Punto de partida 

La evaluación de cualquier programa es imprescindible por una larga lista de razones. Aquellos programas que se modelan en cada edición partiendo de los resultados de la evaluación tienen más posibilidades de afianzarse y crecer.

Cuando tuve que enfrentarme al reto de evaluar un certamen de narración oral que acaba de comenzar su trayectoria, tenía la esperanza de encontrar un manual tipo  “Evaluation of cultural programs for dummies” , pero no hubo suerte. Cualquiera que se haya visto en la misma situación, habrá comprobado que la literatura sobre este tema es escasa; mi punto de partida era el Decálogo de condiciones de cuento de AEDA, otras experiencias en animación sociocultural recogidas en publicaciones de los años 80, un módulo de evaluación de programas de formación elaborado por José Tejada Fernández en el 2004 que me resultaría muy útil, y la Guía para la evaluación de las políticas culturales locales publicada en el 2009 por la Federación Española de Municipios y Provincias, que me proporcionaría las pistas sobre los indicadores. Incluso recurrí a los apuntes de la carrera, para acabar desconfiando de mi habilidad de búsqueda. El tiempo que podía dedicar a la fase de documentación era limitado, puesto que el certamen había finalizado y las memorias de los participantes podrían perder frescura cada día que pasaba... Tocaba arremangarse.

Introducción

La oralidad desde sus inicios ha tenido un papel social fundamental. Los cuentos tradicionales provienen, en gran parte, de los primeros relatos generados en el Paleolítico Superior. Pero se transformaron en formas comunicativas populares, en contraposición a otras formulas orales ligadas a los diversos poderes y castas:

  • Los mitos. Sacerdotes y Chamanes
  • Leyendas y Romances. Poder Político

Entre los siglos V y X, los cuentos tradicionales comienzan a definirse como instrumento de comunicación de las clases más populares. Siendo en los siglos posteriores cuando adquieren unas características de utilización como contraposición al poder político y religioso. Al mismo tiempo, esos poderes intentan utilizar los cuentos para justificar su existencia y su derecho de propiedad.

En los siglos XVIII y XIX, los cuentos se convierten en un elementos cultural de primer orden, las élites comienzan a apropiarse de las historias, manipulando muchos de sus contenidos para hacerlos aceptables a su entorno social. Ese proceso alcanza su cénit con la utilización de la base de los cuentos por el cine y la televisión.

catalán / inglés / gallego / euskera

 

La narración oral puede llegar a convertirse en un formidable vector para el restablecimiento de la democracia y ello por tres razones principales:

1.- POR SU CONTENIDO, ya que las historias hablan de lo humano: 

Los cuentos tradicionales abordan todas las cuestiones que tienen que ver con el individuo como parte de la sociedad. Pero también se ocupan de los grandes interrogantes de la existencia en aquello que se relaciona con la clave del misterio de la vida, sin explicaciones realistas y pesadas. Conectan, a través de lo simbólico, los sueños, la poesía, con una conexión realmente emancipadora, tanto desde el punto de vista de la libertad de la imaginación, como en la comprensión de los mecanismos del desarrollo psicológico de la persona. El optimismo es obligatorio: Los niños pueden cambiar su destino aprendiendo lo que es bueno para ellos y lo que debe evitarse. 

En 2009, la compañía Naforo-Ba, una asociación de narradores profesionales de Costa de Marfil, creada en 1999, hizo un diagnóstico de los muchos problemas que plagaban el sector del Arte de la Palabra (1), en general y del cuento en particular, no sólo en este país, sino también en toda África Occidental. Estas dificultades son:

  • Falta de profesionalismo entre los actores del sector. 
  • Inexistencia de una red de distribución, tanto en el ámbito nacional, como en el regional.
  • Falta de cooperación efectiva entre los países de la región que albergan el festival de cuentos.
  • Ausencia de políticas de puesta en valor del patrimonio tradicional, por medio de los cuentos, mitos y leyendas. 
  • Gran ignorancia en toda la sociedad del oficio de narrador

Con el fin de dar una respuesta a esta situación, esta asociación que tiene por objetivo promover el conocimiento y la práctica del arte de la palabra, dirigido por Adama Adepoju, conocido como Taxi – Conteur, ha planteado el proyecto "H20, Palabras del Agua". 

euskera / inglés

 

Cuando narramos una historia se establece una relación entre el narrador y los otros, y digo muy a propósito “los otros” porque lo que me parece interesante es discurrir sobre el papel del narrador en la sociedad y no solamente ante aquellos ciudadanos que efectivamente asisten a un espectáculo de narración. 

