“Si no conoces los árboles te puedes perder en el bosque,
si no conoces las historias te puedes perder en la vida”.

Las historias pueden iluminar nuestro camino a través del bosque de la vida y ayudarnos en momentos difíciles. Hoy en día es más fácil que los cuentos encuentren a las personas que los necesitan gracias a redes sociales como “The Healing Story Alliance” (HSA). Esta red internacional de narradores y de otros profesionales vinculados a la narración está ubicada en EEUU y tiene como objetivo explorar, promocionar y aplicar historias para sanar. Personalmente percibo a la HSA como una araña gigante y amistosa que teje múltiples hilos de seda en forma de cuentos que nutren y ayudan a superar situaciones difíciles en la aventura de la vida como por ejemplo el acoso escolar, los tratamientos de adicciones, depresiones, enfermedades graves como el cáncer o simplemente para acompañarnos al final de nuestro “viaje del héroe” durante la transición de esta vida al más allá.

Hay otras “arañas” tejiendo sus generosos hilos a lo largo y ancho de Europa. Todos los años se celebran simposios dedicados al poder curativo de los cuentos en el norte de Europa, principalmente basados en los países escandinavos y en Escocia. En 2014 tendrá lugar en Finlandia.

Introducción

En el origen de la cultura humana, siempre ha existido la necesidad de inventar historias, de contarlas a otros, de depositar en ellas los saberes esenciales para la vida humana. El  ciclo vital humano es una sucesión de etapas,  con su inicio y su final, como si se tratara de un guion o una leyenda jalonado de momentos de especial trascendencia en los que tiene lugar una transformación. Como diría Mircea Elíade, la vida está constituida por un continuo, en el que se suceden una serie de muertes y resurrecciones, de momentos iniciáticos. Según la Alquimia, el plomo se convertía  en oro mediante una compleja y trabajosa serie de transformaciones que había que saber guardar y potenciar en su justa medida. Y en la tradición práctica de contar cuentos, el oro es la metáfora que resume un proceso completo de transformación psicológica, que va desarrollándose a lo largo de toda nuestra vida.

 

Los cuentos  hablan de nuestra sombra, de nuestro proceso de individuación[1].

Cuando somos capaces de reconocer nuestro lado más oscuro o desconocido (la sombra) y  de hacernos conscientes de nuestros aspectos negativos sin necesidad de  proyectarlos en el  exterior y en las relaciones con los demás; o cuando reconocemos como propios aquellos aspectos de nuestra identidad, en principio, negados o rechazados, y en los que podemos descubrir también sus tesoros y su potencial de creatividad, estamos favoreciendo el  proceso de individuación.

De mi experiencia en el Hospital con niñas y niños hospitalizados en Oncología Infantil.

La sección de Oncología del Hospital de Cruces es un hospital pequeño dentro del gran hospital donde niñas y niños diagnosticados de cáncer están en tratamiento. El lugar es bastante parecido a las demás plantas del hospital: las habitaciones son de dos aunque, a veces, hay solo un niño o niña porque tienen que estar en aislamiento.

La primera vez que conté cuentos en el Hospital fue en las  navidades del 2005 dentro de un programa de actividades que se llevaban a cabo en la Ciberaula del Hospital de Cruces. Se trataba de sesiones de tarde, después de la merienda, donde acudían los niños y niñas con sus familiares y/o amigos.

Algunos llegaban en sillas de ruedas, otros andando, otros con grandes vendas en la cabeza y, cuando todos se habían colocado y estaban dispuestos, yo contaba los cuentos. No se diferenciaban estas sesiones de las sesiones que solía hacer en bibliotecas o colegios, solo que había menos niñas y casi más adultos. Para estas sesiones tuve en cuenta todo lo aprendido en los cursos de Payasos de Hospital que había realizado sobre intervención hospitalaria. Cosas sencillas como tener cuidado de  no empezar preguntando "¿qué tal estáis?", no tocarles, no pasarles objetos, materiales o libros, tener cuidado con los contenidos de los cuentos, que no fueran sangrientos o dolorosos, para alejar un poco al público infantil hospitalizado de su día a día.

Hace unos cuantos años Ana Gª Castellanos  participaba en el Festival Madrid de Cuento y le pedí que me dejara acompañarla a la La Paz porque nunca había estado en una sesión de hospital. Me quedé en un rincón, sobrecogida por la sesión de cuentos y por las miradas de esos pequeños oyentes, con sus goteros, la calva, esa palidez, tan malitos algunos. Cuando ya nos íbamos le pregunté a Ana, la educadora del aula hospitalaria, que cuántas veces al año venían profesionales a contar cuentos.

- Solo vienen una vez, el mes de noviembre.                      

-¿Hasta el año que viene no vuelven? -pregunté.

Negó con la cabeza. Me pareció absurdo y sin pensarlo, me ofrecí a ir con regularidad. Ella aceptó encantada y desde entonces siempre ha sido incondicional.

En los 10 años que ha durado la colaboración muchos cuentos han pasado por la planta de oncología y trasplantes y la 2ª planta de La Paz y del Ramón y Cajal.

