jennifer boletín

Lee el artículo en inglés

Había un tiempo en el que los narradores orales solían viajar para compartir conocimientos, mitos, historias y noticias de los pueblos y ciudades vecinos. ¿Qué noticias compartimos los narradores orales hoy en día? Esta pregunta me rondó por la cabeza en un reciente viaje a Suiza.

Mientras preparaba la maleta, me preguntaba cómo se las arreglarían los supervivientes de Gaza para mantener algún tipo de dignidad. Con la escasez de agua potable, poco quedaría para lavar la ropa y los pañales del bebé. El agua es vida y el pozo de Gaza se está secando rápidamente. Mientras nadaba en las frescas aguas del lago Lemán, visualicé una poderosa varita mágica que dejaba fluir agua limpia y refrescante para que todas las personas en Gaza tuvieran suficiente para beber, cocinar, limpiar sus heridas, para su higiene personal y para cualquier otra cosa que pudieran necesitar. Lamentablemente, esta varita mágica no fue lo bastante poderosa para proteger, entre muchas otras, a las diez personas asesinadas mientras hacían cola para obtener agua con sus bidones el 13 de julio, seis de las cuales eran niños.

Guardando comida para mi perro en mi coche, me preguntaba qué historias contarían los perros de Gaza sobre su situación allí. ¿Qué estarían comiendo y cómo les habría afectado el ruido constante de las explosiones de las bombas?

 

En Lausana encontré una caja enorme de manzanas frescas y bocadillos junto a un cubo de basura. Ojalá tuviera una alfombra mágica para teletransportar los alimentos a Gaza, donde las fuerzas israelíes han matado a más de 1.000 personas que buscaban alimentos desde mayo. La militarización de los alimentos significa que las personas desesperadas y hambrientas se enfrentan ahora a la inhumana elección de morir de hambre o correr el riesgo de ser asesinadas mientras hacen cola para conseguir comida. Mi alfombra mágica llevaría a la gente a un lugar seguro donde podrían comer, dormir en una cama cómoda y compartir historias de tiempos mejores.

Unas horas después vi a mi hijo bailar ballet clásico, y me pregunté cómo los seres humanos pueden crear una belleza tan increíble y semejantes atrocidades al mismo tiempo.

Regresando a España, pasé la noche en Carcasona (Francia), que tiene una hermosa ciudadela medieval, escenario de muchos conflictos en el pasado. Los cruzados saquearon e incendiaron la ciudad, expulsando a los cátaros que habían buscado refugio allí, despojándoles de sus ropas antes de obligarles a marcharse.

En la actualidad, Carcasona es Patrimonio de la Humanidad y la visitan 4 millones de turistas al año. Mientras que me quedaba dormida, recordé el vídeo viral hecho con inteligencia artificial sobre la conversión de Gaza en un centro turístico y pedí al universo que no llegue un día en el que los guías turísticos tengan que contar las historias de las víctimas de este genocidio a millones de turistas desconsiderados.

Temprano a la mañana siguiente nos despertamos sobresaltados, encontrándonos las calles de Carcasona tomadas por paracaidistas, con rifles y helicópteros militares sobrevolando la ciudad. Los disparos eran ensordecedores, y me quedé literalmente helada de miedo antes de que me pusieran a salvo detrás de unos muebles. Intenté encontrarle sentido a la situación. ¿Estaba Francia de repente en guerra y con quién? Cuando por fin se calmó la situación, salimos, recogimos algunos de los cientos de cartuchos de fogueo usados que llenaban las calles y salimos pitando de la ciudad.

Horas después descubrimos que sólo había sido un ejercicio de entrenamiento, aunque no vimos ninguna señal que nos alertara de ello. Pero, ¿cómo habríamos reaccionado después de cientos de noches sin dormir, debilitados por la pena, el hambre, la desesperanza y sin ningún lugar al que huir? Soñé con convertir los cartuchos de latón en una trompeta que pudiera expresar la frustración, rabia e impotencia que tanta gente en todo el mundo está sintiendo por lo que está pasando en Gaza.

Todos estos incidentes me han hecho cuestionarme el papel que podemos desempeñar los narradores orales en un mundo tan polarizado. ¿Qué podemos hacer para ayudar a mantener vivas las historias de los habitantes de Gaza frente a la adversidad en un mundo en el que la venta de armas parece reinar sobre la humanidad? Muchos narradores radicados en el Reino Unido han encontrado un camino a través de Internet.

 

David Heathfield, narrador inglés, cofundó el proyecto “Tell a Child in Gaza´s Tale” con Haneen Khaled Jadallah, profesora de teatro de Gaza. La idea del proyecto era dar voz a los niños de Gaza a través de la narración oral. David ha dado visibilidad a la difícil situación de la población de Gaza en festivales de narración y otros eventos. También ha estado muy activo en su página de Facebook , publicando sobre la causa todos los días desde el 10 de noviembre de 2023. En ella se pueden encontrar enlaces a jóvenes narradores palestinos que cuentan cuentos populares de Palestina y de otros países del mundo, así como diversas historias cortas creadas por los propios niños de Gaza. David anima a narradores, profesores y alumnos a volver a contar estas historias y a enviarlas para que se suban a este canal de YouTube.

