Catalán

“Informe Carter” somos un grupo de mujeres que nos dedicamos profesionalmente a la Narración Oral. Nos unimos a la convocatoria de huelga feminista convocada el 8 de marzo, cada una de acuerdo con sus compromisos.

Nuestras razones para apoyar la huelga son, en general, las mismas que convocan a la huelga a todas las mujeres del planeta.

Como narradoras son las mismas razones por las que nos constituimos como grupo de reflexión y que ahora resumimos:

  • Porque las mujeres en el oficio de la narración somos mayoría y aun así, el camino hacia la visibilización está siendo lento.
  • Porque como narradoras necesitamos figuras de recopiladoras e investigadoras que traigan a nuestros días todos los cuentos tradicionales. Imaginamos con los cuentos que tenemos a mano y el público necesita todos los modelos.
  • Porque nuestros currículums están llenos de saltos en el tiempo, no reconocidos, por la necesidad de cuidar de nuestra prole y de nuestros mayores.
  • Porque se nos presupone la excelencia en ciertos trabajos relacionados con la primera infancia, pero no es así cuando se trata de contar para público adulto.
  • Porque queremos que se nos contrate porque se valora nuestro trabajo.
  • Porque queremos contar cuentos de princesas, de hadas, de heroínas, de superheroínas, de supervillanas… Porque queremos que todas las maneras de ser gente puedan estar representadas en el imaginario colectivo.
  • Porque sabemos que hay muchos mundos posibles y que sólo con la presencia, el reconocimiento y la igualdad entre hombres y mujeres construiremos un futuro diferente.

 

Informe Carter somos:

Almudena Francés, Cristina Verbena, Estrella Escriña, Eugenia Manzanera, Paula Carbonell, Sherezade Bardají, Tània Muñoz y Virginia Imaz.

Mon distingit i benvolgut mestre, 

He tingut una conversa amb una criada de casa que m’ha interessat bastant perquè m’ha dit, amb gran sinceritat, que creu amb el temps de les encantades. Com la mamà pensa despatxar-la li escric per si vostè creu convenient fer-li alguna pregunta que a mi no se m’hagi ocorregut.

Con estas palabras, se dirigía Adelaida Ferré Gomis (1881-1955) a su maestro, el también folklorista Rossend Serra Pagès el 31 de julio de 1904. Adelaida, había sido alumna de Serra en la Escuela de Institutrices y otras Carreras para Mujeres de Barcelona, convirtiéndose poco después y gracias en gran medida a sus clases, en una destacada discípula y recopiladora de folklore en Cataluña. Tal y como explica Laura Villalba en su tesis doctoral (2014), Adelaida no fue la primera folklorista y tampoco un caso aislado. A principios del siglo XX, un importante grupo de discípulas de Serra, se convirtieron en estudiosas del folklore: Sara Llorens, Joana Vidal, Manuela Fina o Mercè Ventosa, por citar algunos ejemplos.

Serra, un intelectual y folklorista que se desarrolló en el marco de La Renaixença, estuvo siempre convencido de la importancia de la educación de las mujeres. De hecho, su tarea como docente, fue capital para contagiar a sus alumnas del entusiasmo por la cultura popular catalana y la inquietud por el estudio y recolección de materiales folklóricos. Así, las recopiladoras desarrollaron su tarea con gran entusiasmo. Tal y como muestra el fragmento de la carta de Adelaida Ferré que reproducía al principio, estas recopiladoras podían acceder fácilmente a las mujeres de su servicio doméstico o a las trabajadoras del campo que vivían en sus pueblos. Por el hecho de ser mujeres, les era mucho más fácil entablar conversación con ellas, siendo el caso que a veces ya tenían una relación de confianza previa. Así, unas se convirtieron en las que cuentan, las informantes, y las otras en las que escuchan, las recopiladoras.

Cuentos noruegos 2

Parece tarea casi imposible publicar en tierra propia algo novedoso sobre los cuentos populares de otras latitudes. Sin embargo, esto lo ha conseguido la editorial Malas Compañías, dirigida por nuestra compañera Ana Cristina Herreros (Ana Griott, en adelante A.G.), con la publicación, a finales de 2016, de Cuentos Noruegos.

Para hablar de este libro, de la experiencia de su edición y de sus peculiaridades como literatura nórdica, he tenido la suerte de pasar toda una mañana con ella. Todas las personas que la conocen saben que quien habla con Ana no se va de vacío porque escuchándola siempre se aprende algo, o muchos algos.

(A continuación presentamos un texto elaborado y construido a partir de la información aportada por María Serrano en la conversación que mantuvimos con ella el 18/02/18)

María Serrano es una española afincada en Finlandia, o un finlandesa con acento gaditano, según se mire. La hospitalidad y la generosidad le vienen de ambos lados, si se nos permiten los tópicos. Pertecene a esa pequeña minoría finlandesa sueco-parlante, a pesar de que ella sabe hablar finés. Se formó en la Escuela Internacional de Narradores en Inglaterra, realizando cursos de larga duración sobre “el narrador en la sociedad” y “el narrador autobiográfico” en Sudáfrica. Desde hace diez años trabaja como narradora en Finlandia, aunque hemos podido verla contar en España, entre otros espacios, en el Maratón de Cuentos en Guadalajara. No podemos dejar pasar la oportunidad de hablar con alguien que conoce la realidad de la narración en España y en los Países Nórdicos.

maría serrano

Había una vez una mujer que salvó su vida gracias al amor. Sobrevivió a la muerte y a la ignorancia, al tedio y a la espada del Sultán. Sobrevivió porque dominaba el arte de amar y el arte de contar historias.

