Por lo que tengo hablado con muchos colegas, esta peripecia personal que aquí relato, se repite de un tiempo a esta parte con mucha frecuencia.

Con variaciones, matices o agregados varios, muchos de los que ejercemos el hermoso oficio de las palabras ambulantes, al llegar a una Biblioteca, Centro Social o Teatro, nos encontramos con un amable anfitrión que con una amplia sonrisa nos pregunta: "¿Eres tu la chica que viene hacer un cuentacuentos?".

Esta pregunta se puede enriquecer con otras, en plan: "¿Tienes que disfrazarte?, ¿No traes nada?, ¿Las maletas y algo más? -si es sesión en Biblioteca-, ¿Vas a maquillar a los niños ten cuidado con...?"

Al principio explicaba con parsimonia que sí, que yo era la narradora que haría la sesión de cuentos, la función, la que contaría durante una hora una serie de historias, etc. Pero cada día que pasa me inclino más por seguir otros caminos a la hora de responder.

Alguien puede pensar que me lo tomo muy a pecho, pero si te encuentras con un teatro de Centro Social de pueblo, donde un señor llena de sillas y micros el escenario bajo la batuta de una señora que cuando te ve se presenta como la Concejal de Cultura (atentos que esto no es un dato menor) y que cuando tú le dices que eres la persona que hará el espectáculo y que no necesitas todo eso, la señora te contesta: "¿Pero... y lo de los cuentos no es cómo un monólogo? "

gallego

“La más antigua y poderosa emoción de la humanidad es el miedo,
y la clase más antigua y poderosa del miedo es el temor a lo desconocido”.
H. P. Lovecraft : “El horror sobrenatural en literatura”

“La soledad y el miedo agrandan las sensaciones
Y hacen ver cosas que no hay ni hubo nunca”

Ánxel Fole: “Os contos da néboa”

Literatura de terror y oralidad
Puestos a hablar sobre la literatura de miedo o de terror habría que comenzar por tener en cuenta que la primera relación que existe entre la literatura y las historias de miedo se da en ese punto en el que ambas cosas, literatura y miedo, se relacionan con la oralidad. En realidad, como ocurre con cualquier tema literario, antes de la plasmación escrita de una historia con la intención de producir miedo en el lector, es posible rastrear la larga huella que dejó cuando alguien contaba lo que le sucedió una noche en un camino. Esta narración se hacía sin más intención que la de compartir la experiencia con los que escuchaban, como forma de ahuyentar su miedo, más que como deseo de provocarlo en los oyentes.

Estas historias orales sostenían su valor narrativo en la veracidad (antes que en la verosimilitud),  aunque ésta estuviese avalada tan solo por la autoridad del narrador, que hacía creíbles los hechos narrados. En estos casos se volvían  materia literaria al sustentarse en sus elementos fundamentales: lenguaje y narración.

Un país de cuento es un documental patrocinado por el Centro Nacional de Investigación Científica (CNRS) de Francia, dirigido por Alexandra Ena y con la participación especial de Suzy Platiel.

Suzanne (Suzy) Platiel es una etnolingüista francesa que en 1967, descubre a los Sanan, un grupo étnico de Burkina Faso, que en esos años no sabe escribir. Para los Sanan, la educación se realiza través de la narración de historias. Pero la educación es integral, conlleva aprender a soñar, a concentrarse, a escuchar y luego, gradualmente, a contar. Las historias se utilizan para transmitir los valores del grupo, los códigos de conducta pero también para resolver los conflictos.

Los cuentos, dentro de los Sanan, solo suceden durante la temporada seca (diciembre a mayo). Los integrantes de la tribu, sentados en círculos, suelen comenzar las sesiones con adivinanzas imposibles. Ante la sucesión de respuestas equívocas, surge como respuesta acertada, un cuento. Y allí se empiezan a hilar las historias. Mientras los niños son pequeños, solo escuchan, pero poco a poco, sus madres, durante la temporada de lluvias, les enseñan palabras nuevas, hasta que finalmente, alrededor de los seis años, el niño pasa a contar.

La narración oral ha sido vista a lo largo de la historia como un arte menor, a pesar de ser un oficio milenario que asume un compromiso estético y requiere de tiempo para su preparación, esto ha generado que el aprendizaje en este campo no se haya asumido como un proceso educativo concreto. De hecho las artes en general han pasado por dificultades para formalizar sus métodos formativos. Pero si la música, el teatro, la literatura, la pintura, la escultura, entre otras, han conseguido ganarse su estatus como carreras completas con programas educativos tan válidos como los de las ciencias, por qué no habría la cuentería de hacer lo propio. Es importante que se atienda a la narración desde lo académico, desde la formación de narradores orales con miras a la profesionalización del oficio. En la ciudad de Medellín llevamos doce años trabajando en este sentido con la escuela de cuentería y oralidad de Medellín.

