Las personas que hoy tienen más de 65 años han conocido un mundo sin interferencias tecnológicas, en el que la gente se reunía para contar y cantar, en el que los cuentos, los chascarrillos, las canciones y anécdotas pululaban de boca en boca, en el que entablar conversación con los vecinos e incluso con personas desconocidas era un acto natural. Su relación con la palabra y con la narración oral seguramente está mucho más arraigada y tiene raíces mucho más profundas de lo que nunca llegará a tener en las personas que pertenecemos a generaciones posteriores.

Esta es la razón por la que los narradores y narradoras profesionales podemos aprender mucho sobre oralidad de nuestros mayores. Y diría que no solo podemos, sino debemos, para devolverles una autoridad que hoy en día está en entredicho. La clave es la “escucha”, una palabra que se repite en todos los artículos de este boletín. Ellos y ellas tienen mucho que contar y a veces no se atreven porque desgraciadamente no están acostumbrados a que su voz se valore.

No obstante, son un buen puñado los narradores y narradoras profesionales que acuden a ellos como fuente. Es un modo natural de recuperar historias personales o de otorgar vida y contexto a los relatos que aparecen en los libros y recopilaciones de cuentos populares. Esos mismos narradores, en numerosas ocasiones les devuelven esas historias de manera escénica, en un camino de ida y vuelta de los cuentos.

Profesionales de la narración y otros que no lo son pero que están acometiendo algún proyecto social, nos han contado sus experiencias con este colectivo, en sus diferentes facetas. Los mayores como narradores, como informantes, como público y como personas con las que se relacionan.

El narrador oral Diego Magdaleno habla de la revelación que supuso para él encontrar “El camino de la escucha”, gracias a un encargo que recibió para impartir talleres de oralidad con personas de la tercera edad. En esta escucha y en restablecer la dignidad a aquellos que nos han pasado el testigo de la palabra, incide también el artículo “La voz de la memoria”, de la cuentera Ana García-Castellano, que lleva años trabajando con mayores.

José Luis Gutiérrez, “Guti”, con más de treinta años de experiencia recopilando historias, desgrana en “Contar por boca de vieja” cómo lleva a cabo esta labor y de qué manera el respeto al informante y al contexto en el que se cuenta, guía su trabajo. 
Por último, no hemos querido que faltase el narrador Celso Fernández Sanmartín, a quien hemos hecho una pequeña entrevista que complementa el artículo “No sé para qué me sirven las manos”, escrito para el Boletín nº. 69, coordinado por Laura Escuela, y dedicado a colectivos en situación de vulnerabilidad.

Juan Madrid, fundador del grupo “Los mayores también cuentan”, nos habla de este proyecto social que lleva en pie varias décadas y ha sido pionero en España. Gracias a esta iniciativa varias personas de la tercera edad forman una gran familia cuentera y llevan a cabo de manera voluntaria, diversas actividades, entre ellas, sesiones de cuentos en residencias, bibliotecas, etc. Tras su artículo, se incluyen varios escritos de personas mayores que forman o han formado parte del grupo.

Por último, Juan Sobrino, bibliotecario de Soto del Real, un pueblo de la sierra de Madrid donde se sitúan varios centros dedicados a la tercera edad, nos explica en qué consiste “Biblioterapia para mayores”, un proyecto de animación lectora que se está llevando a cabo, impulsado por la biblioteca, desde varios frentes, entre ellos el de la narración oral y la relación intergeneracional, a través de convenios con varios centros educativos de la localidad.

A punto de entrar en esa época de encuentros familiares y con amigos, os invitamos a contar y a dejaros contar por los mayores de la casa en este ambiente tan propicio, y también a disfrutar de alguna de las numerosas actividades que traemos en nuestra Agenda del mes de diciembre.

El Boletín nº 77 ha sido coordinado por Elia Tralará


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