Dijo Erich Fromm* que el amor no es esencialmente una relación con una persona específica, es una actitud, y esa actitud se aprende. A amar se aprende, igual que se aprende a contar historias.

Entre las sábanas Sherezade practicó su arte. Confiaba en que podía calmar con su sabiduría la sed de venganza del Sultán. Su plan era vivir más allá de aquella primera noche y utilizar los cuentos y lo que éstos atesoran como defensa. Y así, con paciencia, sobrevivió. Una noche. Y otra. Y todas.

Sobre la cama, siempre a la misma hora, ambos se abandonaban al poder de las palabras. Sherezade disfrutaba de la mirada hambrienta del Sultán, de sus manos vacías que se iban acercando lentamente según avanzaban las horas. Sus labios, los de él, sedientos y agotados de tanto desamar, daban fuerzas a la muchacha para seguir con la historia, para enlazar una con otra. Él se dejaba hacer, se dejaba imaginar, se recreaba, se convencía, se reconfortaba.

Como dos amantes generosos fueron aprendiéndose, escuchándose mutuamente con los poros abiertos, los susurros alzados, las piernas enlazadas y las palabras encendidas.

El que ama se transforma constantemente, y de este modo se transformó Sherezade. Amó a través de su voz. Enamoró en la intimidad de unas noches que nunca fueron tan cortas.

Así nos transformamos también como cuentistas. Nos renuevan las historias y quienes las escuchan. Las transformamos también a ellas y así vamos amando y contando, emocionándonos y sobreviviendo, abrazándonos a la palabra dicha.

Sherezade llenaba las noches de esperanza como nos llenan la vida los buenos narradores, los buenos cuentos. Cuando escuchamos y contamos sentimos la necesidad de encontrar sentido a nuestra vida. Buscamos oasis en el desierto, agua y respuestas, sombra y compañía, recordarnos vivos.

Ella callaba al amanecer, dejando la historia sin finalizar y esa incertidumbre tras el final interrumpido les hacía amantes inacabables. La curiosidad del Sultán la mantenía viva pero también le mantenía vivo a él. Su desazón se fue llenando de objetos mágicos, seres imposibles, aventuras, aprendizaje, miradas y caricias. 

Si la historia hubiera terminado, ella habría muerto. Él, también.

Pero queremos vivir, queremos amar. Queremos seguir contando.

 

Laura Escuela

 *Fromm, E. (2004). El arte de amar. Paidós: Barcelona.

Este artículo muestra algunos vídeos de espectáculos de narración oral con música en directo, es un anexo a "Cómplices de la palabra", la conversación con los músicos de estos dúos artísticos.

 

Inés Bengoa y Iosu Lizarraga – Navarra

“Escalofrío, historia del placer erótico” (Adultos)

Es un espectáculo que empieza por el principio: el comienzo del mundo. Nos presenta escenarios y épocas en las que el placer y el deseo han estado presentes. Mujeres y hombres de todos los tiempos han experimentado el erotismo con más o menos curiosidad, más o menos miedo, más o menos libertad. La música y la palabra evocarán situaciones, presentarán personajes y embarcarán al público en un viaje a través del humor, la locura, la cordura y la pasión, brindando así la oportunidad de sentir un escalofrío, ese que se produce cuando nos entregamos al placer del sexo. 

Un cuento bien narrado suena a pura música porque quien lo cuenta juega con el ritmo, la modulación de la voz, la sonoridad de las palabras, su cadencia, el tono, los silencios… Todos estos recursos de musicalidad son usados por el narrador, la narradora, para mayor gloria del relato y resultan vitales para transmitir, conectar con el público y hacer sentir a cada una de las personas que escuchan. Por esto, por el poder narrativo de las melodías y sonidos, y por otras muchas razones, la relación entre palabra y música es una simbiosis natural, y por ende, la relación entre cuentistas y músicos, convertidos en cómplices al servicio de las historias. 

A día de hoy, son muchos los narradores orales que, para espectáculos concretos, forman dúo con profesionales de la música que, con sus melodías, dan una vuelta de tuerca más a los relatos, ayudando a que las palabras lleguen con más fuerza a los receptores, a acrecentar sus emociones, a envolverles con una banda sonora… Y me interesaba su punto de vista. Por eso he mantenido conversaciones con siete músicos que trabajan codo con codo con contadores de historias para conocer sus motivaciones, cómo han vivido el proceso creativo con el narrador, la narradora, y sus satisfacciones y dificultades en escena. 

Y el resultado es muy rico, tanto por lo variopinto de los perfiles de estos artistas, como por los instrumentos utilizados para acompañar los cuentos, los géneros musicales, públicos a los que se dirigen y formas de trabajar. No obstante, existen algunos rasgos comunes. El más destacable: el deseo de todos ellos por contribuir a encumbrar el texto hablado, por aportar sin saturar el oído, así como su implicación y respeto por las historias y la compenetración con quién las narra.

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