Como cuentera en proceso de formación, la búsqueda incesante y el aprendizaje continuo son el pan de cada día. Durante estos años, en ese ejercicio de exploración, de análisis, de profundización en el mundo de la literatura infantil y juvenil y de la narración oral han sido muchos los contenidos que me han atropellado en el camino. Y digo atropellado porque vienen y voy a gran velocidad y muchas veces me sobrepasan, siguen corriendo mientras yo permanezco. Son básicamente información e ideas en torno a teoría y práctica sobre LIJ, en torno a la historia de la narración, a los infinitos estilos que definen a los narradores, a la decisión personal de para qué contar, por qué, cómo, qué seleccionar y un largo etcétera.

Esos atropellos han dejado marcas en la carretera y desde hace unos años esas huellas quedan expuestas y abiertas en el blog ¿Quieres que te cuente?, por si alguien quisiera acercarse a curiosear. 

Personalmente, el ritmo vertiginoso de los días dificulta mi proceso de reflexión.  Aprovecho los trayectos en coche, alguna charla con compañeros, amigos, pareja, un café antes o después de una sesión… y en esos impasse de tiempo me permito detenerme a analizar o más bien las ideas me detienen para autoanalizarse sin mi permiso y me descubro entendiendo certezas que no sospechaba y lo mejor: dudas que no sabía que albergaba. 

Escribir en un blog es como escribir en tu cuaderno. Ese cuaderno que habrás escogido entre una variada oferta. Elegirás el cuaderno en función de lo que piensas escribir en él. La forma, la estética; la calidad de las hojas imprimirá a lo escrito en él una impronta personal. Escoger el soporte donde plasmarás distintas ideas, proyectos, reflexiones dará una relevancia a la escritura. Aunque sea casi de manera inconsciente. Como aquel príncipe que escogía el papel, la tinta y la pluma para escribir sentidas cartas a su amada lejana.

Un blog no es, simplemente, un soporte electrónico, sino el lugar donde se descubrirá una idea estética de su autor, normalmente en consonancia con lo reflejado en sus escritos, aunque sólo sea de manera imperceptible. El autor, escogerá entre distintas ofertas, o ideas, aquella que le inspire, que le haga sentir a gusto con lo que ve; para que, a la hora de escribir, su estética no le cree interferencias al plasmar sus ideas y creaciones.

¿Dónde estarán, entonces, las diferencias entre uno y otro? La intencionalidad misma de cada formato marca la diferencia. El cuaderno será aquello personal, lo que guardamos, lo que nos sirve a nosotros. El blog cumplirá la función de socializar lo que escribimos, bien sea información sobre nuestras actividades, reflexiones sobre cierto tema o difusión de temas de nuestro interés.

Mi abuelo negaba ser gitano. Paquillo “el loco”, hijo de Paco “el loco”,  mote por el que era por todos conocido en Almuñécar. Almuñécar es un  municipio granadino de la costa que en su origen fue un pequeño enclave fenicio llamado "Sexi"; de ahí el gentilicio formal, "sexitano". Mi abuelo se debió tomar al pie de la letra el gentilicio, fueron muchas las amantes que tuvo a lo largo de su vida. Aún, hoy en día, si preguntas a mi padre te dirá que su padre no era “gitano” que era “fenicio”. Otra cosa es si preguntas a mi madre o si preguntas a los familiares que aún quedan y con los que desafortunadamente tengo poco roce. La respuesta es implacable: tu abuelo y toda su familia eran gitanos. 

Yo a mi abuelo lo conocí poco, pero recuerdo cómo me impresionó cuando de pequeña vino de Alemania con mi abuela, donde eran emigrantes, para ir a la boda de un familiar en Salobreña. Yo, que ya había asistido a otras bodas con mis padres en Granada, aburridísimas todas, dicho sea de paso, mantengo en mi memoria, como si de un hecho soñado se tratara, aquel júbilo, aquellas camisas rotas, la corbata cortada y sobre todo aquel pañuelo manchado de sangre al que tanta importancia le daban todos.

