nestor

Todo acto de Narración Oral tiene tres elementos mínimos fundamentales: un público, un relato y una persona que lo cuente. Si la narración está bien construida y transmitida, y el público se siente parte, ocurre que los tres elementos se mueven al unísono. Es una sensación fantástica sentir el acto conjunto, una experiencia que genera lazos y pertenencia y que permite a las personas que allí están, por un momento breve, ser parte de la tribu.

La Narración, además, es respetuosa con el imaginario de cada cual, permitiendo a cada persona imaginar su cuento al mismo tiempo que lo comparte con el resto. Cada persona, al “escuchar” la historia, es co-creadora del relato y lo construye con sus propias imágenes. Si esto no es inclusivo, no sé qué puede serlo, pero ¿qué ocurre cuando alguien en el público no puede oír lo que se cuenta? ¿O no entiende lo que está ocurriendo para poder aportar su parte al proceso de creación? 

A finales de enero y principios de febrero de este año, Néstor Bolaños (narrador y psicólogo) y yo impartimos, en la Biblioteca Insular de Gran Canaria, el taller “Narración y Diversidad. Herramientas para una Narración Oral Inclusiva”.

NARRACIÓN ORAL Y DIVERSIDAD

Todo partió de una propuesta de la Mesa Inclusiva para el fomento de la lectura en Gran Canaria, dependiente del Pacto Insular por la lectura y la escritura del Cabildo Insular.

Plantearon este taller ante la necesidad de llevar a cabo en la Biblioteca actividades de narración oral inclusivas, de modo que los narradores/as de la isla se formaran para poder participar en la minimización y/o eliminación de las barreras que encuentran personas con diversidad funcional a la hora de disfrutar de las sesiones.

Lesa Carolina 5ª

CUANDO EL CORAZÓN NO ALCANZA: 

UNA APROXIMACIÓN A LA NARRACIÓN PARA PERSONAS CON TRASTORNO DEL ESPECTRO AUTISTA (TEA)

 

Hay ocasiones en las la voz y la intención, por maravillosas que sean, no alcanzan. A veces, es necesario llevar los latidos entre las manos o, mejor aún, en imágenes. Al menos, cuando en la sesión hay alguna persona o personita con TEA y nuestro deseo está en dejar el cuento en su oído para que viaje a las más altas profundidades. Desde este lugar, donde la ficción y la emoción pactan la aventura, me animo a proponer algunas sugerencias para crear sesiones más accesibles e inclusivas. Por supuesto, no son únicas ni exhaustivas; también, es posible que solo necesites algunas de ellas, pues hay tantos autismos como personas. Sin embargo, pueden ser un buen comienzo para pensar y narrar ante un público tan extraordinario como singular. ¡Allá vamos!

"Más de tres motivos para no contar con libro álbum. Una reflexión sobre la relación entre libro álbum y narración oral" fue el título de la conferencia impartida por Nono Granero en el cierre de la IV Jornada sobre narración oral y lectura que celebramos en Graus el 25 de julio de 2018. Este es el texto de la conferencia.

 NonoJornada

INTRODUCCIÓN

Que en los últimos tiempos se ha establecido una relación cada día más estrecha entre Narración Oral y Álbum Ilustrado es algo que puede comprobarse fácilmente acercándose a cualquier sesión de cuentos en una biblioteca o incluso en algún festival de narración(1). Y puede parecer muy lógica esa relación, ya que ambas disciplinas tienen muchos puntos en común.  

Marta Sitja

Me pedís que escriba sobre cómo percibo y cuento el mundo siendo mujer, y reduciéndolo en una frase diría que lo percibo con mucha injusticia y lo cuento para que haya más justicia.

Como ya sabe todo el mundo, vivimos en una sociedad desigual. Las personas no tenemos los mismos derechos, ya sea por el lugar donde te ha tocado nacer, por el color de la piel, por el cuerpo que tengas, por la edad... y también por el SEXO.

Las mujeres tenemos menos derechos que los hombres, que por el simple hecho de haber nacido hombres tienen privilegios. En la escena y en los escenarios se ve claramente. Primero porque no hay (ni por casualidad) el mismo número de hombres que de mujeres y segundo porque nosotras mismas nos excluimos por nuestra inseguridad y parece que siempre tengamos que pedir permiso.

magda labarga

Siempre me gustaron las historias de aventuras. Cuando tenía alrededor de doce años leí algunas que transcurrían en la Edad Media. Ivanhoe y La flecha negra son las que más recuerdo. En ellas, las protagonistas femeninas viven en castillos, son jóvenes damas que tienen problemas con el matrimonio. Me gustaba imaginarme como una de ellas, sobre todo me imaginaba siendo Joanna, la protagonista de La flecha negra que para huir de un matrimonio concertado se disfraza de chico y vive aventuras que le están vedadas a las mujeres de esa época, fueran de la clase que fueran. (Al menos, así me lo contaron. Luego una se entera de Juana de Arco y de arquitectas de catedrales y de viajeras y abadesas y se pregunta si la oscuridad de la Edad Media fue tan oscura). El caso es que, un día, perdida en una de mis ensoñaciones, no sé por qué se me ocurrió pensar en qué hubiera pasado si yo hubiera nacido en la Edad Media. Una cosa llevó a otra y traté de imaginarme en varias vidas, ¿qué hubiera pasado si hubiera sido una campesina de la Edad Media? ¿Y si hubiera sido pobre ahora mismo? ¿Seguiría siendo quien soy? ¿Cómo vería el mundo? ¿Cómo sería mi vida?

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Llegué a los libros atraída por los cuentos orales. Mi primer amor fueron las aladas palabras, como las llama Homero: sonidos, soplos, aire modelado. Fue mi madre quien desplegó ante mí el universo de las historias susurradas. Y no por casualidad. A lo largo de los tiempos, han sido sobre todo las mujeres las encargadas de conservar la memoria de los cuentos. Las tejedoras de relatos y telas. Durante siglos han devanado historias al mismo tiempo que hacían girar la rueca o manejaban la lanzadera del telar. Ellas fueron las primeras en plasmar el universo como malla y como redes. Desarrollaban su peculiar inventiva. Anudaban sus alegrías, ilusiones, angustias, terrores y creencias más íntimas. Teñían de colores la monotonía. Entrelazaban verbos, lana, adjetivos y seda. Por eso, textos y tejidos comparten tantas palabras: la trama del relato, el nudo del argumento, el hilo de la historia, el desenlace de la narración. Devanarse los sesos, bordar un discurso, hilar fino. Por eso, los viejos mitos nos hablan de la tela de Penélope, de las túnicas de Nausicaa, de los bordados de Aracne, del hilo de Ariadna, de la hebra de la vida que hilaban las Moiras, del lienzo de los destinos que cosían las Nortas, del tapiz mágico de Sherezade.

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