelvo a preguntar ¿a quién le gusta que lo traten con ñoñería? Algunos dirán: a los tontos…, pero mira, yo soy un ratico tonta y tampoco me gusta. Tengo que añadir que hay gente que es ñoña de natural… y yo me aventuro a decir que si es de natural… pues será sincero, no chirriará.

El espacio es fundamental, tiene que ser cálido, sin demasiado calor, acogedor, que de “buen rollo”( sí,” eso” que sentimos cuando buscamos casa y… algunas aunque no estaban mal de precio y estaban bien situadas… pero como no daban buen rollo… nunca las alquilamos o las compramos). A veces, desgraciadamente más veces de lo que a nuestro ánimo le gustaría soportar, los espacios son vacíos, fríos de espíritu, casi morgues (son mortales, es verdad).

Yo aconsejo llevar algo que envuelva, que suavice la sensación de frialdad, puede ser una tela, algo escenográfico o una música, un instrumento, una luz cálida (odio los fluorescentes)…algo que sea “casa”, porque les invitamos a entrar en nuestra casa imaginaria llena de historias que les hemos preparado para ellos, y como somos buenos anfitriones queremos que estén cómodos. ACABAN DE SALIR DE UNA CASA MUUUY CONFORTABLE, NO LO OLVIDEIS.

Colocación: sobre esto aún estoy investigando… Tienen que tener buena visibilidad, eso es fundamental. Normalmente esto es lo que sucede : si van con padres, cada niño se sentará con su progenitor, y los niños de la segunda fila no verán, los mayores no les dejarán ver. Lo ideal sería poner gradas: primera fila en el suelo, segunda en grada y tercera, si hiciera falta, en una grada más alta. Esto sería lo ideal pero nos encontramos con problemas de tipo económico “de dónde saco yo “Money” para comprar gradas y llevarlas de un sitio a otro?, porque ya demasiado que contratan para bebés…” como para pedir “graditassss…” pero es importante al menos decirle a los organizadores cuál sería el espacio ideal.

Número: lo ideal sería 30 niños (nunca más de 40), con su acompañante, 1 niño-1 adulto. Si entran dos adultos por niño pues serían 30 niños y 60 adultos…”¡¡¡ pero no era una contada para bebés¡¡¡….” Además, si entra mucho adulto aquello se convierte en…”¡ ay mira que carita, hazle una foto…!”, (porque también hay que tener en cuenta lo bobos que nos ponemos los padres con nuestros retoños…)

Como somos ya mayorcitos y nos encanta ser “PEDAGÓGICOS” y nos exigen serlo también, crearemos una sesión de cuentos para que todos se queden tranquilos, los papis, las educadoras…vale está bien, está genial, jugamos con formas, colores, hábitos de comportamiento.... Pero pensad a la hora de preparar vuestra sesión en el bebé que todos hemos sido, en ese espectador que todos llevamos dentro, en ese espectador que sin pasar por la razón, sabe si el espectáculo que está viendo le lleva a otros mundos, si le mece, si lo mueve, si conecta con él... Yo creo que cuando las cosas están hechas con sinceridad, con placer y con cariño algo llega, nada muere, algo crece. Y el bebé, más que otro público, lo sabe…aguántale la mirada al bebé del ascensor hasta el séptimo piso sin que te produzca sudor… y ahí lo tienes.

Y recuerda que nacemos poetas

“yo,

nací al mundo con pelo, con llanto…

reí y me hice luz

porque supe,

mientras llegaba,

que nacer

es una poesía”

 

Eugenia Manzanera

Calalberche 15 de noviembre 2010


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