Nombre del festival: Tutú Marambá

Lugar de realización (Ciudad-País): Provincia de Misiones, Argentina. 

Antigüedad: 11 años. Público al que va dirigido: principalmente niños, niñas y jóvenes junto a sus familias.

Cuéntanos la evolución del festival, su historia, sus cambios, su desarrollo:
El TUTÚ MARAMBÁ es un festival de carácter internacional que se realiza desde hace 11 años de forma ininterrumpida. Cada año concurren a él más de 15.000 espectadores en toda la provincia de Misiones y la región NEA de Argentina. Su calidad artística y su capacidad de convocatoria lo han colocado entre los grandes festivales de artes escénicas del país y de Iberoamérica.
Este Festival se inserta en la necesidad de “transitar” un espacio compartido sumando diversos puntos. El mismo se presenta como una construcción que va plasmando desde hace más de diez años, en un colectivo específico, el de niños, niñas, jóvenes y adultos; miradas, sentires y posturas en relación a las artes escénicas, en todas sus formas.

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Es tiempo de celebrar las historias en India este diciembre de 2018. El país albergará dos festivales internacionales de narración seguidos en las ciudades de Bhuvaneswar y Hyderabad respectivamente. Yo, Deepa Kiran, narradora y curadora de ambos festivales, estoy encantada de compartir detalles sobre estos festivales e invitar a los miembros de AEDA a unirse a nosotros y disfrutar de las celebraciones.
Narradores de todo el mundo, India y nuestra región han sido invitados a participar and compartir su buen hacer, amor y sonrisas con la gente de las ciudades de Bhuvaneswar y Hyderabad al tiempo que estas exploran el arte de la narración oral y el deleite de la lectura.

 

Bhu-Fest, International Bhuvaneswar Storytelling Festival: del 6 al 10 de diciembre.

Es su primer año y lleva el nombre de la ciudad que lo alberga; Bhuvaneswar, en el estado de Orissa. Un estado culturalmente vibrante donde la música, la danza, las artes y la artesanía son muy apreciadas y están floreciendo. El festival está financiado por el Gobierno del Estado de Orissa y está co-organizado por la Bakul Foundation, fundada por Sujit Mahapatra.
Deepa Kiran, de la Story Arts Foundation es la curadora oficial del festival. El festival será una celebración única que se ofrece a la gente de la ciudad y la gran cantidad de turistas provenientes de la India y de todas partes del mundo con motivo del Campeonato del Mundo de Hockey Hierba, y que se celebrará desde finales de noviembre hasta mediados de diciembre de 2018. Este año es sin duda una oportunidad muy especial. Los vuelos, la estancia, los desplazamientos y las comidas, etc, son proporcionados a los narradores por parte del festival. También se proporciona un caché por las actuaciones.

Chile es un país que ha tenido una relación curiosa con la narración oral contemporánea. Una relación que podríamos definir como de ires y venires. En los “ires” hemos tenido mucha pasión, mucho público, festivales de relevancia y proyectos significativos. En los “venires”, extrañas lagunas donde pareciera que la narración oral no tiene un espacio realmente ganado en nuestro país. Estos vaivenes se reflejan en los festivales y encuentros internacionales realizados en territorio chileno, donde no es posible encontrar ninguno de larga data, ni tampoco que haya superado las nueve versiones. Sin embargo, también es cierto que desde que comenzó el siglo XXI se han realizado todos los años diferentes eventos de carácter internacional.

Si hacemos una cronología de todos los festivales que han existido, estaremos, casi sin quererlo, haciendo una historia de la narración oral contemporánea en Chile.

El año de referencia para la cuentería en nuestro país es 1993. Ese año, el narrador venezolano Rubén Martínez ofreció en Santiago un Taller de Narración Oral en el marco de un festival de teatro, en el cual se apuntaron varios actores que con el tiempo se comenzarían a dedicar a contar historias. Fue el grupo de los pioneros. Por la misma época, regresaba de Colombia Hugo Fernández, que había visto allá lo que era la cuentería y quiso que hubiera cuentos en el Bar “La Casa en el Aire”, del que era dueño.

