Me cuentan que en este número seremos varios los que hablaremos del trabajo para editoriales. Me aterra la idea de ser repetitivo, de que empieces a leer y digas… “¡Esto ya lo he leído!”. Así que, con tu permiso, me salto el protocolo y te cuento sólo una pequeña parte de lo que, para mí, implica esa faceta de mi trabajo como profesional.

 

¿Contar el libro de la editorial o contar mi repertorio?

La entrevista tuvo lugar en una cafetería salmantina. Una comercial, el jefe de zona y una propuesta sobre la mesa. Me iban a pagar muy poco por sesión, pero me darían tal volumen de trabajo que merecía la pena sí o sí. Agotador pero rentable.

Salvado el escollo de las condiciones económicas, nos metimos en la harina de la filosofía del oficio. Al menos tal y como yo lo entiendo. La comercial, que me conocía de verme contar un montón de veces en la ciudad, me daba carta blanca. “Cuenta lo que tú quieras, pero haz siempre alguna mención del libro, que para eso lo han comprado y trabajado. No mucho, con cinco o siete minutos vale”. El jefe de zona, más obtuso, se resistía: “No. Lo importante es que les cuentes nuestro libro. Debes centrarte en nuestro producto, que es lo que quiere el colegio y lo que queremos nosotros”.

Cuentan las historias que un guardia fue a decirle a su rey que había sido insultado llamándolo "cipayo" cuando pasaba por la plaza. El rey, sonriendo, le replicó que la palabra cipayo significaba 'soldado de la India de los siglos XVIII y XIX'. Le aseguró que no era ningún desprestigio llamarlo de aquella forma.

A la mañana siguiente el rey vio al anciano archivero inscribiendo palabras nuevas en el diccionario y revisando los significados de las que allí llevaban tiempo fichadas. Se acercó y le preguntó por el origen y significado del término que había propiciado el litigio, pues había quedado rondando en su cabeza. El bibliotecario de piel amarillenta como el papel pasó lento las crujientes hojas. Señaló con el dedo y el rey vio asombrado que la palabra tenía dos acepciones y la segunda significaba 'secuaz a sueldo'. Sonrojado de rabia y vergüenza salió mascullando cuan injusto puede llegar a ser aquel que no se cerciora del verdadero significado que tienen las palabras.

Al igual que reyes, jueces o pregoneros, los narradores orales, cuenteros o cuentistas somos usuarios y custodios de las palabras. Usamos los términos, los mezclamos y los difundimos. Así pensamos lo necesario que es cuidar y esmerarse en precisar el uso, en determinar los significados, en insistir en tener un diccionario que dé prestigio a la profesión.

Uno intuye que dedicarse profesionalmente a la narración oral en nuestro país no fue nunca tarea fácil. Hacerlo desde Asturias, autonomía uniprovincial de poco más de un millón de habitantes, situada en el extremo norte íbero, tiene sus especificidades, inconvenientes y sus ventajas.

Aunque con tímidos avances para la cultura popular en los últimos tiempos, la política cultural asturiana estuvo marcada por proyectos megalómanos (La Laboral o el Niemeyer) hechos a espaldas de los profesionales de la tierra y de las necesidades de la ciudadanía. Así, la política cultural desde comienzos de este nuevo siglo hasta la explosión de la burbuja del ladrillo estuvo marcada por la confusión de la difusión cultural con la construcción de equipamientos faraónicos. Mientras los edificios y los equipamientos, cuanto más grandes mejor, subían a ritmo de flashes, publirreportajes e ingentes cantidades de dinero público, los programas públicos de ámbito regional que aseguraban el acceso a la cultura a todos los lugares y pueblos iban desapareciendo. En materia de narración oral desaparece el programa “Crecer leyendo”, única herramienta de ámbito autonómico que un servidor conoció para trabajar en el ámbito de la animación lectora y la narración por toda la red de bibliotecas municipales de Asturias. La narración quedaba así circunscrita de manera prácticamente exclusiva a los programas municipales y escolares, también en franco retroceso. En aquellos tiempos la política estaba clara: mercantilizar el hecho cultural y convertirlo en un mero reclamo turístico, generador de noticias o artículo de consumo para las élites. La humilde pero imprescindible narración oral simplemente no importaba mucho y sobrevivía en los márgenes, lo cual si bien puede generar una minusvaloración del trabajo profesional de los narradores y narradoras, también puede ser una oportunidad para contar con más libertad. A ello me referiré un poquito más adelante. 

catalán

Me preguntaron: ¿cómo es contar en provincias? Y yo me pregunté ¿es que existe un centro? Porque yo me siento en el centro, en mi centro.

Una de las razones por la que cuento cuentos es porque a través de ellos he recuperado parte de una historia usurpada. Narro en una lengua minorizada, en un país ninguneado con un paisaje en vías de ser borrado, con una cultura convertida en folclore, sin medios de comunicación propios. Esto, dicho por el Che o por el subcomandante Marcos, suena revolucionario; dicho por una mujer del siglo XXI, habitante de una región europea, puede resultar pedante y localista.

