FOTO MARIAN

A los seres humanos nos encantan las etiquetas, las generalizaciones, reducir grandes grupos de elementos o de personas a una serie de «circunstancias» para poder definirlos. Y tal actitud es comprensible en tanto que reduce en gran medida el caos existente en la Naturaleza y en cierto modo nos ayuda a entender el mundo ahora que lo hemos reducido a una pequeña serie de elementos. Tan solo hemos de apelar a ciertas características para determinar la clase social a la que pertenece una persona, por ejemplo. Sin embargo, sabemos que ninguna de esas personas responde a un único patrón, que es imposible abarcar de modo exhaustivo cada mínima diferencia.

Del mismo modo, el empeño en la clasificación de los cuentos folclóricos no deja de ser equívoco y frustrante. Es por ello que, si bien existe una «guía dominante» que supone una ayuda valiosísima a la hora de localizar y comparar cuentos, también hay posturas críticas respecto a dicho conato generalizador. La objeción principal, al igual que ocurre en el caso de las personas, es que no se tienen en cuenta todas las diferencias, es decir, las variantes, que pueden ser infinitas.

4 virginia imaz 1

Hablar, narrar, imaginar… son tareas culturales y por lo mismo han sido también objeto de estudio de la antropología. A lo largo del tiempo numerosas investigaciones se han interesado, por ejemplo, por la relación entre mito y rito.

El mythos es un vocablo griego sin equivalente exacto en otras lenguas antiguas. Los latinos lo tradujeron por la palabra fábula, término que implica algo fantástico, inventado, pero no ausente de valor pedagógico y por tanto de validez, aunque ésta se oculte bajo la apariencia de mentira. Sin embargo el uso que le dio la cultura griega al término fue mucho más amplio, quedando concretado por el contexto en el cual se incluía. Por ejemplo, en los textos homéricos significó indistintamente: palabra, discurso, relato, narración, fábula o cuento.

Puebla 1

Con el presente texto os propongo un juego de indagación y devolución. Os cuento primero el origen del juego y después las pautas.

Al recibir la invitación a participar en el presente Boletín nació en mí una inquietud, pues al haber participado ya en varios boletines de AEDA y en la revista AEDO tuve la sensación de que lo poco que sé, ya lo había contado por este medio. Mas “Antropología y narración oral” me resulta un tema tan apasionante que decidí aceptar la invitación y contaros no lo que sé, sino lo que en ocasiones intuyo. Y a modo de juego, ampliar con ustedes el mapa donde narrar.

El origen del juego. Iré desde lo pequeñito y personal, a lo grande y grupal.

Mi interés por la mirada antropológica en la narración oral tradicional nació con mi paternidad, hace 12 años. Mi primera hija, cuan aún apenas hablaba, seleccionaba de la biblioteca de casa los libros que quería que le leyese. De todos los libros que ella elegía, prácticamente la totalidad, eran de cuentos. De los cuentos que elegía, la inmensa mayoría eran populares (aunque su selección variaba con el tiempo, un mismo cuento lo solicitaba de forma reiterada durante un largo periodo) y de los relatos que no eran populares elegía aquellos que tenían relación con el origen de su vida (Sal bebé, La primera vez que nací…).

FOTO NATALIA

La antropología tiene mucho que ver con la narración oral. Los antropólogos pasan el tiempo recogiendo historias orales en campo, transcribiéndolas en sus etnografías, comparándolas en sus trabajos teóricos, e incluso haciendo cursos de storytelling para que el público lego deje de dormirse en las conferencias (1). Antaño les era más fácil encontrar estas historias: recorrían las selvas, mares y desiertos en busca de “pueblos primitivos”, por ende ágrafos y depositarios de una rica oralidad. Hoy la modernización de los pueblos tradicionales amenaza su clásico nicho de estudio, y aunque algunos perseveran en buscar “nativos verdaderos”, otros han decidido reinventarse, atendiendo a las franjas salobres donde se mezclan lo viejo y lo nuevo, surgiendo así antropólogos urbanos y antropólogos de la propia cultura, entre otros mutantes adaptados a la confusión postmoderna, y de paso confundiéndose ellos mismos con sociólogos y folcloristas. Así, mientras los antropólogos de la alteridad (2) lamentan el canto de cisne de los narradores tradicionales, los antropólogos del asfalto llaman la atención sobre nuevos fenómenos urbanos, como los resurgimientos de la narración oral en las ciudades, el giro narrativo de los años 80, o el boom del storytelling en los años 2010. Sea cual sea su asunto de interés, la mirada antropológica sigue siendo pertinente por muchas razones. En materia de oralidad, los estudios sobre culturas específicas nos recuerdan que en el mundo hay muchos tipos de narradores, muchos géneros de historias, e inumerables razones para contar y maneras de contar.

