Esto es cuento largo. Hay quien afirma que los cuentos contados y, especialmente los cuentos tradicionales, están desapareciendo de los momentos y lugares donde habitualmente pervivían, sin embargo si uno se fija con algo de atención puede observar que los cuentos tienen todavía mucho predicamento en el día a día. Ya sea de una manera puramente nominal, ya sea a partir de expresiones hechas relacionadas con los cuentos, ya sea vistiendo con nuevos ropajes a protagonistas o historias tradicionales, los cuentos siguen muy mentados por aquí. Y no me refieron a los cuentos que contamos quienes nos dedicamos a contar, no: este breve artículo es para hablar de la presencia de los cuentos en otros ámbitos que no el de la narración oral.

El punto de partida de esto que escribo es una campaña publicitaria. Una una compañía de seguros lleva unos cuantos días bombardeándonos con anuncios protagonizados por personajes de cuentos tradicionales, si no sabéis de qué hablo mirad aquí y aquí. Desde luego esto no es la primera vez que ocurre, la publicidad se apoya en muchas ocasiones en los cuentos tradicionales (aquí hay cuarenta ejemplos más). Conviene pensar que si a la publicidad le interesa arrimar su ascua a las sardinas de los cuentos es porque funciona, porque el cuento sigue anclado en el imaginario colectivo y anda muy cerca de las emociones y pulsiones más hondas de los compradores. Incluso de aquellos que escucharon o escuchan pocos cuentos.

Si en la publicidad es habitual encontrar referencias a cuentos y personajes de cuentos, el cine no ha dejado de apropiarse de los textos tradicionales para elaborar sus productos audiovisuales (más o menos cercanos a la esencia del cuento). En este sentido podemos encontrar muy diversas propuestas: desde las que tratan de ser lo más fiel a un texto tradicional a las que utilizan ese buen guión y lo modifican para contar una historia adaptada, reaccionaria, políticamente correcta y, sobre todo, económicarmente rentable, es decir, que no dé problemas y resulte atractiva para ser comprada (sí, estoy pensando en esa compañía tan conocida que se ha convertido en el imperio del consumismo infantil). Pero también encontramos otros acercamientos tratando de traspasar al lenguaje audiovisual la estructura del cuento tradicional (en este sentido quiero mencionar Azur y Asmar, absolutamente maravillosa), aunque en este breve artículo lo que pretendemos es dar noticia de la vigencia del cuento tradicional (que se transmitió durante siglos de manera oral) en nuestros días, por eso emociona que haya películas (sobre todo cuando son buenas) que nos llevan de la mano al imaginario colectivo de los cuentos, filmes que recrean personajes e historias como En compañía de lobos, o El secreto de los hermanos Grimm; películas que evocan situaciones que reconocemos de esa tierra de ficción como El bosque; incluso horribles productos audiovisuales que apenas tienen del cuento el título o el nombre de sus protagonistas pero que, insisto, llaman al cuento tradicional, como Hansel y Gretel.

El cine, al fin y al cabo, cuenta historias utilizando un lenguaje diferente al oral, el audiovisual, pero muy cercano. Baste para ello recordar que Pepito Mateo habla del narrador como un director de cine que va montando la "película" del cuento según lo cuenta y hace que cada escuchador active su pequeño cine interior y vea esa "película" cuando escucha el cuento.

Si se trata de contar historias es preciso contar con buenos guiones, y son pocos los guiones que han demostrado la validez de los cuentos tradicionales capaces de pervivir como historias vivas (películas que se siguen "viendo") durante siglos. Por eso no ha de extrañarnos que ya sea utilizando estructuras internas de cuentos, ya sea apropiándose de personajes, ya sea haciendo una ensalada de cuentos, ya sea del modo que sea, el cine no deje de tener un ojo puesto en los cuentos tradicionales.

En el mundo de la música el cuento también ocupa un lugar destacado. Desde el reconocidísimo tema de Celtas Cortos Cuéntame un cuento (que paradójicamente es una crítica a la televisión, echa si no me crees un vistazo al vídeoclip) a otros temas menos conocidos (ay, mi madre). Descarto aquí toda la marabunta de temas mediocres, cutrecillos y más o menos afortunados de cuentos musicados para la infancia (esa idea todavía tan anclada de que lo infantil es sinónimo de "cualquier cosa vale") que se pueden encontrar a un clic en Google. Pero no quiero dejar de lado a la música clásica muchas de cuyas obras (Peer Gynt, Pedro y el lobo, etc.) están inspiradas en cuentos o personajes de cuentos y siguen siendo interpretadas hoy en día en muchos escenarios.

Dejando de lado otros materiales de tradición oral como las leyendas urbanas (de tanta pervivencia en filmes), los trabalenguas, retahílas, adivinanzas, etc. (cada vez más presentes entre los materiales didácticos), los chistes (y sus formatos audivisuales: gags, skechts...), ect., se puede observar que la tradición anda buscando nuevos espacios en los que acomodar las historias, palabras, ritmos... que siempre han interesado a los seres humanos.

