Contar cuentos en la radio debe de ser casi tan viejo como el propio artilugio. Si el acto de narrar historias de viva voz es bien antiguo, es de suponer que una vez que apareciera la radio y esta se convirtiera en el lugar de encuentro que es entre los emisores y los receptores, los cuentos contados debieron estar presentes. En nuestro país las primeras grabaciones radifónicas de cuentos realizadas a conciencia parece que datarían de inicios de la década de 1960. “Los cuentos de la radio” fue una grabación de Radio Nacional de España, con su cuadro de actores, de cuentos de hadas. En los años 70, del pasado siglo, se volvieron a grabar más cuentos, también con el elenco de Radio Nacional, y seis de ellos vieron la luz en 2007 en un CD editado por la propia cadena bajo el título de Cuentos en la radio.

Desde entonces  y hasta ahora, y quizá especialmente a partir del nuevo siglo, las grabaciones y emisiones de cuentos en la radio se han multiplicado muy significativamente, no solo en la radio pública sino también en las cadenas privadas, y por supuesto en el fenómeno Podcast, del que también me gustaría hablaros. Y creo que buena parte de ello se debe al resurgir en nuestro país de la narración oral, o tal vez a la profesionalización del oficio y encontrar en este medio, no solo un lugar donde contar cuentos, sino también una forma de ingresos. Aunque a este respecto me gustaría matizar que de los cuentistas que realizan esta labor, son pocos los que realmente perciben un dinero por ello. En muchos casos, se trata de colaboraciones que repercuten en el narrador o la narradora de otra manera; bien sea a través de publicidad o con el aprendizaje que supone contar cuentos en la radio si se hace de manera profesional.

 

Sobre la cocina de contar en la radio

Hace más de quince años comencé a contar cuentos en la Cadena SER, concretamente en SER Henares. No los contaba solo, ni los cuento, sino que es una actividad más que realicé y realizo con Carmen Fernández a través de Légolas Colectivo Escénico. Llegamos a esta emisora local de la mano de Javier Galicia, su actual director, y lo hicimos casi a trompicones. Se trataba de cubrir las desconexiones locales. Las emisoras locales de las grandes cadenas generan contenidos propios, pero sobre todo se nutren de los contenidos de ámbito nacional y autonómico. Lo que significa que cuando la nacional o autonómica entran en publicidad, las locales, se desconectan y emiten su propia publicidad. Aquí entrábamos nosotros, especialmente si no había suficiente publicidad. Se trataba de cubrir los vacíos publicitarios con cuentos. Así, entre un anuncio de Cocinas Paquito y otro de Gestoría Paquito se escuchaba un cuento. De manera que un mismo cuento se podía escuchar varias veces al día y se podían dar situaciones como que un conocido te dijera que la noche anterior te había escuchado durante la emisión de El larguero, que para quien no lo sepa se trata de uno de los programas deportivos, o más bien futboleros, de la noche más escuchado, líder de audiencia en el IGM durante años. O que por la magia y misterio este de las ondas, una bibliotecaria de un municipio muy pequeño de la sierra este de Madrid, recibiera la emisión de SER Henares en lugar de otras emisoras de la cadena y al oírnos una y otra vez, le cayéramos en gracia y nos contratara para contar en su biblioteca. 

Mencionaba anteriormente que empezamos a trompicones, en su momento no nos dimos cuenta, pero ahora, con la experiencia que da el paso del tiempo, nuestro crecimiento como cuentistas y la posibilidad de trabajar de otra manera, lo tenemos claro. Aquella primera etapa nos supuso la búsqueda y creación continua de cuentos muy breves. Debían ser pequeñas píldoras y en ocasiones nos dejábamos llevar más por la cantidad que necesitábamos que por la calidad de lo que encontrábamos o creábamos. Además había otro inconveniente, los derechos de autor de aquello que contábamos que no era nuestro, así que recurríamos a Esopo y Samaniego, a fábulas, a sucedidos, a cuentos cortos de tradición y a historias de autor cuyo permiso teníamos. La verdad es que apenas nos daba tiempo a madurar las historias antes de ir a grabarlas. 

