No recuerdo cuál fue el lugar exacto en el que escuché por vez primera a Tim Bowley.  Quizás fue en el Maratón de Cuentos de Guadalajara, o quizás en el Festival das Palavras Andarilhas, en Beja (Portugal). Pero sí recuerdo la primera imagen que tuve de Tim: sentado al lado de Casilda, su traductora y acompañante en los últimos años del siglo pasado. Y, para ser más preciso, lo que realmente recuerdo fue el tono de su voz, su profundidad, su cadencia, su armonía.

Cuando Tim comenzó a contar, me sentí transportado por unos instantes a la corte del Rey Carmesí; porque aquella voz me evocaba parajes medievales y bucólicos, y palabras desconocidas que mi mente asoció automáticamente al legendario álbum de King Crimson. Nunca le pregunté a Tim si a él le gusta el rock progresivo de los Crimsom o si, algún día antes de llegar a ser el gran contador que conocemos, recitó la introducción de Lord of the Ages de Magna Carta. En cualquier caso, Tim Bowley pasó a ser para mí el gran bardo que me hizo degustar palabras desconocidas hasta convertirlas en melodía:

Lord of the Ages, nobody knows
Whither he goes, nobody knows

Tim es el Señor de las Palabras porque las sabe todas, y las talla, las modula, las transforma, las hace minúsculas o grandiosas –según convenga– y las regala al público para que las saboreemos como un exquisito manjar. Porque Tim tiene ese don. 

También ha tenido el don de encontrar siempre la mejor compañía para traducir sus cuentos. Casilda primero y Charo Pita después, han recorrido junto a Tim toda la Península Ibérica deleitando a todo tipo de auditorios. Ese era el Tim que conocíamos en Kalandraka, el que nos visitó en las primeras ediciones del Salón del Libro Infantil y Juvenil que organizamos en Pontevedra; al que volvimos a ver en Arenas de San Pedro y en tantos otros lugares.

Desde el momento en que Tim puso el pie en Guadalajara, se produjo una fascinación. Llegó para actuar en el Teatro Moderno, en el Festival que se programa dentro del Maratón de los Cuentos, con Casilda Regueiro como pareja artística. Era uno de los primeros narradores extranjeros que participaban en el Maratón y eso, para quienes lo organizábamos, era un acontecimiento. Por eso conservo muy fresco el recuerdo.

Quienes vivimos el Maratón por dentro nos perdemos muchas de las cosas que ocurren ese fin de semana en la ciudad. Si hay que estar en el Palacio hay que estar en el Palacio y, por mucho que nos apene, no podemos ir a ninguna de las cosas que se desarrollan simultáneamente. Por eso, el primer recuerdo que tengo de Tim es lo que comentaban los compañeros que sí habían visto su actuación. Estaban muy impresionados. Por su voz –parecía un locutor de la BBC, decían– y por su presencia escénica. En ese Maratón, quizá porque todavía no conocíamos a Tim, no nos referíamos a él por su nombre sino que le llamábamos “el inglés”, pero lo pronunciábamos con mayúsculas. ¿Qué tal ha estado EL INGLÉS?, preguntábamos los que no habíamos visto su espectáculo a los que sí. Extraordinario, contestaban también en mayúsculas los que venían entusiasmados del Teatro Moderno.

El encuentro real con Tim, en mi memoria, viene precedido por un movimiento de sillas. Todavía puedo ver cómo, cuando en la medianoche de aquel mismo Maratón le tocaba contar en el Palacio, dos sillas blancas volaron al escenario desde las primeras filas del patio de butacas. Cuando él se sentó en una de ellas, esa modesta silla de plástico se convirtió en un trono. Porque desde el principio estuvo claro para todo el mundo que Tim era un rey de la narración. 

Observo desde hace meses una curiosísima forma de ofertar actividades por parte de algunas administraciones públicas. Se trata de lo que vendría a ser una "oferta lenteja": si las quieres las tomas y si no las dejas. Oferta que además, según he podido constatar, se presenta al menos en dos modalidades:

  • Lentejas al kilo. Se caracteriza porque en las bases en las que se solicita la actividad se detallan cuestiones como: si hay dos personas en escena la cantidad máxima a facturar es "x", si son cuatro la cantidad es "y", etc.
  • Lentejas al plato. Se caracteriza porque la administración te dice la cantidad que puedes facturar al día, dentro de su proyecto, claro. Claro y menos mal, porque sólo faltaría que tuviésemos un máximo de facturación diaria.

Se podría pensar que esta opción no está mal, aunque habría que señalar que con este método podemos poner el precio que creamos conveniente a cualquier cosa, ya sea una zanahoria, ya sea una casa. Entonces ¿cuál es el problema, o más bien, los problemas? 

  • A nivel empresarial es el siguiente: no hay requisitos para entrar en estas programaciones, puedes concursar como asociación o con una figura de facturación legal: autónomo, empresa, etc. El problema en este punto es el de siempre, que la empresa debe pagar el IVA, Seguros Sociales... lo que hace que su gasto se eleve hasta un 40% por la presión fiscal (que como sabemos son recursos con los que se pagan: educación, sanidad... y todo lo público, incluso el dinero que saldrá para realizar ese mismo programa) y la asociación no tiene que pagar IVA ni Seguridad Social, ni nada de nada, es dinero ¿limpio? A modo de reflexión, ¿la Administración puede comparar el tóner a la "Asociación de Amigos de la Fotocopia en Color"?, no, pero alguien dirá: ya, pero en la cultura es otra cosa. Yo planteo (siguiendo en el punto de la reflexión empresarial) que sí, que es lo mismo. Por lo tanto no estamos en igualdad de condiciones, esta política no solo es perjudicial para el tejido empresarial de la cultura, sino que lo grava.