Dicho todo esto merece la pena detenerse un momento en esta presencia del cuento en estos días tan tecnificados y veloces, tan contrarios a la palabra calma. Si nos fijamos bien tenemos básicamente tres cauces por los que el cuento (cuando no es contado) sigue estando en boca (y ojo) de muchos:

  • Cuando se trata de contar historias mediante otros lenguajes se aprovecha la longeva experiencia de los cuentos, sus estructuras e historias siguen valiendo, es más, siguen siendo en muchos casos imbatibles (valga como ejemplo todo lo antes citado de filmes varios).
  • Cuando se trata de aprovechar personajes con una psicología ya definida (y en algunos casos con una historia, un contexto, también conocidos), los cuentos nos surten de muchos tipos de modelos, de muchos tipos humanos (sin dobleces, planos, cargados de simbología) en los que podemos apoyarnos para reforzar un mensaje o ejemplificar una idea u oferta (valga como ejemplo el citado de la publicidad). 
  • Y finalmente, a la hora de explicar, de ejemplificar, de contar algo, las frases hechas relacionadas con el cuento siguen teniendo un valor altísimo (en este sentido volvemos a remitirnos a la publicidad o al de alguna de las canciones antes citadas).

Merece la pena detenerse en la cuestión de las frases hechas pues hay tal cantidad que alrededor del cuento contado que esto nos puede dar una idea de la vitalidad que la palabra dicha ha tenido durante siglos entre nosotros. Solo hay que echar un vistazo al Diccionario de la RAE para toparse con un grueso listado de ellas. Las organizo de la siguiente manera

Relacionadas con el hecho narrativo (aunque luego trascienden de este sentido):

  • Acabados son cuentos: se acabó la discusión.
  • Degollar el cuento: cortar el hilo del discurso.
  • Dejarse de cuentos: omitir los rodeos e ir a lo sustancial de algo.
  • Destripar el cuento: adelantar el desenlace de algo.
  • Echar mucho cuento: adornar exageradamente lo que se hace o dice.
  • El cuento de nunca acabar: asunto o negocio que se dilata o embrolla de modo que nunca se ve el fin.
  • Esto es cuento largo: hay mucho que decir de este asunto.
  • Ese es el cuento: en eso consiste la dificultad o sustancia de lo que se trata.
  • Quitarse de cuentos: atender solo a lo esencial y más importante de algo.
  • Sin cuento: sin cuenta, sin número. Muy largo. Mucho.
  • Traer algo a cuento: introducirlo en un discurso o conversación, con oportunidad o sin ella, o con particular interés.
  • Un cuento de cuentos: un embrollo difícil de explicar.
  • Va de cuento: para dar principio a la narración de una conseja, historia o anécdota.
  • Venir a cuento: Viene al caso, a propósito de lo que se habla. Hacer al caso. Ser útil o conveniente.
  • Venirle a alguien con cuentos: contarle lo que no le importa o no quiere saber.

Relacionadas con la idea de ficción, mentira, embuste

  • Cuento chino: embuste.
  • Es un cuentista: es un mentiroso, un embustero.
  • Tener más cuento que Calleja: ser quejicoso o fantasioso, falsear la realidad, exagerando lo que le afecta particularmente.
  • Tener mucho cuento: hablar con embuste, engaño.
  • Un cuento de viejas: noticia o relación que se cree falsa.
  • Vivir del cuento: vivir con embustes.

Relacionada con el contexto en el que el cuento sucede y en el conocimiento del mismo

  • Estar en el cuento: estar bien informado.
  • Hablar en el cuento: hablar de lo que se trata.
  • No querer cuentos con serrarnos: no querer ponerse en ocasión de reñir con gentes de malas cualidades.
  • Poner en cuentos: exponer a un riesgo o peligro.
  • Saber alguien su cuento: obrar con reflexión, o por motivos que no quiere o no puede manifestar.
  • Ser mucho cuento: es decir, ser algo que hay que ponderar mucho.
  • Tener cuentos con alguien: Tener desazón, problemas, con alguien.
  • Un cuento de horno: cuento o hablilla vulgar con que se hace conversación entre la gente común.

Y todo esto sin tener en cuenta la cantidad de fórmulas relacionadas con el cuento contado que han pasado al habla común (aquí va un ejemplo de la WebLitOral de fórmulas de entrada y salida de los cuentos tradicionales) o muchas otras expresiones orales habituales relacionadas con los cuentos que aparecen en refranes ("no es zorra, ni lobo, ni anda el camino, pero bebe buen vino") o en frases hechas ("Ya está como en el cuento de la lechera"), etc.

Así las cosas, parece que la huella del cuento tradicional tiene todavía mucha fuerza en el día a día. A nosotros, a nosotras, gente que vive abrazada al cuento contado, nos toca seguir alimentando la caldera de la palabra dicha para que esa impronta siga perviviendo. Porque esto es cuento largo, y nos gustaría que siguiera siéndolo.

Pep Bruno


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