“El espacio del lector se va construyendo de a poco,
de manera desordenada por lo general, un poco azarosa.”
Graciela Montes
La frontera indómita

Con este artículo intentaré compartir la experiencia de un taller de lectura que funciona dentro de un proyecto-marco llamado “Talleres Integrados”, llevado adelante por un grupo de profesionales de distintas disciplinas (El equipo de coordinadores de los Talleres está formado por Mariel Danazzo, Paula Nieto, María Laura Arias, Norberto Mazzolini y Roberto Sotelo) desde el año 2007 en el Centro Terapéutico CREDA, perteneciente al sindicato de trabajadores no-docentes de la Universidad de Buenos Aires (APUBA).
Esta Institución realiza un abordaje interdisciplinario dirigido a bebés y niños con trastornos del neuro-desarrollo, y a adolescentes, jóvenes y adultos con discapacidades cognitivas con y sin compromiso motriz. Todos ellos son hijos de trabajadores docentes y no-docentes de la Universidad de Buenos Aires.

foto marian

Cuando Jorge me abrió la puerta de APAM en julio del 2016, la idea era contarle a “los chicos” unos cuentos con un par de amigos cuentistas. Aquel era un “centro de día” para personas con “diversidad funcional física” (DFF), y llegamos con ese pudor melindroso de quienes se piensan “normales” y creen que con las personas en sillas de ruedas hay que ir de puntillas. Nos preguntábamos cómo sería la gente, qué cosas no habría que contar, cómo habría que adaptar las historias... Y de pronto allí conocimos al Doctor Amor, que en el podcast Radio Intrépidos explicaba cómo hacerle el amor a una lavadora. Y Hortensia, que envuelta en su chal de lana llevaba la crónica de crímenes castizos, de Jarabo a la Calle Cabeza, del Matamendigos al Asesino de la Baraja. Y Avelina, que apoyada en su andador leía cuentos fantásticos de cosecha propia. Así descubrí que algunas de aquellas personas me daban sopas con onda en picardía, sentido del humor y saber vivir. La segunda vez fui sola y les dije: a la próxima contáis vosotros.

Opción a opt

…porque el hombre es un animal de palabras, como el pájaro es un animal alado.
Octavio Paz

ESCENARIO

Desde la Facultad de Psicología (Universidad de la República), se propuso un proyecto de investigación-acción, a ser realizado con Mujeres Privadas de Libertad (MPL), que se encuentran en etapa de pre-egreso en la Unidad N° 5 femenina, situada en el Departamento de Montevideo dentro del barrio Colón.

En estos días en que estamos presenciando cómo crecen los discursos intolerantes, racistas, xenófobos, en que hemos visto los estragos de la violencia machista, no dejo de pensar en lo mal que nos comunicamos: si nos entendiéramos más, ¿nos trataríamos mejor? Si nos escucháramos más, ¿nos conoceríamos mejor? No tengo una respuesta clara; según el día, el optimismo o el escepticismo me llevan a contestar de una manera u otra.

Sin embargo, qué más podemos hacer como narradores orales que ayudar en este sentido, realizar nuestra pequeña contribución para mejorar la calidad de la escucha, para dar voz a los que no la tienen, para rescatar historias ya olvidadas.

En mi trabajo personal siempre me han interesado mucho las anécdotas. Me parecen un género literario delicioso donde la expresividad natural de cada uno se expande y permite reconocer los recursos naturales que tenemos para poder explotarlos. Desde hace años, trabajo en mis talleres con niños y niñas esta técnica, y trato de que sus historias tengan un valor en nuestros encuentros, y de que sean escuchadas como merecen. Es dentro de este trabajo que surge la experiencia que quiero contaros.

 Muchos son los espacios donde los cuentos pueden desplegar su tarea reveladora de íntimos secretos.

Las narradoras, los narradores, sabemos cómo las historias son capaces de tomar la palabra en cafés, bibliotecas, teatros, centros culturales, hasta el rincón de un parque. En cualquiera de ellos, los cuentos son la llave que abre paso a las emociones, todas iguales pero todas singulares, de los que, libremente, se acercan al círculo mágico del relato.

Imagen Mon opt

“Igual al té contado” es un proyecto que se inició en la isla de Tenerife y se ha extendido a la isla vecina de La Palma.

La idea surge de una llamada de teléfono en la que una madre amiga con una hija de quince años que ha sido violada dice: “Cuéntale un cuento que le cure el alma”. Nadie me había pedido un trabajo de ese tipo, por lo que empezaron las reflexiones acerca del tema y las siguientes cuestiones salieron a la palestra: Los cuentos nos pueden hacer reír, llorar, volar, pero ¿curar el alma?, ¿Qué contar a alguien que dice tener el alma rota?, ¿Qué tipo de cuentos son los idóneos para una Víctima de Violencia de Género?, ¿Querrá escuchar historias que se parezcan a la suya o cuentos de princesas?, ¿Tal vez cuentos chistosos? Por más que reflexioné no llegaron las respuestas hasta bastante tiempo después. Pero quería ayudar a esta madre y a esta chica, así que llamé a la adolescente por teléfono y hablamos durante más de una hora, no un día sino varios. Al principio le contaba  cuentos del repertorio y hablábamos acerca de ellos, de sus protagonistas y sus acciones, después empezó la búsqueda de cuentos que sentía que le podían gustar más y finalmente terminó diciendo: “Hoy te contaré yo un cuento a ti” y me contó la historia de su vida, violación incluida. Fue ella la que me pidió que hiciera esta misma acción con otras mujeres, y el nombre “Igual al té contado” simplemente porque mientras hablábamos por teléfono tomábamos té. A partir de esa primera acción lo tuve claro.

CELSO FOTO opt

"Non sei para que me serven as maus"
"No sé para que me sirven las manos"

Mi trabajo durante diez años en una residencia de personas mayores no me dio nunca respiro a la sorpresa en la necesaria monotonía de horarios y el ritmo pausado, mucho más lento que las horas del día, no en vano ocho de cada diez personas vivían en la consideración de dependientes, pero si algo aprendí es que el mar que asemeja calmo en superficie puede esconder un desapercibido mar de fondo, que se descubre metiéndose en él, pues conocer desde la orilla, sólo de vista, no es conocer.

Más artículos...