Contar en grupo se pueden entender muchas maneras. Una podría ser aquella realizada por un grupo de personas que se reúnen y hacen una sesión de cuentos, sin tener mucho más en común que esa sesión que van a realizar en un momento concreto. Otra la que ofrece un grupo formado como tal y que cuentan juntos, pues comparten nombre, pero cada uno cuenta su cuento de modo individual, y la sesión puede ser o no, preparada en grupo, de modo que el grupo entero decide qué se cuenta, orden, etc., o no. Y contar en grupo a varias voces, compartiendo la sesión entera y cada una de las historias.

Légolas colectivo escénico, cuenta de esta última manera, y es la manera que entiende que es contar en grupo, porque realmente no sólo compartes una sesión con el otro, sino cada una de las historias, cada instante de la sesión, cada encuentro con el público, y todo el trabajo previo hasta llegar a ese momento.

 

Cuando comenzamos a contar en Légolas, al principio cada uno contaba su historia, no comenzamos contando a dos voces; pero sí que desde el principio compartíamos la sesión. La sesión siempre era conjunta, con una intención común, analizando cada una de las historias en grupo. Partíamos de un tema, que tras debate, quisiéramos trabajar conjuntamente y por eso nuestras sesiones desde el principio han sido temáticas, con un repertorio cerrado. Analizábamos que queríamos contar, proponíamos diferentes historias, veíamos quién podía contar qué, descartábamos ideas, añadíamos otras, ensayábamos juntos y hacíamos la crítica al compañero, desde cómo lo contaba hasta qué contaba, si debía poner más o menos el acento en una parte o en otra.

 

Nosotros ya existíamos como grupo, como tal Légolas colectivo escénico comenzó a trabajar conjuntamente en el año 1991, y Manuel y yo (Carmen) nos conocíamos aún de antes, por eso llegamos a contar en grupo de manera más natural que tal vez otros grupos, pues ya éramos grupo antes de comenzar a contar.

Y después de compartir las sesiones llegó el compartir las historias al completo, contar a dos voces. En nuestro caso ha sido algo que se ha ido fraguando lentamente, como una necesidad a la que hemos dejado crecer. Por eso no nos ha costado grandes esfuerzos llegar a contar a dos voces. Empezamos contando cada uno su cuento y poco a poco las voces se fueron encontrando. Ahora no concebimos los cuentos a una sola voz. De hecho, cuando alguno de nosotros tiene que contar solo los cuentos creados o trabajados en grupo, se siente raro, como cuando falta algo, y es que realmente es así.

Contar a dos voces sólo se consigue a base de escuchar, ceder, de confiar cuando no ves claro lo que el otro propone, y manteniendo tu criterio cuando lo tienes clarísimo. Después hay una parte técnica que trabajamos para crear una voz común. Por eso la visión personal de cada uno como narrador, se pone al servicio del otro, reuniendo fuerzas e imágenes ante una historia y ante un público. En el momento de contar la escucha hacia el otro debe ser completa, así como tu disposición y confianza, siguiendo el camino que el otro está recorriendo en ese momento, no sólo debes escuchar al público, sino también al compañero porque en ese momento estamos creando los dos algo conjuntamente con y para el público.

Y en esta profesión, que en general es tan solitaria, para nosotros es un lujo el poder realizarla en grupo. Juntos compartimos los kilómetros de carreteras, y los viajes a donde nos lleva cada historia y cada encuentro con el público.

Carmen Fernández Calvet

(integrante de Légolas Colectivo Escénico)


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