¿Por qué y para qué narrar historias?
¿De qué sirve en estos tiempos?
¿Qué responsabilidad (ética) tiene quien narra una historia?
No es la primera vez que me hago estas preguntas, no. Ya hace mucho tiempo, por allá por el 2001, me pregunté qué sentido tenía que alguien narrara un cuento. Una conocida había fallecido (demasiado joven, aunque no haya un tiempo establecido para esto de morir), el mundo tenía alguna guerra de turno tras la caída de las torres gemelas. La muerte, la mentira y la desinformación estaban a la orden del día… Recuerdo hacer la pregunta en voz alta y una amiga, enfermera, me dijo: «Diego, yo hago lo que puedo, tú haces lo que puedes… si queremos ayudar, cada uno cura a su manera». Después me ofreció, como vínculo o consuelo, unos versos del poema «Por qué cantamos» de Benedetti, y aunque yo ya lo conocía, me sostuvo de otra manera.
Si cada hora viene con su muerte
si el tiempo es una cueva de ladrones
los aires ya no son los buenos aires
la vida es nada más que un blanco móvil
usted preguntará por qué cantamos
Y esos versos vuelven a resonar en mi cabeza en estos tiempos: porque pasan los años, la tecnología evoluciona, los teléfonos, las lavadoras y las neveras son cada vez más inteligentes… pero, ¿y las personas?
Diría que vivimos en tiempos convulsos, pero no sabría decir si eso es cierto o si forma parte de otro cuento: recuerdo sentarme hace no demasiado a ver la saga de Rocky en un derroche de nostalgia y sorprenderme porque hacían mención a la Crisis. Como si en la historia de la humanidad, al igual que en los cuentos, se usaran los mismos tropos narrativos para hacernos pensar, sentir y mirar de una manera específica…
si nuestros bravos quedan sin abrazo
la patria se nos muere de tristeza
y el corazón del hombre se hace añicos
antes aún que explote la vergüenza
usted preguntará por qué cantamos
Es complicado abrir un tema como este y que no toque lo político. Pero todo es política, ¿no es así? ¿O eso es otra frase más, de esas prefabricadas, que nos llevan a pensar, sentir y mirar de una manera específica?
si estamos lejos como un horizonte
si allá quedaron árboles y cielo
si cada noche es siempre alguna ausencia
y cada despertar un desencuentro
usted preguntará por qué cantamos
Y al igual que Benedetti, que buscaba dar respuesta a por qué cantamos, yo empecé a buscar respuestas a porqué contamos (o narramos, como prefiero decirlo).
cantamos por qué el río está sonando
y cuando suena el río suena el río
Contamos porque las voces están sonando (y cuando las voces suenan…), contamos para acercarnos (entre nosotras, las personas; a nosotras mismas; al fuego, un fuego, aunque sea imaginario, de otra época), contamos para mirarnos (mirarnos sin mirarnos, contemplarnos y maravillarnos de nuestra humanidad)… contamos para humanizarnos (que por lo visto, en estos tiempos, también es algo que necesitamos las personas… o eso dicen algunas voces).
cantamos porque el cruel no tiene nombre
y en cambio tiene nombre su destino
Contamos (eso me repito), para mantener la esperanza y que algo nos sostenga…
cantamos por el niño y porque todo
y porque algún futuro y porque el pueblo
Contamos (me gusta creer) para dar sentido a todo lo que vemos; para poder manejar, de algún modo, la realidad que nos empujan a través de los sentidos…
cantamos porque los sobrevivientes
y nuestros muertos quieren que cantemos
Contamos (como digo en uno de mis espectáculos) porque, al igual que en los cuentos, alguien sobrevivió para narrar esa historia y no debe ser olvidada…
cantamos porque el grito no es bastante
y no es bastante el llanto ni la bronca
Contamos (y hay algo de esperanza en esto) para dar voz, para amplificar la voz, para contagiar la voz, para sembrar voces, para que no se extingan, para que echen raíces y permanezcan…
cantamos porque creemos en la gente
y porque venceremos la derrota
Contamos (me repito, como una letanía) porque creemos en la palabra que nos conecta y nos acerca y nos abraza y derrota los miedos y vence al olvido e incluso a la muerte…
cantamos porque el sol nos reconoce
y porque el campo huele a primavera
y porque en este tallo en aquel fruto
cada pregunta tiene su respuesta
cantamos porque llueve sobre el surco
y somos militantes de la vida
y porque no podemos ni queremos
dejar que la canción se haga ceniza
Contamos, a fin de cuentas, porque no podemos parar de hacerlo… al menos yo… pero no sé si es suficiente.