Esta experiencia duró varios años, después hubo un cambio en la dirección de la emisora alcalaína y los cuentos dejaron de interesar. Pero en 2017 volvieron, una vez más de la mano de Javier Galicia. Solo que esta vez la propuesta que nos hizo era bastante diferente, ahora se trataba de cerrar el programa local Hoy por hoy Henares todos los martes. Esto suponía un cambio total con respecto a la etapa anterior. Para empezar porque solo necesitábamos tener un cuento a la semana, lo que suponía tener tiempo suficiente para poder buscar, elegir, madurar y vestir el cuento para la radio. Al ser una sección más del programa cuenta con su cabecera de presentación y su música. Música que hemos elegido, por la que la emisora paga y que para gusto nuestro se mantiene durante toda la narración, se trata de "Vente que hacemos merienda cena" del dúo burgalés Fetén Fetén. Y cuenta con un espacio propio en la web de la cadena. Además de la difusión propia a través de las redes sociales de la misma. Por último, la duración, si antes eran cuentos cortos de consumo rápido, ahora podemos jugar con los tiempos, sin alargarnos demasiado, claro está, pero podemos contar historias que precisan de un ritmo diferente, de manera que nos hemos llegado a ir a los tres y cuatro minutos, que en radio es mucho.

Contar en la radio para nosotros supone un trabajo muy similar al que hacemos cuando contamos en directo. La diferencia es que al ser un falso directo, al estar grabado, nos permite volver atrás si hay algo en la forma de narrar que necesitamos matizar o retocar. Aunque intentamos que las grabaciones sean a toma única. Por lo demás, ponemos el  mismo cuidado en todo. La búsqueda y la creación son importantes. En el caso de la creación, son historias concebidas ya para el formato radiofónico. Y al tener más tiempo para que maduren, cuando llegan al momento de grabación, llegan bastante pulidas. Y en el caso de la búsqueda pasa prácticamente igual. Pues la lectura de cuentos populares, de tradición o folclóricos la hacemos ya pensando en cómo sonarán en la radio, teniendo en cuenta la adaptación a la oralidad, su duración y el resultado final, si va o no a funcionar e interesar. 

 

Sobre la cocina de un podcast

En octubre de 2018 iniciaba la aventura de realizar un podcast sobre narración oral semanal. Se trata de Iberoamérica de Cuento que realizo junto a la narradora chilena Nicole Castillo, el narrador chileno Andrés Montero y el narrador español Pep bruno en la red de podcast Emilcar.fm 

Anteriormente a esta experiencia ya llevaba un par de años colaborando con Trending, otro podcast de la citada red en un formato totalmente diferente. Aunque me sirvió de aprendizaje sobre todo en el manejo de micrófonos y programas de grabación y edición de audio.

Iberoamérica de cuento surgió, como dice la cabecera del propio podcast, para hablar “sobre el mundo de la narración oral; un espacio para disfrutar de la palabra dicha y su diversidad de voces, estilos y propuestas, y de los lugares donde ésta habita por tierras iberoamericanas”. Surgió del interés de los cuatro creadores y con la intención de aportar, sumar, en esto del podcasting, en un sector poco desarrollado. Pues si buscas podcast de cine, economía, noticias, literatura… hay mucho donde elegir. Si buscas sobre narración oral, no de cuentos, sino de narración oral, las posibilidades de elección se reducen drásticamente.

Nuestro podcast se graba a la vez desde tres lugares diferentes: Santiago de Chile, Cabanillas del Campo y Alcalá de Henares. Nos citamos una vez al mes para grabar, cada uno con su micrófono, su equipo de ordenador y programa de edición y grabación de audio, y muchas ganas. A una señal convenida todos empezamos a grabar cada uno su pista, mientras que a través de ZOOM o Skype grabamos una pista general con todas las voces. Esto nos permite vernos y poder cedernos el turno de palabra, pero lo más importante, nos da una pista guía, que sirve a nuestro querido Jota, Javier Soler, como sendero por el que transitar e ir mezclando el resto de pistas individuales. Para acabar con esta parte técnica decir que entre grabación y grabación vamos compartiendo materiales a través de Drive y nos comunicamos en el día a día a través de Slack.

