Una de las cosas que más me sorprendió al participar en el festival “Entre cuentos y flores” de Medellín en 2013 fue la excelente armonía y solución que se había encontrado para incluir a todo tipo de narradores en el festival. Hasta donde yo alcanzo, no existe en España nada parecido, o al menos de tal calibre, y quisiera contarlo aquí, y luego sacar algunas consecuencias. Esta historia se la cuento con la ayuda de Karla Sepúlveda, que me ha facilitado los datos necesarios y ha revisado este texto, para que la información sea rigurosa.

Empecemos por la ciudad de Medellín, en el estado de Antioquia, en Colombia. La corporación Vivapalabra organiza anualmente un festival internacional, “Entre cuentos y flores” (15ª edición en 2015), que se nutre de narradores extranjeros invitados y narradores locales. Para seleccionar a los cuenteros locales, la corporación desarrolló un festival previo en formato competitivo, “Medellín sí cuenta” (8ª edición en 2015), al que la inscripción es libre y cuyo premio principal era la participación en el gran festival “Entre cuentos y flores”.

Lo que sucedía en las primeras ediciones fue que eran los narradores más experimentados los que lógicamente se hacían con las plazas para el festival internacional, y ante la queja de los narradores incipientes, se establecieron 5 categorías, de cada una de las cuales saldrían 3 narradores que participarían en el festival internacional. Las categorías son: niños cuenteros, abuelos cuenteros, narradores aficionados, narradores novatos y narradores profesionales. Con las siguientes características:

Niños y abuelos cuenteros: categoría que incluye narradores no profesionales, concretamente niños (menores de 14 años) y abuelos (mayores de 60 años), que tienen una relación diferente con la cuentería. Estas dos categorías surgen porque en la categoría de aficionados se estaban presentando muchos niños y adultos mayores. Se parecen a los cuenteros aficionados pero no compiten con ellos.

Aficionados: narradores con menos de 1 año de experiencia, que apenas están investigando. Son cuenteros en formación, que han recibido un taller, que tienen curiosidad respecto a la cuentería y que, en definitiva están arrancando. No han tenido ninguna participación engrandes eventos.

Novatos: tienen mínimo un año de experiencia y han podido participar en el festival como aficionados (solo pueden ir una vez). Pueden tener hasta un total de tres participaciones en “Medellín sí cuenta” como novatos. Deben presentar al menos una participación en un festival, que puede ser haber sido seleccionados una vez como aficionados en “Entre cuentos y flores”, o en los espacios de cuentería de la ciudad.

Profesionales: narradores con un mínimo de 4 años de experiencia y vigencia en el último año en cuentería (participación en festivales, universidades, espacios urbanos...).

Al festival local “Medellín sí cuenta” pueden optar todos los ciudadanos de Antioquia, y se presentan unos 140 narradores de las cinco categorías, de los que quedarán 15 para representar a la ciudad en “Entre cuentos y flores”. Este festival dura dos semanas. Durante la primera se presentan las categorías “aficionados” y “novatos”; en la segunda, los profesionales; y los fines de semana, abuelos y niños cuenteros.

Las condiciones de participación, en función del tiempo son:

  • Aficionados: mínimo 5, máximo 10 minutos.
  • Novatos: mínimo 8, máximo 15 minutos.
  • Profesionales: mínimo 30, máximo 40 minutos.

Hacer menos del mínimo o más del máximo implica ser eliminado, y la propuesta no es evaluada por los jurados. En la categoría de niños y abuelos se sugiere un aproximado de 10 minutos, pero en ese caso no hay riesgo de eliminación.

Esta organización para participar en el festival no solo se ha asentado en el microcosmos que supone un festival sino que poco a poco ha ido impregnando el resto del desempeño natural del narrador, y se van usando las categorías para optimizar las relaciones y repartir el trabajo más allá del festival, y solucionar asuntos como los cachés diferenciales, en lo que están ahora. Es una labor lenta, pero que avanza segura gracias al trabajo del Comité de cuenteros de Medellín, y al de los mismos narradores.

Hasta aquí los hechos. La valoración del asunto es que este problema, que nos acucia en todas partes, porque en todas partes existe una dialéctica narrador asentado-narrador incipiente, se ha solventado en Medellín de una forma tan sencilla porque se ha tratado desde la resolución de un problema particular: la participación incluyente en un festival internacional. Este hecho concreto ha acercado a unos y a otros a una solución armónica, y ha facilitado que una solución puntual contagie el resto del trabajo, porque ya se ha superado el primer choque helado de agua que supone para un narrador no profesional considerarse “aficionado” o “novato” y para el profesional aceptar el hecho de que alguien menos preparado tenga sitio en el festival en detrimento de otro narrador profesional, que podrá optar al año siguiente. Esta conciencia del otro, de la necesidad de que el narrador nuevo pueda desarrollarse y de que el narrador experimentado defienda sus condiciones de trabajo (económicas, escénicas, etc.) es la que ha facilitado que se establezca una relación en la que todos ganan: el profesional, porque se respeta su espacio y se reduce la competencia desleal, y el incipiente, porque se le permite desarrollarse en una competencia más suave y defiende indirectamente las condiciones de trabajo a las optará cuando llegue a ser profesional.

Por supuesto hay problemas, y aparecerán más que ni podemos imaginar, pero encuentro que esta “paz”, este reconocimiento del otro, es un punto de partida muy interesante para construir espacios para todos. Estaremos muy atentos a cómo se desarrolla la armonía cuentera en Medellín y ojalá en España podamos solucionar este pequeño problema al menos con la misma elegancia con que lo consiguieron allí.

Héctor Urien


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