En estos tiempos extraños, líquidos, en que vivimos, el cuento (la palabra) se ha convertido en un arma (¿o acaso siempre lo fue?).
Así que la pregunta se repite y se expande: en esta era de las posverdades y las noticias falsas, ¿tiene la narración oral algo que aportar en estos tiempos y en este contexto? Y más allá de eso, ¿tenemos, quienes narramos oralmente, la responsabilidad ética de mostrar estos otros usos de las palabras y las narrativas, de posicionarnos de algún modo?
Como ven, tengo más preguntas que respuestas. Y fue así como nació este boletín. Pero justamente porque vivimos en estos tiempos ha sido muy difícil confeccionarlo. Pregunté a más de una docena de personas sobre su punto de vista a este respecto, y las disertaciones han sido largas (a veces demasiado), algunas veces vagas, otras veces complejas, en otras ocasiones no encontraban palabras, tiempo o fuerzas para sentarse… porque el mundo sigue su curso y nos arrastra con fuerza… Decía mi primo Hubert que «nos dedicamos a lo importante y terminamos por olvidar lo imprescindible».
Así, cuento con las palabras de tres personas que me han llevado de la mano, desde sus perspectivas y formas particulares, a comprender otras visiones que puedan moverme desde dentro (tal vez, igual que ocurre con un relato, logre que estas visiones y reflexiones te muevan también a ti).
El primer artículo que comparto, titulado «¿Por qué?», lo solicité a sabiendas de que encontraríamos algunas respuestas, pero sin duda, muchas preguntas y reflexiones. El narrador oral Jhon Ardila ya había escrito alguna vez para el boletín de AEDA haciendo aproximaciones a este tema, así que me pareció una propuesta hermosa el que pudiera volver a reflexionar en “voz alta”. Sus reflexiones, y los ecos de sus ecos, aún siguen resonando dentro de mí.
Como si hubiese escuchado mis tráfagos internos, el narrador y escritor Andrés Montero se lanzó a escribir el segundo artículo que les comparto, «¿Por qué existen los narradores orales?». Su prosa y sus pensamientos me acompañan, dibujando sonrisas en mi cara de cuando en cuando.
El tercer artículo que les comparto, «Fundamentos éticos de la oralidad», pertenece al narrador y escritor Andrés Novoa. Ha sido un placer discurrir por sus cavilaciones y asomarme a este viaje entre lo literario y lo narrativo. Su decálogo de fundamentos éticos es una invitación a pensar y repensar el oficio.
Como he dicho, aún faltan muchas voces. Tantas que es más que posible que este boletín se convierta en un documento vivo o tenga una segunda parte. Y estoy más que seguro que no hay una única respuesta ante esas preguntas: ¿Por qué contamos? ¿Sirve de algo? ¿Tenemos que mantener una postura ética? ¿Qué responsabilidad tiene quien narra? Cada persona irá confeccionando sus respuestas y las irá cambiando a lo largo de su vida, a medida que cambian su percepción de sí misma y el contexto en que habita.
Sin embargo, yo creo que sí… que narrar me sostiene y me ayuda a comprenderme como una persona profundamente política: yo elijo qué narrar y cómo hacerlo… y elijo para qué lo hago… Ahora bien, los significados, entretejidos en la multiplicidad de la intersubjetividad, irán variando de persona en persona, e incluso en mí, a medida que escuche otras posturas, otras visiones, otras reflexiones…
Gracias por acercarte a este fuego… Toda reflexión que lances de vuelta será bienvenida.
P.D.: Te dejo un enlace para que puedas escuchar el poema de Benedetti de su propia voz… Mario Benedetti - Por qué cantamos
Este Boletín n.º 107 – ¿Qué responsabilidad tiene quien narra una historia? ha sido coordinado por Diego Reinfeld
Artículos de: Jhon Ardila, Andrés Montero y Andrés Novoa.



