celso

Si alguien puede hablar con conocimiento de causa de la relación de la gente mayor con la narración oral, ese es Celso Fernández Sanmartín. No solo porque trabajó diez años de animador sociocultural en residencias, sino también porque su material narrativo surge y va macerando a partir de sus encuentros y charlas con mayores.

Le hemos hecho tres preguntas en esta minientrevista, para complementar un magnífico artículo que escribió para el Boletín n.º 69 de AEDA, coordinado por la compañera Laura Escuela, titulado “No sé qué para qué me sirven las manos”.

Él mismo se presenta así:

“Tengo el oficio de narrador oral porque tengo una vida muy poco interesante y me asombro de las vidas ajenas, sobre todo aquellas en las que el componente físico y espacial están en épocas pre-tecnológicas, o sea, cuando la gente asumía que la vida era transitar y exponerse, cuando cualquier entorno deparaba peligro y sorpresa por igual, y donde había que valerse del lenguaje oral para relacionarse con viveza e inteligencia, con memoria.

Soy etnógrafo por pasión o mejor, por amor, porque no hay una persona mayor que contándome su vida no me haya hecho comprender por qué amo este oficio.

Soy horticultor y sin esto no puedo pasar, pues me apoyo en los saberes y ritmos del cultivo de la tierra.

También soy poeta y lector y tan solitario como sociable, sin sabérselo explicar mejor”.

Cuando te cuentan una historia, ¿Cómo es el proceso que te lleva después a narrarla de forma escénica y fuera del contexto en el que se suele contar?

Primero es el fogonazo. Hay que entender que en mi caso una historias escuchada a veces me provoca algo parecido a eso, a un fogonazo, una sorpresa que desde mi oído se va a mi carne y me causa un hervor interno y es inmediatamente una historia que deseo contar, pero pasa pocas veces, incluso con informantes adoradas. Es como ir a por setas, estar en el monte ya merece la pena, y al momento que aparece la seta se junta intuición y alegría, y cuanto más tratas y conoces a alguien, más complicidad existe, y es sumamente importante llegar a ella.

A mí me interesa el contexto en que una historia me llegó y me enamoró, por eso también suelo contarlo. Narrar de forma escénica es traerlo todo al lugar donde vienen a escucharte. Si este sitio es bueno para contar, imaginaos la cocina, el camino, la huerta, el bar a la hora en que me contaron lo que os cuento.

Narrar oralmente es para mí convocar a quienes me contaron. Nunca estoy solo. Mi soledad en todo caso, no dependería del público.

¿Qué particularidades tienen las personas mayores como público de cuentos?

Depende qué cuentos se le cuenten y cómo, también dónde y cuándo. Todos esos parámetros.

Cuando se les llama contadoras naturales es porque cualquiera de los materiales de la literatura oral les es propio, porque lo han recibido y lo han recreado, lo han mamado y han crecido con esa leche cultural, y si esos son también tus materiales porque te has interesado en escuchar sus vidas, pues ya está todo dicho.

Muchas veces, sobre todo cuando se hace la diferenciación entre literatura culta y literatura popular, recuerdo algo que Oteiza le respondió a alguien que fue a ver el santuario de la Virgen de Arantzazu, obra suya, y le dijo, quitándole valor.

- Pero si este santuario no se distingue de mi caserío…
- Pues por éso, para que cuando vuelvas a tu caserío digas que no se distingue del santuario de la Virgen de Arantzazu.

El recuerdo de este fragmento de conversación puede gozar de inexactitud en las palabras pero no en el sentido, porque también en mí es memoria oral.

- ¿Qué podemos aprender los narradores profesionales de los mayores que cuentan historias?¿Qué nos aportan?

Tiempo de escucha, saberes y compañía.

Comprender cómo se teje la microhistoria con los estudios históricos.

Y como ya apunté, todos los materiales de la literatura oral están aún en sus bocas como materiales llegados de otras bocas, como se dice en galego xente con xente (gente con gente), en Galicia se dice mucho cuando los niños o niñas quieren estar juntos para jugar, cuando sólo verse les lleva a juntarse, y yo lo amplío aquí al interés y la necesidad que tenemos quienes nos dedicamos a este oficio de ver de dónde sale gran parte del agua que embotellamos. Piensen en eso.

Entrevista realizada por Elia Tralará para el Boletín nº. 77 - Personas mayores y narración oral, un camino de ida y vuelta.


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