Encontrará más información en este artículo.

Otro narrador de Gales, Dafydd Davies-Hughes, ha estado publicando en su página de Facebook historias poéticas y provocadoras que ayudan a arrojar luz sobre la vida cotidiana de la población de Gaza. Dafydd nos ha dado su permiso para incluir en este artículo la siguiente historia:

Es todo lo que tienes que hacer

¡Una barra de pan, por favor, panadero!
pidió educadamente el niño.
El panadero se limpió el delantal,
Se inclinó y sonrió irónicamente.
El niño era joven pero bastante alto,
Aunque tal vez fuera su cara,
Delgada y arrugada - con una frente
Demasiado arrugada para su edad.
“¡Ah!”, respondió el panadero
“¡Para eso necesitaré harina!”
Sacó un saco de la parte trasera
y lo entregó sobre el mostrador.
El muchacho lo cogió,
y se lo metió bajo el brazo,
“Volveré enseguida”, prometió,
Y salió corriendo por la puerta.
Pasó una hora y luego otra.
El panadero salió a la puerta.
Se quedó mirando la calle en ruinas,
los escombros esparcidos por el suelo,
los agujeros bostezantes en las fachadas de las tiendas
que hacía tiempo que habían dejado de vender mercancías,
las huellas polvorientas de sus pasos
donde últimamente había estado el niño.
¡Salid! ¡Salid palestinos!
Tenemos harina para vuestro pan!
Esperaron hasta que la plaza estuvo llena
Entonces les dispararon en la cabeza.
El panadero se miró las palmas de las manos,
En el escalón donde había estado el niño,
Sacó un saco de la parte de atrás
Y cerró su tienda para siempre.

Otros narradores se han comunicado con Hala, una niña de 16 años que vive en Gaza a través de Facebook Messenger. Todo ello se recoge ahora en el libro “The Gaza Girl: Gaza Diaries”. Quizá algún día sea tan famoso como el “Diario de Ana Frank” y los narradores vuelvan a contar su historia.

Pero, ¿es seguro para los narradores y las narradoras contar historias para apoyar la causa de la población de Gaza en un mundo tan polarizado? El tema es muy delicado en muchos países. El gobierno británico ha prohibido el grupo Palestine Action, calificándolo como organización terrorista. Puedes decir la palabra “Palestina” y la palabra “acción” por separado, pero si las mencionas juntas te pueden acusar de terrorismo.

En el festival de Glastonbury, dos actuaciones causaron gran controversia: Kneecap, un grupo de rap de Irlanda del Norte conocido por sus letras con conciencia social, dirigió a una multitud de decenas de miles de personas que coreaban “Palestina libre” y Bobby Vylan, dirigió cánticos incluyendo “muerte, muerte a las IDF” (Fuerzas de Defensa de Israel). En consecuencia, se han cancelado muchos de sus actosprogramados para el verano. Varios artistas más han sido acusados de terrorismo por el mismo motivo, están en libertad bajo fianza y no se les permite actuar en determinadas ciudades.

El cómico Reginal D. Hunter está siendo perseguido por chistes en X (antigua Twitter) por el grupo de presión proisraelí Campaña Contra el Antisemitismo (CAA). Una pareja le denunció por antisemita tras escuchar sus chistes y Hunter y sus agentes han recibido correos de odio y amenazas de muerte. Se trata de un ataque selectivo a la libertad de expresión y puede servir de advertencia a cualquier narrador o narradora que apoye la causa palestina.

Nunca sabemos quién está entre el público y cómo pueden afectarle nuestras historias. Hace algunos años, facilité una residencia de narración oral en un colegio de la sierra de Madrid. Los alumnos eligieron un cuento de la tradición judía para representar en su espectáculo de fin de curso y esto resultó en un boicot del espectáculo por madres y padres que apoyaban los derechos de los palestinos. ¡Un simple cuento popular puede causar auténticas marejadas!

Así que, como narrador o narradora, ¿qué cuentas hoy en día? Tal vez prestes atención a la llamada para unirse al torbellino de narradores que apoyan la causa del pueblo palestino, contando cuentos populares de esta cultura milenaria, o contando una historia del proyecto “Tell a Child in Gaza’s Tale” o a compartir algo de The Gaza Diaries en tu sesión. Algunos narradores prefieren contar “If I must Die“, de Refaat Alareer, un poeta palestino asesinado, y otros prefieren simplemente contar historias de paz y resolución de conflictos.

Así qué… ¿qué dirán los narradores del futuro sobre los narradores de 2025? ¿Seguiremos compartiendo conocimientos, mitos, historias y noticias de ciudades y países vecinos? ¿Cuentan los narradores contemporáneos historias con causa?

 

Jennifer Ramsay

Este artículo forma parte del Boletín n.º 104 - Cuentos con causa, coordinado por Carmen Ibarlucea Paredes