No es una cuestión de ser localista; se trata “de ser”. Mi realidad la construyo a partir de lo que tengo cerca: mi gente, mi paisaje, mi historia, mis gracias y mis desgracias. La identidad es lo primero que necesito para poder contar, para poder contarme: ¿Quién soy yo para contar esto? Y la identidad, en este rincón del Mediterráneo, anda escondida. En la profesión, a esta falta de referentes como pueblo, se suma la práctica inexistencia de  narradores  anteriores a los años 90; ni tan solo en el mundo de la música o en otras artes que hubieran conservado nuestros cuentos, los que dan razón de ser a tantas cosas.

En el FEST de 2009, celebrado en Laussana (Suiza), Donald Smith, director del Centro Escocés de Narración Oral, presentó esta conferencia que recuperamos para publicar en nuestra web gracias a la amabilidad de su autor y a la generosidad de Carol Westerman, la traductora. 

inglés

Odiseo ha llegado. Abandona la isla de Calipso, el lecho de la diosa, y ahora naufraga en una noche de tormenta, nadando para salvar su vida, arrastrándose agotado hasta la orilla del río. Se trata de una apertura clásica: la llegada del forastero. Luego viene el contraste: temprana mañana soleada, la bella princesa Nausícaa parte hacia la costa para lavar la ropa en la desembocadura del río –ropa tendida para secarse–. A continuación, comienzan los juegos de playa.

“Así salió de entre los matorrales el divino Odiseo, tras arrancar de la espesura con su robusta mano una frondosa rama para cubrir con ella sus vergüenzas viriles. Y se puso en camino como un león montaraz que, confiando en su fuerza, marcha contra el viento y la lluvia, ardiéndole los ojos, para cazar a bueyes u ovejas... Espantoso mostrose en su costra salina haciendo que las mozas se dispersaran. La hija de Alcínoo fue la única que se mantuvo firme.”

Odiseo es llevado al palacio de Alcínoo, rey de los feacios, donde se le ofrece hospitalidad. Pero, por supuesto, todo el mundo está ansioso por conocer la identidad del desconocido. En respuesta a sus preguntas Odiseo simplemente habla de su más reciente viaje a la Isla de Calipso y del naufragio. Así pues, a pesar de las tradiciones hospitalarias, continúan sin resolver su misterio. Se cuentan cuentos acompañados de la lira, “La balada de Aquiles”, a continuación juegos en los que Odiseo participa y entonces el bardo real Demódoco acompaña a las bailarinas mientras canta una balada sobre el amor de Aries, dios de la guerra, y Afrodita, diosa del amor, un cuento mitológico tradicional conocido por todos. Entonces, como revela Homero, llegan los regalos y festejos.

inglés

Las artes hablan español (segunda edición): Narración Oral con el programa comunitario de The Moth

Este es uno de los programas más recientes de la organización sin ánimo de lucro “The Moth” y uno con el que están ¡muy emocionados!

“Las artes hablan español” está organizado por el Instituto Cervantes y el Consulado Español en Nueva York. Realizado por The Moth consiste en un taller con seis sesiones de trabajo en las cuales los participantes se prepararan para contar sus historias en español. Se desarrolla todos los lunes desde el 29 de septiembre hasta el 10 de noviembre, a excepción del 13 de octubre de 2014.

Para participar en este proyecto no es necesario ser artista, pero el tema a tratar debe tener su base en el mundo de las artes.

La organización entiende que cualquiera puede contar una historia basada en sus propias experiencias. No hace falta haber dedicado su vida profesional a este ámbito. Y, lo que importa, contarán su historia en ¡español!

inglés

Hay dos cosas que deben saber sobre mí: Yo no cuento historias para entretener o compartir mi cultura Latinoamericana. Yo cuento historias para renegociar argumentos con la audiencia e intercambiar ideas acerca del mundo. Segundo, creo que cuando a un narrador le gusta una historia a esta debe agradarle el narrador también. En otras palabras si ambos no se enamoran, la historia solo servirá el propósito de entretener. El cuento será otra historia contada por otro narrador. Pero si el narrador cree y comprende la historia, esta se convierte en una versión del pasado cargada de significado que comparte su luz en el presente. A pesar de que contar historias parece cosa sencilla, la parte delicada está en representar una historia que no tiene nada que ver con el narrador. Es decir, si el narrador falla en contar el verdadero significado de la historia y se toma la libertad de adaptarla de acuerdo a sus creencias personales, estará contribuyendo a distorsionar el mensaje original, o peor, estará reforzando un estereotipo.

Recuerdo un recital de narración donde debíamos traer un mito o leyenda asignada de alguna parte del mundo. Uno de los participantes trajo un mito Suramericano y esta narradora no podía ser más diferente del Latinoamericano promedio. La versión de este mito peruano fue contada de forma entretenida. Sin duda nos reímos bastante, pero la narradora representó a la protagonista de la historia como una mujer de dudosa reputación. Hacer esto con los dioses griegos es una cosa, pero con una historia perteneciente a una cultura que aún existe y es todavía discriminada, es otra cosa.

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