Para poder dar una visión personal sobre el actual panorama de los festivales en Argentina, es necesario que primero les cuente qué significan los festivales para mí: dentro del panorama cultural actual, creo que son algo indispensable. Si no existieran ya, habría que crearlos de inmediato. Los festivales son principalmente un encuentro de artistas, un cruce de realidades culturales. Funcionan como puertos adonde llegan y parten las nuevas y viejas tendencias estéticas, oxigenando la nueva producción.

Esto es mucho más palpable en las artes escénicas, dentro de cuya familia funciona la narración oral, junto a otras expresiones como la mímica, danza, teatro-danza, títeres, varieté, stand up y muchas mas. Algunas otras disciplinas artísticas (fotografía, cine, video, música, etc.) pueden haber encontrado en Internet un buen soporte que les permite crecer a pasos agigantados en alcances a nuevos públicos, espacios de presentación y mercados casi ilimitados. Pero para las artes escénicas es fundamental el contacto cara a cara con el espectador. Sigue siendo irremplazable el convivio* la generación de ese mágico momento de seducción mutua.

Narrar en Argentina

Pensar la narración oral en Argentina permite pensarla principalmente desde dos enfoques. Uno es el tradicional, donde es una importante herramienta de trabajo en las aulas y como promoción de la lectura, que generó una importante cantidad de docentes con especialización, a partir del legendario (y vigente) Instituto SUMMA, fundado por Martha Salotti y Dora Pastoriza de Etchebarne [más información en el artículo de Juan Martín Tapia: Etchebarne - Salotti - Moreno: encuentros fundacionales de la narración oral argentina]. El otro enfoque posible y mucho más actual es la mirada en el campo espectacular, inserto como una de las últimas adquisiciones de la familia de las artes escénicas. Y este no es un dato menor en Argentina, una de las capitales mundiales del teatro. Buenos Aires tiene unos 400 estrenos anuales, y una cartelera semanal con más de 200 propuestas que se duplican si tomamos el Gran Buenos Aires (Capital Federal y los 24 municipios que la rodean).

Como activista cultural pragmático, considero que es indispensable poder apoyarnos en esa rica estructura existente que es el teatro independiente en nuestro país.  Desde un sencillo análisis de la gestión, la estructura de generación de producciones de teatro tiene tres posibles impulsores: el Estado, la Empresa (producción con perspectivas comerciales), y la producción independiente. El Estado (en todos sus niveles) cuenta con menos de una decena de elencos oficiales en todo el país. Los productores privados sostienen temporalmente elencos reunidos para proyectos puntuales, que se disuelven al finalizar su temporada de presentaciones. Y el 85% de la producción restante es de grupos independientes (entendiendo como grupos a un mínimo de dos personas) que en muchos casos buscan apoyos económicos para cubrir alguna parte de sus producciones en el Estado (fondos nacionales, provinciales o municipales de fomentos a la producción artística), o en la Empresa, mayoritariamente con pequeños y microaportes.

La narración oral en su amplísima mayoría, es parte del mundo de los formatos unipersonales. Hay muy pocas propuestas grupales, y muchas de ellas responden a grupos recién salidos de algún taller o escuela, y responde más a búsquedas de apoyos mutuos, que a propuestas estéticas [más información en el artículo de Pep Bruno: Algunas cuestiones sobre formación en el ámbito de la narración oral]. En un artículo que publiqué en la revista virtual “Y digo yo…” n.° 3, puede verse un esbozo de las grandes categorías de narradores, que sintéticamente podrían agruparse en tres categorías: vocacionales, sociales y profesionales. Esto con todos los lógicos entrecruzamientos posibles: desde los semi-profesionales, los sociales intermitentes, los vocacionales experimentados, a los que están en más de una categoría a la vez, etc. 

