Este año se realizó el vigésimo Encuentro Internacional de Narración Oral, en Buenos Aires, Argentina. Cuando organizamos el primero, en abril de 1996, decidimos que su estructura no sería la de un Festival. Pensábamos que el movimiento en nuestro país era muy joven, integrado todavía por pocas personas, no se tenía registro de la cantidad de narradores y necesitábamos generar un espacio de encuentro, reflexión y práctica donde intercambiar dudas, preguntas, aciertos y desaciertos.

Cada año se abrió con una conferencia referida al lema. Los expositores, (Ana Pelegrín, Antonio Rodriquez Almodovar, Hebe Clemente, Mempo Giardinelli, Xavier Docampo, Daniel Mato María Esther de Miguel, Ivonne Bordelois, Noé Jitrik, Liliana Bodoc, María Kodama, Laura Devetach, Beatriz Trastoy, María Rosa Lojo, entre otros) especialistas en narrativa tradicional, antropólogos, investigadores, historiadores, escritores, críticos de teatro, desde un abordaje teórico nos fueron abriendo un camino de exploración y crecimiento.

En la apertura consideramos homenajear a aquellos que por su trayectoria habían aportado tanto a la investigación como a la práctica de la narración oral.

Los intercambios teóricos y de experiencias continuaron en mesas redondas alrededor de temas como: “Puntos de contacto entre narradores tradicionales y narradores profesionales”; “Entorno a la práctica de la Narración Oral como práctica artística y social”; “Los espacios: ruedas familiares, bibliotecas, aula, plaza, teatro, medios masivos de comunicación”; “El texto escrito, ¿es sagrado?”; “De la literatura al acto oral”; “La ética y los valores”; “Espacios de vulnerabilidad: cárceles, hogares, hospitales”.

Hubo espacios de reflexión: cada grupo de alrededor de 20 a 30 personas trabajó con un coordinador, a partir de un tema que proponíamos.

Mesa interactiva entre escritores y narradores, con el objetivo de realizar un diálogo entre la narración oral y el texto escrito, escuchar al narrador con su relato de cómo lo adaptó y qué resonancia había en el escritor, abría una discusión en torno a la apropiación y propiedad del cuentacuentos y el escritor. Cabe aclarar que en Argentina, no sólo en los espacios de promoción de la lectura, se valoriza mucho al autor y este siempre es mencionado. (Autores: María Teresa Andruetto, Liliana Bodoc. Angélica Gorodischer, Luisa Valenzuela, Sandra Comino, Horacio Clemente, Adela Basch, Esteban Valentino, Ricardo Mariño) (Narradores: Ana María Alberti, Gabriela Halpern, Inés Perla, Claudia Stella, Mónica Elicabe, Gachi Breetz, Ana Padovani, María Heguiz, Ana Lazzari, Elva Marinangeli).

Y otras propuestas: Intercambio de experiencias, La movida en las provincias y en el mundo, Cuentos entre mate y mate (con inscripción de los participantes)

Hace algunos años incorporamos a los adolescentes en Los jóvenes también cuentan. Un espacio para las escuelas que promueven grupos de narradores.

Los susurradores, creado por Mirta Colangelo en Argentina, es un espacio poético donde los participantes salen a susurrar poemas por toda la feria.

Talleres de formación y capacitación. Con el objetivo de jerarquizar y ampliar la mirada sobre un hecho artístico, durante tres días los participantes tienen la posibilidad de inscribirse a tres actividades coordinadas por invitados nacionales y extranjeros: improvisación, clown, trabajo corporal, con la voz, títeres, narración oral, otros lenguajes: ilustración, radio, cine.

El encuentro, al que asisten aproximadamente ochocientas personas, se realiza dentro del marco de la Feria Internacional del Libro de Buenos Aires. Surgió como propuesta de la entonces directora de la Feria, Marta Díaz (quien recibió este año nuestro homenaje y a la que consideramos nuestra madrina) que nos hizo a Ana María Ramb y a mi Juana La Rosa, presidenta y vicepresidenta, respectivamente, de ALIJA (representante del I.B.B.Y en Argentina). Si bien primero se sugirió concretarlo dentro de la Feria del Libro Infantil y Juvenil, propuse, a pesar de pertenecer a una institución difusora de la literatura infanto-juvenil, realizarla dentro de un espacio que fuera para todo público, si no correría el riesgo de limitar la narración oral.

Se invitó al Instituto Summa, cuya directora, la Dra. Dora Pastoriza de Etchebarne, se alegró profundamente, ella junto a Martha Salotti, su fundadora, desde 1960, fueron las grandes referentes en la Argentina y se creó la primera comisión integrada por Nora Fonollosa, Carmen Bártolo, Jovita Sabino, Ana Padovani, Juana La Rosa, Elva Marinangeli y Liliana Cinetto.

La actual comisión, Nora Fonollosa, Carmen Bártolo, Ana Padovani, Mónica Elicabe, María Rosa Bordagaray, Juana La Rosa, Diana Tarnofky y Paula Martín, como la anterior es un grupo de trabajo sin jerarquías, donde las sugerencias personales, se transforman en ideas del grupo.

Es una gran fiesta que dura tres días y cada día cierra con espectáculos con destacados narradores extranjeros: Xavier Docampo, Patricia Mix, Carolina Rueda, Jota Villaza, Moisés Mendelewicz, Cristina Taquelin, Sofía Paiva, Daniel Corredor, El Silbo Vulnerado, Antonio Fontinha, Estrella Escriña, Beatriz Falero, Roberto Anglisani, Marilu Carrasco, Maricuela Molina, Pep Durán, Patricio Espinosa, Ernesto Rodríguez Abad, entre otros; y narradores nacionales: Ana María Bovo, Marta Lorente, Claudio Ferraro, Juan Moreno, María Héguiz, Inés Perla, Claudia Stella, Elizabeth Gothelf, Lucía De Vita, Marita Berenguer, entre otros.

Esta celebración de la palabra se ha convertido en un referente de la narración oral en nuestro país y países vecinos y fue un hito en el movimiento. Promovió el encuentro entre los participantes y logró uno de los objetivos: su jerarquización como oficio. La narración oral pasó a formar parte de todo plan provincial o nacional de promoción de la lectura. Creció el movimiento, los festivales, talleres, escuelas y diarios de narración oral.

Este año se editará el cuarto Libro del Encuentro con las Ponencias de los últimos cinco años.

Cada vez que nos reunimos para programar el próximo, proponemos a partir de realizar una evaluación de lo hecho. Nos sentimos muy orgullosas de este trabajo continuado, muy cuidado, tanto antes como durante porque pensamos que si la narración oral crea un vínculo tan precioso entre el que cuenta y el que escucha, así tratamos de reproducirlo en el transcurrir de esos días.

Juana La Rosa

 

Este artículo forma parte del Boletín n.º 36 de AEDA: Panorama de la narración oral en Argentina


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