DIBÚJAME QUE TE CUENTO es el título de la sesión de narración que, junto a Ángela Cabrera, he llevado a cabo en la última edición del festival Un Madrid de Cuento. Se trata de una sesión narrada a dos voces pero en este caso, no solo las voces son diferentes sino también sus lenguajes: la palabra y la imagen. Ambos se van complementando y completando ante los ojos y los oídos del público.

¿Qué es más poderosa, la palabra o la imagen?

No me planteé esta pregunta cuando decidí narrar junto a pinceles, rotuladores, trozos de papel y barras de pegamento.

La palabra es esencial pero basta con escucharla, no es necesario ver al narrador. En este caso, la imagen también es esencial y basta con verla, no es necesario ver al ilustrador. El público llega a prescindir, en muchos momentos, de ambas personas, no le son necesarias, son meras portadoras de cuento, de esa historia que cada una de ellas cuenta con el lenguaje con el que sabe contar las cosas.

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¿Cómo reacciona el público?

Igual que siempre, mantiene sus ojos y orejas bien abiertos. Solo hay una diferencia, esos ojos no toman la dirección acostumbrada, no buscan al narrador sino las ilustraciones. Como narradora cuento con la voz, pero también con los ojos, con los gestos, con el cuerpo…  En esta sesión podría haber prescindido de todo eso porque la magia de las ilustraciones de Ángela tuvieron a bien concederme, durante una hora, el poder de la invisibilidad. Solo estaban mis palabras y mi forma de contar la historia. Las miradas tampoco se dirigían al ilustrador. De él solo quedaban sus trazos sobre cartulinas blancas que, poco a poco, se van llenando de lo que complementaba la historia que allí se contaba.  

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Contar junto a un ilustrador es como recrear un gigantesco álbum ilustrado. Como narradora te das cuenta de que solo eres una parte del todo, que es el cuento y es lo que importa.

Acostumbrada a trabajar sola cada historia, cuesta estar pendiente de que estás contando con otro que además, utiliza un medio muy distinto para contar el mismo cuento… Le esperas, te espera, le empujas, te empuja, le animas, te anima, inventas, te inventa, te descubre y redescubres que contar es algo tan valioso que no importa no ser visto… de alguna manera, vuelves a la esencia. 

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Maravillosa experiencia que no me importará repetir.

Margarita del Mazo


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