De mis quince años de estar organizando festivales de narración y otras disciplinas artísticas, considero que hoy contabilizamos no más de una docena de narradores profesionales en Argentina. No hay muchos más que puedan vivir exclusivamente de esa profesión, la mayoría trabajando con funciones en escuelas o en programas estatales de fomento a la lectura. Una gran cantidad tienen una muy buena formación técnica y artística pero solo ocasionalmente pueden realizar funciones contratados por bibliotecas o editoriales, y viven de otras actividades profesionales.

Los festivales

En un sistema muy parecido a lo que ocurre con el teatro, los festivales de narración son casi todos de iniciativa independiente. Un pequeño grupo de narradores o activistas culturales se propone la organización de un primer evento, y así se concreta, generalmente por el empuje y amor por la profesión de sus impulsores. La gestión cultural o la producción profesional no son actividades muy desarrolladas en el campo de la cultura independiente. Y si bien la falta de búsqueda del profesionalismo podría entenderse como una dificultad a la hora de asegurar los recursos y la subsistencia de los proyectos, es ese mismo espíritu independiente lo que hace posible que sean una realidad. Cuando el Estado no invierte dinero en producir o los apoyos económicos a lo ya existente son muy bajos, la única fuente se sostén de esos proyectos son el enamoramiento con los mismos. Es la pasión que desarrollan los activistas culturales por ver la concreción de algún sueño propio o compartido.

Aquí se da un punto de quiebre con dos miradas a las que les cuesta entender ese mecanismo. La Empresa (productores o agentes culturales que buscan obtener un rédito económico) hace un par de cálculos y rápidamente desecha esos proyectos por inviabilidad de obtener ganancias. El Estado analiza la inversión y la repercusión mediática que pueden obtener, y sin dudar eligen apoyar algunas de las otras opciones culturales que le aseguran mayor difusión, publicidad o público (música, cine, medios digitales, deportes).

Teniendo en cuenta que esto puede ser leído por personas de distintos países que tienen realidades distintas, me resulta necesario aclarar que yo visualizo tres modeles existentes de financiamiento cultural en el mundo. El modelo europeo, donde el Estado es quien apoya con muchos fondos la generación y sostenimiento de proyectos; el estadounidense donde la Empresa sponsorea la mayoría de las actividades; y el latinoamericano, donde es la Sociedad Civil la que empuja la realización de los proyectos.

Es en base a esta división que yo pienso que se produjo el enorme crecimiento del Teatro en Argentina, a partir de un movimiento que se llamó el Teatro Independiente y fijó el modelo de trabajo: perfeccionamiento artístico, nuevas obras, trabajo colectivo, y búsqueda de nuevos públicos. Y ahí estamos con la Narración Oral en Argentina; como recién llegada al campo escénico todavía tiene muchas dudas profesionales, problemas de identidad de género y una fuerte tendencia al individualismo, pero con buenos pronósticos de evolución.

Nuestro circuito

Planteada esta larga introducción creo que ahora será muy sencillo explicar sobre los Festivales en nuestro país. Al menos en la parte que me toca. 

A fines de 2001 y principios de 2002, en plena crisis económica, política y social (bancos que se quedaban con los depósito; 5 presidentes del país en una misma semana), un amigo que estaba a cargo de la dirección del Teatro Municipal de Morón (uno de esos 24 municipios que rodean a Buenos Aires) pidió de organizar dos ciclos de nuevas tendencias escénicas. Y uno de los proyectos que armé fue un 1er Festival de Cuentacuentos. Fue de perfil local, ayudado por alguna gente amiga que ya venía colaborando con mis publicaciones**. En las siguientes ediciones mientras buceaba en las intimidades del mundo de cuenteros y cuentistas, fui desarrollando una mirada más estratégica sobre las necesidades del festival para asegurar su supervivencia económica y evolucionar. Una tenía que ver con elevar la calidad artística, para poder conquistar nuevos públicos. Otra con la posibilidad de traer más invitados, incluyendo algunos extranjeros, lo que requeriría de mecanismos para asegurar sus pagos. Tomé el modelo más cercano que ya conocía, que era del campo teatral, y comencé a buscar nuevas extensiones posibles para ampliar las giras de cada artista.