En la década de los ‘90 la narración oral en Chile estaba enfocada casi completamente al público adulto, por lo que no debe extrañar que el primer festival importante que hubo de narradores, nacido en 1999, se dirigiera principalmente a ese rango etario. Se trataba del Festival de Narración Oral Santiago Cuenta Cuentos, que alcanzó a tener nueve versiones. Con apoyo de diversos auspiciadores, fondos propios y también ayuda estatal, este festival que dirigía José Luis Mellado (en principio con otros narradores, a partir de la tercera versión por su cuenta) recibió a narradores de diversos países, entre los que se pueden contar a Carolina Rueda, Leo Masliah, Diego Camargo, Alexander Díaz Mateo, Alekos y Martín Céspedes, entre otros. Este recordado festival tuvo sede en la Universidad de Chile, en el Centro Arte Alameda y en el Teatro Oriente. En 2007 se realizó la última versión.

Había una vez una majada, un fuego, una vieja voz  llenando la estancia de historias venidas de lejos, de tiempo atrás, del relato de aquellos que desaparecieron para siempre, de quienes sólo se encontraron las alpargatas, engullidos por la noche más negra y las bestias que la habitan. Historias de cabritillas devoradas, de cuevas y embrujos, de colmillos afilados hincándose en carne tierna. Había un niño que escuchaba, y una niña que no volvía, un cencerro marcando minutos, un  ladrido… y el aullido atravesado que erizaba todas las pieles. Había, sobre todo, un miedo atroz a quien sustraía ovejas dejando a su paso un reguero de sangre, también un temor atávico a lo desconocido, y el deseo de aleccionar para hacer obedecer, el castigo a quien sale cuando no debe: el terror como estrategia para el adecuado seguimiento de las normas morales que prohíben abandonar el camino marcado. 

Había una vez, cuentan, un animal, amo y señor de montes y bosques, tan grande, tan grande que no se podía borrar; imbatible. Había una vez el lobo, el asesino, la encarnación del demonio, la criatura de mayor peso en la tradición oral de la Península Ibérica, el que resiste contra todos incluso allá donde hace siglos que desapareció. Tal es su fuerza, la de su potente presencia, su simbolismo aún. No hay animal capaz de arrebatarle sus tronos: ninguno tan odiado, ninguno tan perseguido, ninguno tan venerado. No hay animal capaz de jugar su papel, de estar sin estar, presente sin existir, tal y como lo hace el lobo. 

catalán

Hace unos días, charlaba con una amiga sobre la exigencia social que estamos viviendo en cuanto a mostrarnos emocionalmente positivos. Hay una cierta tendencia a sentir, mostrar y expresar únicamente las emociones que consideramos agradables, y  a transformar lo que consideramos negativo en algo más simpático. Solo hace falta leer los mensajes escritos en las tazas, en las camisetas o en las agendas de moda. Esta tendencia también ha llegado a la literatura infantil, y han proliferado los álbumes ilustrados que hablan sobre sentimientos e intentan ofrecer a los niños experiencias de aprendizaje emocional. 

Comparto la idea de que el aprendizaje emocional es necesario. Sin embargo, discrepo de esta tendencia literaria insistentemente educadora en tres aspectos que me parecen fundamentales:

El primero tiene que ver con el hecho de que estos aprendizajes estén siempre dirigidos a los niños. El principal objetivo de eso que se conoce como Educación Emocional deberíamos ser los mayores. Una persona educadora que se conozca y se respete, puede acompañar a los niños en el autoconocimiento y en el respeto. Si no se da una actitud personal comprometida con uno mismo, ningún cuento bonito va a generar un aprendizaje tan profundo como el que puede generar una relación sanada y consciente. Los niños tienen derecho y edad de ser inmaduros, y de vivir con libertad lo que les corresponda.

El segundo tiene que ver con entender la literatura como un material didáctico. La función del arte jamás debería ser la de enseñarnos algo, sino la de simbolizar partes de nuestra condición humana, compuesta de luces y de sombras, de aquello que aprendimos a mostrar y a expresar, y también de aquello que escondemos o reprimimos. Nos interpelan y nos emocionan las obras de arte que no han sido concebidas para enseñarnos nada, sino como pura expresión de un movimiento interno. Puede que los álbumes que han sido pensados para trabajar emociones gusten, por supuesto; pero emociona e impacta mucho más la belleza de una historia concebida desde un lugar más profundo.

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