Sobre el anonimato de los cuentacuentos
Ayer, una vez más, acudí a narrar cuentos y vi que mi nombre no aparecía en ningún cartel:
"viernes a las 18:00 y a las 20:00 CUENTACUENTOS".
"¿¿Seré yo??" me pregunté. Comprobé mi agenda y vi que sí, que debía ser yo. El escenario estaba preparado, el técnico de sonido también, los niños se fueron arremolinando, con ganas de disfrutar. El encargado se hizo esperar y, durante las dos sesiones, se le echó en falta para hacerse cargo de los pequeños que se se acercaban y llegaban a subirse a los pies de los bafles, al escenario...
Sin embargo, a pesar de estos pequeños grandes detalles, todo fluyó muy bien, principalmente porque todos los asistentes deseábamos que así fuera (asistentes pequeños, grandes, técnico de sonido, yo misma...); y es que no deja de llamarme la atención la sed de actividades culturales (léase teatro, talleres creativos, títeres o sesiones de cuentos) que se da entre el publico, principalmente infantil (y de padres y madres deseosos de cultivar y entretener a su retoños).



