Desde donde tengo noticia la cuentería improvisada en Colombia empezó a practicarse en Cali en los años noventa, época en la que la narración oral tuvo un fuerte impulso en espacios universitarios de esa ciudad. Los cuenteros empezaron a ejecutar diferentes juegos escénicos en sus espacios de cuentería, llevando ejercicios teatrales y de escritura creativa a la oralidad.

Con los festivales de cuentería del país se generó una serie de intercambios entre los narradores de diferentes ciudades, de esta manera los juegos de improvisación llegaron a muy variados espacios y evolucionaron gracias a la interdisciplinariedad de los grupos de trabajo que se dedicaron a desarrollarlos.

De esta manera llegó la cuentería improvisada a la ciudad de Medellín, donde poco a poco se acercaron más narradores a explorar esta forma de creación que se hacía tan interesante y divertida. De forma casi simultánea, pero por vías diferentes, llegó también a la ciudad el teatro deportivo, que con el tiempo proporcionó una fuente importante de información teórica y de experiencia para el desarrollo de actividades relacionadas.

Si bien la improvisación se hizo relativamente popular en varias ciudades, fue en Medellín donde echó las raíces más fuertes y donde se ha logrado el proceso más concreto con respecto a esta forma de narración. Estas son algunas experiencias permanentes que mantienen en constante movimiento las actividades de cuentería improvisada en la ciudad:

  • El Morenito INC: este grupo se fundó en el año 2003, ha enfocado su trabajo en la improvisación escénica teniendo como principal componente la cuentería. Con la figura de Trinity Corp. incursionó en la formación de narradores especializados en improvisación con un campo de entrenamiento llamado “Incprocamp”. Son los organizadores de “La Facundia”.
  • La Facundia: torneo de cuento improvisado, creado por Yesid Castro Cardona y María Teresa Agudelo, se realiza desde el año 1999 y este año llegó a la versión número 12. A lo largo de este tiempo han diseñado un amplio abanico de pruebas involucrando componentes de otras artes y han explorado con diversas formas de narrar. A pesar de los cambios que ha tenido la dinámica del juego a través del tiempo es uno de los eventos más esperados por el público de la ciudad.
  • Cuenteros en Apuros: torneo mensual de cuentería improvisada, producido por la Corporación Cultural Vivapalabra, se hace desde el año 2011. Durante el año los narradores se enfrentan en diferentes pruebas, al principio se elegía un narrador cada mes y en diciembre se enfrentaba la gran final; este año se juega como una liga, los narradores participan varias fechas y al final del año los que tengan los mejores puntajes se encontrarán para definir al campeón. Este espacio ha sido muy importante para que los narradores novatos se motiven e inicien procesos de investigación y formación en improvisación.

Además hay muchos espacios de cuentería en la ciudad, algunos permanentes y otros itinerantes. En la mayoría de ellos se da importancia a los cuentos improvisados, al punto tal que el público los reclama y se han convertido en parte fundamental de la formación de narradores principiantes.

La experiencia que se ha construido a lo largo de estos años ha permitido fortalecer el movimiento de cuentería en varios aspectos, sin embargo los narradores que se han dejado seducir por esta forma de cuentería no son tantos como podría pensarse. He visto narradores con mucha experiencia que renuncian a improvisar después de una mala experiencia, otros que crean historias excelentes en los entrenamientos pero que se bloquean tan pronto ven al público, incluso maestros que han necesitado ayuda para caminar fuera del escenario porque las piernas no les responden.

Enfrentarse al reto de crear una historia completa, con la complejidad precisa, que tenga calidad literaria y sea un espectáculo que el público aprecie, cuando solo tienes sesenta segundos para pensar, sintiendo encima la mirada del público, y la de los jueces, requiere algo más que habilidad, algo que no tiene que ver exactamente con la técnica o con el talento, es otra cosa, uno de esos intangibles que no se aprende ni se enseña.

Por la forma en la que he vivido la cuentería improvisada he llegado a concluir que tiene las características de un deporte extremo, la emoción que se genera es impresionante, la descarga de adrenalina es tan tremenda que no cualquiera soporta esa tensión. Y algo que lo hace aún más fuerte es que el público nota eso cuando ve al narrador, los asistentes saben que quien está el escenario está bajo presión y de alguna manera viven con él esa excitación. Para el público se genera una mezcla de emociones que van desde la compasión hasta la envidia, porque aunque quisieran estar ahí no se atreven. Mientras tanto el narrador se pregunta por qué diantres se puso en esa situación, de dónde sacó esa idea absurda de ponerse frente a un público a crear una historia que hasta ese momento no existe, y después tampoco existirá, pues su obra será más efímera que cualquier otra. De pronto el presentador le da los elementos propuestos por el público, que empiezan a dar vueltas en su cabeza buscando una imagen de la cual pueda echar mano, así empieza a contar su cuento. El cerebro se esfuerza por cumplir con muchas tareas al mismo tiempo sin dejarse vencer por la ansiedad.  Al fin una voz dice “tiempo” y la historia ya debe haber concluido. Entonces el narrador sale del escenario con el corazón a punto de saltarle del pecho, las manos sudorosas, las piernas temblorosas y a veces, solo a veces, con un brillo particular en los ojos, que independiente de lo buena o no que haya sido la historia deja ver que es uno de esos que tiene lo que hace falta, otro adicto a la adrenalina de improvisar cuentos que vendrá por más una y otra vez.

Karla Verónica Sepúlveda

Medellín, 2015


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