Tim Bowley fue invitado a colaborar con un artículo en este libro sobre narración oral: Telling in tandem; hoy recuperamos el artículo para nuestra web. Agradecemos a Tim que nos haya dado permiso para publicarlo.

inglés

TimBowley

Debo admitir que cuando recibí la invitación de contribuir a este libro, nunca había oído antes el término “Tandem Telling” a pesar de haber pasado los últimos veinticinco años como narrador oral. Asumo que se refiere a gente que, como parte de una pareja o de un grupo, cuentan historias uno detrás de otro. Si es así, está bastante alejado de lo que yo y mi compañera de narración hacemos. Aunque supongo que seguramente a eso también se le puede llamar “tándem telling”. Vivo y trabajo en España y debido a que sufro una incapacidad, congénita a los británicos, para aprender una lengua extranjera a un nivel aceptable para narrar, trabajo con una compañera española que traduce las historias a su lengua a medida que vamos narrando, por lo que, más que alternar historias, vamos alternando frases.

Mitin ocho marzo. Zaragoza 1936

Hoy es el día de la mujer. Como mujeres y trabajadoras en el sector de la comunicación, queremos agradecer a todas las personas y organismos oficiales y no oficiales por saber valorar nuestro trabajo y contratarnos. 

Hoy, precisamente hoy, queremos mandar un mensaje a todas las mujeres que siguen sin tener la palabra, que siguen sin ser escuchadas, que siguen estando bajo unas leyes que no las protegen. A las mujeres que viven con miedo a expresar lo que piensan, consideradas de menor valía por un sistema consumista, a aquellas que son utilizadas y no respetadas. A esas personas que siguen queriendo saber por qué las discriminan por ser mujeres, por qué no las contratan tanto como a sus compañeros de sexo masculino, cuando su trabajo es igual de válido. A esas mujeres que son interrogadas todos los días acerca de si tienen pareja, de si tienen hijos, o no los tienen. A las que constantemente luchan por ser consideradas profesionales. Doble trabajo, siempre doble trabajo. 

Queremos enviar un mensaje a más de la mitad de la población de este mundo como narradoras que somos: NOSOTRAS CONTAMOS, TÚ CUENTAS Y MUCHO. Porque nuestra voz no admite reproches ni en hemiciclos ni despachos, porque el imperativo también es femenino, porque en femenino se pueden dictar leyes y contar cuentos sin pedir permiso a nadie. Tenemos que estar unidas, respetarnos y saber que no necesitamos la aprobación de nadie para poder disfrutar de este mundo. Que la risa nos acompañe siempre, que no gane la tristeza, el desasosiego ni la sinrazón porque todas CONTAMOS. 

Grupo de trabajo Informe Carter 

Almudena Francés, Cristina Verbena, Eugenia Manzanera, Sherezade Bardají, Tania Muñoz

Presentamos a continuación algunos de los resultados recogidos en nuestra tesis El tratamiento de la muerte en el álbum infantil. Obras publicadas en castellano (1980-2008), defendida en septiembre de 2011, la cual giraba en torno a tres ejes fundamentales: literatura, infancia y muerte.

Para llevar a cabo dicho estudio analizamos el modo en que 57 álbumes infantiles abordan el tema de la muerte, prestando especial atención a diversos aspectos relacionados con ella: los sentimientos que provoca, las etapas atravesadas por niños y niñas en el camino hacia su comprensión, la elaboración del duelo, la despedida del ser amado, y la puesta de muchas de estas obras en favor de la desmitificación de la muerte, entre otros.

Así mismo, siempre ha sido nuestra intención dar un carácter útil a esta investigación y, de esta manera, ofrecer un recurso literario y educativo a aquellas personas y profesionales que mantienen una estrecha relación con la infancia.

No esperábamos innovaciones llamativas ni demasiadas aportaciones por parte de una literatura que, en ocasiones, sobrevive bajo el mandato de una institución escolar poco preocupada por hacer frente a temas educativos incómodos en la educación de las personas en general y de la infancia en particular, y, sin embargo, y para nuestra más que grata sorpresa, nos topamos con un género literario valiente, que se atreve a abordar sin tapujos diversos aspectos relacionados con la muerte, algunos de ellos verdaderamente delicados y comprometidos.

 

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Llevo muchos años contando cuentos semanalmente en un colegio en la sierra de Madrid. Pero un lunes, nada más entrar por la puerta, sentí que algo era diferente. Los niños se movían en silencio con caras serias y los profesores susurraban por los pasillos. En breve supe el “secreto” que todo el mundo conocía ya: el padre de una de las alumnas de 5º de primaria había muerto el día anterior en circunstancias poco agradables.
¡Justo me tocaba contar cuentos en la clase de esta niña! Los alumnos entraron con caras que mostraban mucha confusión y emociones a flor de piel. Decidí seguir adelante y contar la historia prevista sobre una piña mágica con poderes para multiplicar todo por mil. Al terminar el cuento, hablé de mis sentimientos sobre lo que había pasado y sobre mi deseo de enviar a esta niña amor y fuerza para superar este momento tan difícil en su camino con la esperanza de que la piña mágica podría multiplicar el efecto aún más.
Y así se abrió un espacio para compartir donde todas las emociones eran bienvenidas y donde cualquier niño o niña podría llorar si quería. Varios niños se echaron a llorar, aliviados de tener un espacio seguro, sin juicios, para hablar y expresar (o no) su tristeza, enfado o lo que fuera. Terminamos con un pequeño ritual, cada uno con su piña mágica en la mano, y mandamos amor, fuerza y energía positiva a los familiares y amigos afectados. Creo que este pequeño ritual fue muy importante para ellos en aquel momento.

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