Los cuentos favorecen el proceso de sanación; lo he visto al finalizar cada sesión y nos lo han contado los mismos niños y sus familias con sus caras y en los cientos de encuestas que han rellenado. Son un poderoso instrumento para facilitar que los enfermos infantiles se entretengan, disfruten y les ayude en su  proceso.

Catalán

Antes de entrar a cuento: Sé que hoy en día lo políticamente correcto es incluir el género femenino y el masculino y hablar de los niños y las niñas, los hombres y las mujeres, los narradores y las narradoras… pero, personalmente me cansa esta retahíla. Por tanto propongo una convención con los lectores y lectoras para que se lean incluidos los dos géneros, aunque no lo especifique. Gracias.

Entre otras cosas me dedico a la narración oral y la cuentoterapia y creo que los cuentos son fundamentales para un desarrollo sano y completo del individuo. Recuperar la magia de los cuentos desde mi adulto fue un descubrimiento que puso mi mundo patas arriba. Hoy puedo entender por qué lo viví de esa manera y esa comprensión me la ha ofrecido la formación en Cuentoterapia.

El término Cuentoterapia fue acuñado hace algunos años por el psicólogo y psicoterapeuta murciano Lorenzo Antonio Hernández Pallarés, con más de 30 años de experiencia en psicoterapia clínica y psicopedagogía. Imparte formación en centros de Profesores y Recursos y forma cuentoterapeutas desde hace 24 años. Es cofundador, y actualmente presidente, de la Asociación Iberoamericana de Cuentoterapeutas. 

Lorenzo define la cuentoterapia como el arte de sanar a través de los cuentos y los utiliza para educar y para prevenir y, en psicoterapia, como una ayuda al crecimiento personal. Utiliza los cuentos en sus terapias con niños con TDA, asperger, autismo, dislexia, etc. Los cuentos son como mapas psicológicos y de conciencia, que ayudan a hacer consciente el mensaje que recibe el inconsciente. La cuentoterapia es una herramienta complementaria con otras terapias, ya que aborda aspectos simbólicos profundos que otras no alcanzan.

Los cuentos llegan allí donde la razón no alcanza; llegan sigilosos, seductores, con humor y desparpajo en ocasiones, sorprendiendo generalmente. 

Se acercan con un guiño cómplice, como dejándose caer con un movimiento “conZÉNtrico” y amistoso. La mayoría de las personas, ante esta actitud les dan la bienvenida, les dan paso en sus vidas y, para cuando se quieren dar cuenta la pócima medicinal que la mayoría contienen alcanza a sus inconscientes.

Este es uno de los triunfos de los cuentos, adentrarse en el inconsciente,  ayudando a hacer fácil lo que parecía complejo, sembrando en la tierra fértil que cada ser humano tiene, semillas para el cambio.

Los cuentos además son flexibles, se aventuran a ser escenificados en el cuerpo,  voz y  mirada de quien los cuenta y también  de quien los recibe. En ocasiones, debido a su condición flexible, los cuentos no tienen la misma velocidad, dirección y sentido que tenían en el  punto de partida en comparación con el que tienen en el punto de llegada; es un misterio saber qué interpretación le dará cada persona que los cuenta y cada persona que los escucha.                      

En el camino de un proceso terapéutico, es cada vez más habitual que se hagan presentes como vehículos todoterreno que favorecen el tránsito por lugares pedregosos, enredados o simplemente poco visitados; es habitual que se empleen con el ánimo de despertar al adulto y ofrecérselo al niño o niña que habita en esa persona como juego de apertura.

Este artículo, escrito por Alberto Sebastián, fue publicado en la Revista de Literatura Infantil y Juvenil Peonza, en su número doble 106-107 de octubre de 2013. Agradecemos al colectivo Peonza permitimos publicarlo en la web.

 

¿Escuchar cuentos constituye un camino hacia el interés por los libros? ¿La narración oral de cuentos puede ser una herramienta útil de Animación a la lectura? Nos referimos a los cuentos contados, no a la lectura compartida ni a los libros de imágenes. Hablamos de contar y escuchar sin el recurso del libro, de la escucha atenta de una historia que sale de la boca de un narrador que hace uso de su voz, su mirada y su gesto como transmisores de la historia. ¿Puede ser una actividad válida más allá de los primeros años, cuando la lectura se convierte en el principal medio de obtener conocimiento y placer?

Según Alberto Manguel: “El lector ideal ha de aprender a escuchar”.

Es evidente que durante la Educación Infantil la herramienta fundamental a partir de la cual trabajamos con historias es la voz. Es la primera vía de acceso a la palabra y a través de ella a las primeras historias. De un modo natural los adultos ponemos en contacto a los niños con otros mundos creados por la imaginación del hombre mediante nuestra voz. Con el tiempo los pequeños no tardan en relacionar las historias que escuchan con ese objeto que se encuentra en el aula, en la biblioteca y en casa; el libro. Antes de aprender a leer saben que las letras que pueblan las páginas esconden esos cuentos que les gusta escuchar. Juegan a leer antes de saber descifrar las palabras. La palabra dicha constituye el primer contacto con la literatura. Eso es un hecho difícilmente discutible. La cuestión es si con posterioridad a los primeros años siguen siendo necesarios los cuentos para acercar a los niños a la literatura escrita, si los cuentos son una buena vía para aprender a amar los libros.