Carmen Sara entrevista a Alicia Bululú para el Boletín n.º 105 – Cuentos en cautividad, en el que se habla sobre narración oral en cárceles.

 

¿Por qué y para qué contar historias en las cárceles?

En mi caso, cuento en las cárceles a través de la Biblioteca "Blas Infante", que está en Sevilla Este y pertenece a la red de Bibliotecas Municipales Públicas. Ya anteriormente había contado en algún centro penitenciario, pero no de manera sistemática y con continuidad, que es lo más interesante de este proyecto. ¿Por qué contamos cuentos? Porque queremos unir lazos con el mundo exterior, saber que hay gente “de fuera” que sigue confiando y creyendo que la reinserción es posible. La narración oral aporta otra visión del mundo y otros lugares que habitar, sobre todo cuando la rutina es aplastante y tan difícil de sobrellevar. Les hablamos a las personas internas de que hay lugares en el exterior que les están esperando, como las bibliotecas públicas, llenas de mundos de ficción posibles de ser descubiertos. En este contexto, la palabra narrada es una “mediación lectora”, la antesala a habitar de manera simbólica, como se hace en la lectura. Pero no solo eso, es una manera de generar interacciones humanas, una manera de querer a las personas, de mecer a quienes quizás nunca nadie meció a través de las historias. No todo el mundo ha nacido con las mismas oportunidades ni pacificadoras, ni resolutivas, ni creativas y la narración de historias, la lectura, la construcción simbólica, ejercen una respuesta y una forma diferente de vida a la que han podido tener.

 

¿Cómo es la escucha en los centros penitenciarios?

Llevo 9 años contando en cárceles y desde entonces vengo diciendo que me abruma la capacidad de escucha que se genera en estos espacios. Creo que por estar privados de libertad y por estar privados de medios distractivos, como pueden ser el móvil o la televisión. Diría que el nivel de escucha es “solemne”, al menos en los módulos a los que suelo ir, que son módulos intermedios, personas con delitos menores y cercanos al tercer grado. La privación de libertad hace que cualquier posibilidad de navegar fuera del contexto en el que se encuentran, se vuelva un tesoro muy preciado. Me sigue pareciendo increíble cómo se beben las historias y qué pocas ganas tienen de que acabe la sesión.

 

¿Qué palabras te evocan las sesiones de cuentos en las cárceles?

Ternura y mucho amor, sobre todo cuando iba al centro de mujeres (ahora ya es mixto). La interacción con estas mujeres era muy tierna, muy cariñosa, de mucho respeto… Me da mucha pena la marginalidad, ya que hay mujeres que cometen delitos para poder estar ahí, algo que me parece terrible. A ellas, escuchar historias les daba la posibilidad de reordenar el mundo en el que vivían, una manera de ser queridas, una forma de encontrar un nuevo sentido a la vida, algo absolutamente necesario. Y, para mí, un regalo.

 

¿Crees que escuchar historias puede salvarnos de nuestra propia historia? ¿Y contarlas?

Creo que contar historias ofrece la posibilidad de reconstruir la tuya, que es una de las cosas más poderosas del oficio de contar cuentos. 

Narrar nos ofrece herramientas para re-contarnos nuestra propia historia, reconstruir el significado y el sentido, apropiarnos de narrativas que nos ofrezcan otra lectura de nuestra vida. Creo que es imprescindible escuchar historias para reconstruir el sentido de las propias vivencias. Pero también pienso que lo realmente poderoso es contarlas, y no solo como el hecho artístico de la narración oral, sino como un hecho vital, para poder dotar de significado y de sentido la existencia. 

 

¿Te has vivido alguna vez a ti misma “encarcelada”?

La vez en la que me he sentido más “encarcelada” (lo recuerdo con mucho cariño y con mucho amor), fue en una hospitalización por un embarazo ectópico. Tenía que estar esperando a que la vida que se había instalado en un lugar impropio (fuera del útero) se extinguiera lentamente. Era una espera muy dolorosa y muy difícil de habitar con conciencia plena. Estaba en el hospital, esperando que pasaran las horas y lo único que me sacó momentáneamente de esa situación fue leer La isla del Tesoro, una aventura completamente ajena a lo que estaba viviendo en ese momento, pero necesaria para mí. Una aventura intrépida, movida, masculina, de tesoros, con un final increíble. Cada vez que abría el libro y navegaba a esa otra historia, el mundo cobraba sentido. Le tengo mucho cariño a ese libro porque me salvó, e incluso me hizo sentir que la vida que se extinguía dentro de mi cuerpo, podía habitar otras ficciones, podía ser cualquier niño intrépido que iba en busca de un tesoro, y eso me saciaba.

 

¿Qué es para ti la libertad?

Desde mi lugar privilegiado del mundo, en el que no estoy privada de libertad por ningún imperativo institucional, mandatario, o por gobiernos que me censuren o me impidan cruzar fronteras, la libertad es no sentirme presa de la desidia, que la ausencia de sentido no me sobrevenga, que emocionalmente esté libre de la imposición de la tristeza. La libertad es no verme secuestrada por las emociones que me privan de ella y que no me dejan disfrutar de la vida, del viento, de mis hijos, mi familia, mi trabajo, de lo que tengo, bajo un imperativo emocional que me obligue y me impida ser dueña de mi propia vida. 

 

Esta entrevista realizada por Carmen Sara a Alicia Bululú se publicó en el Boletín n.º 105 – Cuentos en cautividad