Los contactos con otras ciudades de Argentina se fueron desarrollando en muchos casos con personas ligadas al teatro, que ya tenían otra forma de pensar el trabajo, con sentido colectivo. Así nacieron las primeras extensiones en Tucumán, Chaco, Mendoza y el asociarse con otros festivales ya existentes o en vías de existir. Como todo proyecto cultural vivo, siempre hay cambios y modificaciones ligadas a las variedades e intereses de las personas. A fines de 2013 cambié parte del equipo de trabajo y tomé las riendas también de la programación artística, para introducir algunas variantes en los caminos de búsqueda de fortalecimiento de la narración, menos pensando en los estrellatos individuales y más en el crecimiento colectivo.

Así en 2014 además de los habituales espectáculos y talleres, diseñé un programa de actividades de narración en la comunidad con proyectos sociales en hospitales, cárceles, escuelas y espacios públicos. Aquí claramente el espectáculo de cuentos no era el fin en sí mismo, sino el camino para otro motivo superior. Y por otro lado, comenzamos a desarrollar el perfil teórico, con miradas desde la investigación teatral. Por un lado invité al Dr. Jorge Dubatti, uno de los principales investigadores teatrales del Argentina, a aportar una mirada sobre el Teatro del Relato, con lo que comenzamos una fuerte sistematización y análisis del nuevo campo en desarrollo. Por otro lado también programamos una actividad con el Dr. Carlos Fos, crítico e investigador escénico, consistente en un desmontaje o análisis técnico de una obra luego de presentada. Así por primera vez elegimos espectáculos con cierta puesta en escena teatral, para tener un análisis que servía como formación de espectadores de narración oral.

La última modificación fue la realización de concursos con disciplinas afines, que permitieran llegar a otros públicos. En 2014 fue de cuentos breves y en 2015 elegimos a videocuentos.

La nueva Red ENLAZAPALABRAS

Fuera de la ciudad y provincia de Buenos Aires me pareció necesario reorganizar un esquema de trabajo en conjunto con objetivos similares, en varias ciudades, que permitiera generar una sinergia de esfuerzos entre organizadores. En 2014 fijamos el eje del futuro proyecto con las ciudades de Mendoza (1,100 km al oeste de Buenos Aires, junto a Los Andes), y San Carlos de Bariloche (en el norte de la Patagonia, a 1.700 km al sur de Buenos Aires). Con esos 3 festivales en marcha conjunta, en 2015 sumamos otras 8 ciudades: San Rafael y San Luis, cercanas a Mendoza; Neuquén y General Roca, cercanas a Bariloche; Santiago, Valparaíso y Puerto Montt (1.000 KM al sur de Santiago, pero cercana a Bariloche) en un corredor chileno; y Córdoba y Rosario, más cercanas a Buenos Aires. Así llegamos a las 12 ciudades de un mismo circuito de centro y sur del país que acabamos de terminar. Y en este momento comenzamos con algunas ciudades del norte del país, que irán fundando una extensión para el año próximo.

Este nuevo esquema de circulación de artistas y festivales asociados, es lo que denominamos la Red ENLAZAPALABRAS de festivales de narración oral y afines. Es un proyecto nuevo, que esperamos que sea útil para el trabajo asociado, facilitando la gestión de apoyos de fondos públicos, abaratamiento de transportes y multiplicación de actividades para los artistas invitados.