Biblioterapia para mayores es el nombre de un proyecto de animación a la lectura de extensión bibliotecaria organizado por la Biblioteca Municipal de Soto del Real orientado a los usuarios de las residencias de la tercera edad, hogar del pensionista y a las personas mayores del municipio con dificultades de movilidad.

Soto del Real es un pequeño municipio de la sierra de Madrid que tiene una población de 8.500 habitantes pero que alberga una notable población mayor al contar con cuatro residencias y un centro de mayores a los que pertenecen cerca de 600 personas. Por eso decidimos fijarnos en uno de los colectivos más vulnerables que existen y que en muchos casos resulta invisible a instituciones y bibliotecas.

El proyecto comenzó en 2012 con la puesta en marcha de un servicio de préstamo institucional a estos centros por parte de la biblioteca y la creación de una colección de fondos bibliográficos inclusivos (libros en letra grande, libros de lectura fácil, en lengua de signos, con pictogramas, audiolibros, audiovisuales con subtítulos y audiodescripción), pero con el tiempo el proyecto se ha consolidado y han aumentado el número de actividades: lecturas públicas en residencias, organización de actividades de animación a la lectura en residencias (recitales poéticos, obras de teatro, cuentacuentos…). También se pretende que los residentes participen en la medida de sus posibilidades en las actividades organizadas en la biblioteca. Nos hemos dado cuenta que las actividades enfocadas al público infantil (cuentacuentos, talleres, espectáculos de magia o teatro) funcionan muy bien con los abuelos. Incluimos a las residencias en la Newsletter de la biblioteca y les facilitamos la asistencia a la biblioteca.

1 1

¿Por qué surge el programa de los mayores también cuentan?

A lo largo del último siglo la población española ha visto aumentar sus expectativas de vida de forma constante. El 25% de la población española tiene más de 65 años. Cada vez más personas llegarán a ser mayores.

Según los resultados del estudio europeo de Pfizer sobre "Envejecimiento Saludable", dos de cada tres personas de 55 o más años se sienten infravalorados por la sociedad y se encuentran cada vez más aisladas de sus familias. Además, casi un tercio de los encuestados respondieron que lo que más les gustaría cambiar en la percepción de la sociedad sobre la tercera edad es el trato condescendiente con este colectivo y dejar de ser vistos como una carga.

Envejecer es un proceso natural e innato a la vida de las personas. Una etapa más, con sus necesidades y capacidades específicas. Desde este enfoque podemos dirigir nuestras intervenciones a dos ámbitos: el personal, apoyando el crecimiento y aprendizaje de los conocimientos, actitudes y habilidades necesarios para que la persona se sienta bien consigo misma y con los demás. Y el social, facilitando entornos que les ayuden a conseguirlo.

Foto 1 optFoto 2 opt

celso

Si alguien puede hablar con conocimiento de causa de la relación de la gente mayor con la narración oral, ese es Celso Fernández Sanmartín. No solo porque trabajó diez años de animador sociocultural en residencias, sino también porque su material narrativo surge y va macerando a partir de sus encuentros y charlas con mayores.

Le hemos hecho tres preguntas en esta minientrevista, para complementar un magnífico artículo que escribió para el Boletín n.º 69 de AEDA, coordinado por la compañera Laura Escuela, titulado “No sé qué para qué me sirven las manos”.

Él mismo se presenta así:

“Tengo el oficio de narrador oral porque tengo una vida muy poco interesante y me asombro de las vidas ajenas, sobre todo aquellas en las que el componente físico y espacial están en épocas pre-tecnológicas, o sea, cuando la gente asumía que la vida era transitar y exponerse, cuando cualquier entorno deparaba peligro y sorpresa por igual, y donde había que valerse del lenguaje oral para relacionarse con viveza e inteligencia, con memoria.

Más artículos...