La literatura ha sido una fuente constante de material para la narración oral, siendo la adaptación de cuentos y novelas una de las formas más comunes de puesta en escena. De hecho el deseo de escribir cuentos propios para contarlos al público se convierte en un ejercicio de creación literaria para muchos narradores orales, teniendo en cuenta otras formas de creación no escritas que también son puestas en escena. Una de tantas formas es la improvisación.

La improvisación es una posibilidad escénica de gran versatilidad que permite explorar en la escena. Francisco Garzón Céspedes en su texto Oralidad, narración oral y narración oral escénica dice: “La improvisación es una posibilidad del teatro. En el teatro, la reinvención suele existir sólo por la vía de la improvisación (…) La reinvención es esencia misma del arte de narrar, inseparable de ese acto. La improvisación es una de las formas supremas de la oralidad, directamente vinculada a la invención”.

El presente artículo es una reflexión sin conclusión, una pregunta abierta que nace por compartir dos profesiones; la de narrador oral y la de payaso.

En el número monográfico El Aedo #3sobre itinerarios de formación de los narradores orales en España se observó un dato curioso que suscita esta breve disertación. Uno de los talleres de formación que más narradores han hecho no es precisamente de narración, sino de clown. Entonces surge una pregunta: ¿qué tienen en común la práctica del payaso y la cuentería?

Esta pregunta me la había hecho con anterioridad, pero hasta ahora no la había plasmado por escrito. Soy narrador oral, pero casi toda mi formación ha sido en el ámbito del clown. Y dicha formación me ha resultado de gran ayuda para desempeñar la profesión de narrador.

Existen varios puntos en la técnica interpretativa que acerca estas dos disciplinas mucho más de lo que pueda parecer a primera vista. Son puntos que se relacionan entre sí y que hacen todos referencia a una forma de trabajar.

Entiendo el arte de contar historias de viva voz como una conversación en el aquí y el ahora.

Un encuentro en un lugar y hora determinados para entablar un diálogo con los asistentes.

Para favorecer el encuentro lo primero es conocer el lugar donde se realizará la actividad, ver si está preparado de una manera adecuada a las necesidades de quien cuenta, y tenerlo todo listo a la hora de empezar a recibir al público. Esto parece quizás demasiado obvio, pero prefiero empezar por el principio.

Preparado satisfactoriamente el lugar, la persona que cuenta se prepara también para la tarea  y toma una decisión que me parece importante:

¿Cómo comenzará su relación con el público? ¿Lo recibirá o se mantendrá oculto hasta que la gente esté instalada?

Ya sea desde el mismo lugar que el público o desde el camerino, la persona que cuenta entra en el espacio específico donde se ubicará para contar las historias. Aunque ya se haya determinado la relación con el espacio, la persona que cuenta entra, llega, elige el lugar donde se ubicará o confirma que la ubicación elegida es la correcta, se ubica y se instala para continuar con la tarea.

De los cuatro tipos de relaciones comunicativas que yo conozco (conflicto, huída, match deportivo y encuentro), escénicamente hablando, me interesa trabajar sobre el encuentro. El encuentro es el metabolismo de un suceso, aquello que podemos transformar, lo que puede sufrir una evolución, una experiencia de conocimiento basado en un intercambio amoroso en dos fases: la recepción y la donación, las mismas que encontramos en el acto fundamental de la respiración, pero que en este caso denominamos inspiración y espiración.

Respirar el encuentro es para mí el principio desde el que empezar a trabajar cualquier tipo de personaje, tanto en la vida como en la escena. Entiendo el término “personaje” como cada uno de los elementos que nos vamos encontrando a lo largo de nuestra experiencia. Por ejemplo, el personaje de un entrenamiento físico puede ser un músculo; el personaje de una vida de relaciones sociales puede ser una persona con quien hayamos tomado contacto. De este modo, nos relacionamos con un personaje textual y lo convertimos en personaje escénico. En este tipo de relación, tanto el actor como el personaje evolucionan y esta transformación es el signo de su  unicidad, lo que, para todos los actores, conlleva asumir una responsabilidad.

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