El factor humano

Considero que tenemos dos particularidades como Festival. Una es el sistema de programación. Por un lado invitamos a narradores ya conocidos de destacada trayectoria, nacionales o internacionales. Por otro lanzamos hacia final de año una convocatoria internacional que recibe propuestas en videos (en realidad a links para poder visualizar videos), lo que permite tener una buena aproximación a la obra de gente de otras latitudes. Este 2015 habíamos recibido 70 espectáculos, de los que finalmente seleccionamos 9 y por razones logísticas participaron 8. Eso nos da una visión actualizada y de amplio alcance del estado y perfil de producciones en el área hispanohablante.

La otra particularidad de nuestra Red es que está encabezada por gente de experiencia teatral que son a su vez gestores culturales o productores, y en algunos casos narradores pero desde un claro rol de gestores/organizadores de mirada amplia. Evitamos así las tentaciones frecuentes de narradores egocéntricos que diseñan todo para su propio desarrollo profesional, generándose viajes, funciones y talleres solo para sí mismos y algunos amigos. 

Creo firmemente que el teatro puede nutrirse de las facilidades de circulación que tiene la narración oral, la llegada a espacios no habituales y el acceso al sistema educativo. Para quien organiza una función o festival de teatro, hacer lo mismo con un espectáculo de narración parece casi chiste desde la mirada logística. Y también creo que la narración puede nutrirse fuertemente del profesionalismo del teatro: sus exigencias de perfeccionamiento, sus posibilidades de financiamiento y, sobre todo, su lógica grupal de crecimiento.

Recuadros finales

Números

Todavía estamos realizando una evaluación de resultados de este año, pero a grandes rasgos estos serían algunos números para destacar:

  • Cantidad de sedes: 12 ciudades de Argentina y Chile.
  • Extensión: Más de 9.500 km de recorrido.
  • Participantes: 48 (solo en la sede de Buenos Aires, estimamos más de 100 en total)
  • Sistema de selección: invitación directa o seleccionados por videos.
  • Actividades: 58 en Buenos Aires.
  • Públicos: Muy variado. Artistas en desarrollo y profesionalizados. Público experimentado y los que veían por primera vez una función de cuentos. Todas las edades.

Desafíos

  • Crecer en cantidad de festivales asociados
  • Crecer en cantidades de público
  • Fortalecer la narración oral como una alternativa dentro del consumo cultural
  • Mejorar el acceso a fondos públicos
  • Desarrollar profesionales con miradas colectivas
Claudio Pansera (Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.)

 

Este artículo forma parte del Boletín n.º 36 de AEDA: Panorama de la narración oral en Argentina

[N. del Ed.: Hay una propuesta de listado de festivales en Argentina al final del artículo de Ana Cuevas Unamuno: Espacios de formación en narración oral en Argentina.

NOTAS AL PIE
* El teórico teatral Jorge Dubatti llama “convivio”, la reunión en cuerpo presente, el fenómeno humano de la cultura viviente en el que se genera una zona singular de experiencia y subjetividad colectiva. Un momento único e irrepetible donde se conecta el artista con el espectador.
** En 1995 comencé con proyectos editoriales alrededor de las artes escénicas, y en 1998 nació el Periódico de Artes Escénicas, que fue la base de muchos proyectos posteriores.

Comentarios   

#3 carlos genovese 15-10-2015 15:06
Excelente artículo sobre el espectro artístico y social de la narración oral y su desarrollo futuro, válido para varios países (si no todos) de Latinoamérica. Felicitaciones a su autor.
#2 Pep Bruno 07-10-2015 09:00
Silvina, todo el boletín de este mes está dedicado al panorama de narración oral en Argentina. Contiene un total de 15 artículos y entrevistas, creo que es bastante completo. Lo tienes enlazado al final del artículo, tras la firma del autor.
Un abrazo
#1 Silvina Fariña 07-10-2015 03:30
Me alegró encontrar un artículo acerca de la narración oral en Argentina, especialmente porque hace mucho tiempo que trabajo en la escuela con esta actividad y siempre voy en busca de experiencias que vinculen con esta práctica.

Escribir un comentario


Código de seguridad
Refescar