¿Qué relación hay entre el narrador y los otros? 

Esta pregunta me acompaña en mi trabajo, me ronda en ensayos, escenarios y cursos. Recorrer los caminos del arte de narrar historias acompañado de una buena pregunta nos mantiene atentos, los ojos abiertos, el espíritu disponible. Las respuestas en ocasiones son peligrosas, sobre todo aquellas compradas en los supermercados de las ideas fáciles que no hacen sino zanjar cuentas y cerrar la puerta a un posible debate. 

Prefiero imaginar una respuesta abierta, como un inacabable “puzzle” del que poco a poco se van encajando piezas y definiendo espacios. Si me lanzo pues a esbozar una suerte de respuesta es (que así se entienda) con el ánimo de enriquecer y provocar el debate. No de cerrarlo. 

He aquí dos espacios que distingo en nuestro “puzzle”.

En Francia, el 7% de analfabetos entre 18 y 65 años. 1 de cada 5 niños vive por debajo del umbral de la pobreza. 10.8% de desempleados. 42.000 alumnos expulsados del sistema escolar sin el graduado social. 

"El futuro de la palabra está en caída libre", dice Roland Gori (1).

La sociedad actual nos inunda con números y estadísticas. Se nos olvida que detrás de cada información hay hombres, mujeres y niños. Cuando los medios de comunicación anuncian un aumento del desempleo en un 2%, no vemos a las personas que son víctimas, ni a los responsables de este estado de cosas. Crisis de los mercados y globalización tienen unas espaldas anchas. Desresponsabilizan al mismo tiempo que deshumanizan. O, como denuncia Joseph Wresinski (2), si la miseria es resultado del trabajo de los hombres, son los hombres los responsables de erradicarla. ¿Realmente somos conscientes cuando se nos informa de que, en Francia, 2,7 millones de niños viven por debajo del umbral de la pobreza? Algo falta, ¿no es cierto?, para que esta información se vuelva relevante. Los números tienen la ventaja de ser explícitos, pero no dan lugar a un cambio en el comportamiento. De lo contrario, ¡deberíamos estar en plena revolución! 

En la asamblea de septiembre de 2013 se aprobó la puesta en marcha de la Escuela de Verano de AEDA, un proyecto que de alguna manera estaba implícito en la creación misma de la asociación pues, entre sus objetivos, se encuentra el de "crear ámbitos de reflexión e investigación sobre el oficio y favorecer la formación de profesionales de la narración". Sin embargo, antes de poner en marcha esta escuela, pasamos prácticamente tres años en los que, por un lado, tratamos de recopilar toda la información sobre narración oral en España (más de seiscientos documentos ha incorporado nuestra web en apenas dos años) para conocer la situación actual de nuestro oficio; por otro lado a lo largo de dos años la Comisión de Contenidos estuvo elaborando un monográfico sobre los itinerarios de formación de los narradores orales cuyo fruto es la revista El Aedo #3, que incluye información, artículos y un completo estudio sobre cómo ha sido hasta hoy la formación de los cuentistas en España; y por último, la asociación generó espacios propios para el debate y la reflexión creando una Mesa de Formación que elaboró un breve y completo documento sobre las líneas recomendables para la formación de los narradores.

Todos estos fueron los preámbulos, por eso cuando en septiembre de 2013 la asamblea decide poner en marcha la Escuela de Verano teníamos bastante clara la idea, ahora había que darle forma. Para ello se creó un grupo de trabajo formado por cinco personas que pasó tres meses elaborando un proyecto concreto en el que se incluyeran fechas adecuadas, lugar posible de realización, contenidos y profesorado propuestos, horario recomendable y presupuesto previsto. Así, en la celebración de la asamblea de enero de 2014, estaba todo más o menos perfilado y tras presentar la propuesta la asamblea dio el visto bueno.

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