 

Desde que empezamos y hasta la actualidad hemos creado dos formatos diferentes de podcast. En el primero cada uno de nosotros se responsabilizaba de secciones comunes o compartidas, como la agenda, pero luego cada uno elaboraba alguna que otra sección. Desde lo que llamábamos la entrevista en profundidad, hasta los espacios de cuento, un conversatorio o el momento de tradición oral. En todas ellas, primero se emitía la sección y después se abría un diálogo o reflexión sobre lo escuchado. Obviamente, la sección en cuestión se insertaba en el momento de editar el programa. Lo que suponía que los cuatro acudiéramos a la grabación con los deberes hechos, es decir, escuchadas todas las secciones y habiendo hecho las anotaciones sobre las mismas que más tarde comentaríamos en ese falso directo que es la grabación del podcast. Además había otras secciones como un cuento de inicio y finalización a cargo de algún narrador o narradora invitados, una semblanza del mismo, recomendaciones web y literarias, o las historias de cuento, en las que los oyentes nos podían mandar anécdotas, vivencias, ocurridas en torno a la narración oral. 

El segundo formato, el que iniciamos el pasado septiembre, mantiene la música que nos compuso Joan Bruno para el programa, comienza con un editorial de la persona que coordina el podcast, siempre hay un coordinador o coordinadora, y continua con una serie de breves intervenciones del resto sobre algún tema destacado o que se quiere destacar. El plato fuerte es lo que viene después, una entrevista en profundidad de los cuatro a una invitada o un invitado relacionado con la narración oral. Un formato bien diferente, más corto en duración, pero que nos permite encontrarnos con alguien de manera cercana. A pesar de no estar juntos, pues la manera de realizar la entrevista es la misma que conté más arriba, solo que añadiendo una pista más. Y que permite que aquello que a mí no se me ocurriría preguntar a la persona invitada se le ocurra al otro. Un enriquecimiento, en definitiva.

Personalmente estoy encantado con lo que hacemos desde Iberoamérica de Cuento. Siempre es una fiesta encontrarme con Nicole, Andrés y Pep para hacer el podcast, pero es que, además, los contenidos que hemos generado son contenidos que quedarán para siempre. Contenidos que hablan de narradoras, de narradores, de formas diferentes de entender la narración, de ejecutar la narración, de fronteras y pasos libres con otras disciplinas artísticas o no; que generan debate, reflexión e incluso controversia. Y que son pequeños tesoros disponibles de manera gratuita y desinteresada.  No todos los que nos dedicamos a este oficio podemos o somos de viajar a festivales nacionales o internacionales, a encuentros o escuelas de formación, lugares donde se conoce a otros narradores, se intercambian ideas y pensamientos, se oyen propuestas de narración, etc. Este podcast me ha permitido abrir bien los oídos y conocer, en la distancia, muchas propuestas, muchos narradores, otras realidades, reflexionar en voz alta con mis compañeros de aventura y disfrutar de la narración oral de otra manera.

 

Dicho todo lo anterior, como podréis comprobar, la radio y el podcast me han dado muchas satisfacciones. Y algún que otro toque de humildad necesario. Y digo esto porque en una ocasión, permitidme que os cuente esta anécdota, me quejé del servicio de Correos de mi zona, pues me introducían en mi buzón cartas que no eran para mí, no ocurrió ni una sola vez ni con una sola carta. Mi hartazgo me hizo quejarme. Dos días después de mi queja, una mujer joven vestida de cartera llamó a mi puerta, y me pidió disculpas por lo ocurrido. Me comentó que el problema no era suyo, pues ella solo leía los portales y los pisos de las cartas. Se trataba de un error que venía de la oficina, donde preparaban los paquetes por portales. Aun así, ella me pidió disculpas. Disculpas aceptadas dije yo. Y antes de despedirse me dijo que en ocasiones llegaban cartas para Légolas, mi empresa, a esta dirección, y que en el buzón no estaba escrito que allí tuviera ella que dejar las cartas. Que si lo hacía era porque me conocía de los cuentos de la Cadena SER. Que hacía todo lo posible por escucharlos los martes mientras hacía el reparto. Pedí disculpas, di las gracias y escribí un cuento para ella.

 

Manuel Légolas

 

Este artículo se publicó en el Boletín n.º 86 – Voces de cuento en la distancia


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