La escuela de cuentería y oralidad de Medellín fue creada por la Corporación Cultural VIVAPALABRA, en el año 2001, con la intención de establecer un programa de formación integral y permanente que permitiera a los interesados conocer de primera mano información teórica y práctica sobre el oficio de la cuentería. 

La escuela de cuentería y oralidad de Medellín es la única entidad en Latinoamérica en la búsqueda de un currículum de carácter académico para la Cuentería dándole una categoría de arte con fundamentación académica. Está abierta para público general, es decir, cualquier persona puede acceder al proceso de formación. Sin embargo, se espera que después del primer año los participantes se cuestionen respecto a asumir la cuentería como algo más que un pasatiempo, teniendo en cuenta sus posibilidades e intereses personales, en busca de que se desempeñen de forma idónea en el campo de la cuentería y la oralidad como actividad artística, lúdica y cultural.

Mi nombre es Fernando y voy a intentar explicaros los motivos por los que soy autónomo.

Antes de nada he de puntualizar que es obligatorio estar dado de alta como autónomo (tanto en Hacienda como en la Seguridad Social) por el hecho de desarrollar de forma habitual una actividad económica, directa y personalmente y con fines lucrativos. Como soy una persona cumplidora de la ley (ya quedamos pocos), no me queda más remedio que ser autónomo.

Dicho esto, lo primero que voy a contaros es por qué he decidido dedicarme a realizar una actividad económica y no a otro tipo de actividades como puede ser empleado por cuenta ajena (trabajar para un jefe, para entendernos):

  1. Me gusta la autoorganización de mi trabajo, soy de la opinión de que no sólo no hace falta ajustarse a un horario rígido y fijo para desarrollar correctamente un trabajo, sino que más bien ocurre todo lo contrario. Yo adapto la forma de organizar mi trabajo a la productividad, es decir, que si un día me esta cundiendo mucho, probablemente ese día trabajaré diez horas o más. Al contrario, si hay un día que no cunde, el típico día que sale todo al revés y el ánimo va decayendo minuto a minuto, probablemente ese día realizaré todo aquello que ocupe la posición prioritaria tanto en urgencia como en importancia para dedicarme a otra cosa cuanto antes.

Como narrador oral tradicional siempre he sido remiso a mezclar la oralidad con la escritura. Soy consciente de que mucha narración escrita está inspirada en la oralidad y que en la actualidad si se ha conservado la narración oral es gracias a los recopiladores y folcloristas que pasaron a escrito todos los cuentos que eran orales. Pero consideraba que en nombre de esa relación se estaban cometiendo algunos excesos:

  • Edición de libros ilustrados basados en la oralidad donde los adaptadores se asignan el papel de autores restando de esta manera el necesario anonimato que la narración oral tiene a lo largo de los siglos.
  • Edición de libros donde se pervierten los relatos orales dejando un texto cuyo simbolismo es incomprensible o se transforman en algo educativo y didáctico, absolutamente aburrido y alejado de lo que el cuento pretende contar.  
  • La utilización de la narración oral para trasmitir cualquier tipo de valor o contenido curricular. 
  • La preferencia de programación de narradores orales que tengan libros editados, con independencia de su calidad como narradores, en detrimento de otros profesionales que no tienen libros editados.
  • La falta de conocimientos escénicos y su claro menosprecio por parte de aquellos narradores centrados en el libro o la literatura infantil no tradicional, que ha generado una mala opinión de la narración oral en general, entre los programadores de centros culturales, salas teatrales y otros lugares donde se desarrollan artes escénicas.
  • La excesiva vinculación de narración oral y bibliotecas.
  • La costumbre de programar sesiones de narración oral bajo el epígrafe de “animación a la lectura”. Bajo ese epígrafe las bibliotecas y los poderes públicos metían un conjunto de actividades puntuales que se alejaban de la necesaria continuidad que una verdadera animación a la lectura debe tener. 

 ingléseuskera

El presente documento ha sido elaborado por los miembros de AEDA y es una invitación a la reflexión sobre las diversas líneas de formación de los narradores y narradoras orales. En él hemos intentado consensuar contenidos y propuestas que consideramos recomendables a la hora de formar a cuentistas, de formarse como cuentistas. Ojalá os resulte de interés.

 

  • CON LO QUE CONTAMOS. Pensamos que es importante adquirir nociones sobre cuerpo/expresión corporal, voz y presencia escénica. 

 

  • LA PROPIA VOZ. Creemos que toda formación y exploración para consolidar la propia voz será siempre muy útil: alimentar la originalidad, buscar la diferencia, consolidar el estilo propio, elaborar un repertorio personal... todo ello da color al desarrollo de la actividad y honestidad al trabajo.

 

  • LO QUE CONTAMOS (1). Pensamos que es aconsejable tener conocimientos de textos de tradición oral, pues la escucha (o en su defecto la lectura) habitual de estos textos, así como la preparación e incorporación de los mismos al propio repertorio, permiten internalizar estructuras y estrategias “naturalmente” orales, imprescindibles para el habitual desarrollo de nuestro oficio.